La familiaridad de las pequeñas cosas. Ir poco a
poco destejiendo para que vaya naciendo una madeja de cosas nuevas, de cosas
nuevas con hilos viejos. Aprender cómo saben los desayunos juntos, comprar
carne molida para las albóndigas que tanto te gustan, ansiar volver a casa para
ver ese capítulo que nos falta por ver de Cochinas… Necesito esa cotidianeidad
de todas las nuevas costumbres que nos inventemos. Enamorarme de las pequeñas
cosas, de esas que nadie más entiende porque son solo tuyas y mías… De nadie
más. Cómo extraño todas las cosas que todavía no existen… Conciliar el sueño una
noche tranquila de verano, juntos antes de viajar a Bilbao. De poteo hasta las
cinco de la mañana. Dibujar tus grietas o saberme de memoria todos los
accidentes de tu piel. Que mi retina lo conserve todo, que no se olvide nada
por el camino. Ese vaso de leche de promoción repleto de galletas maría. El cojín
rosa, que compraremos un domingo en el chino de Guamasa. Los perritos como
mucha salsa de los viernes por la noche. Tu aliento en mi nuca. Los lunes por
la tarde. El código secreto que abre todas mis compuertas… Hilos viejos para
todas las pequeñas cosas nuevas...
Al golpito, de Quevedo y Nueva Línea
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