sábado, 1 de agosto de 2026

Solo canciones de Ana Mena

El caballo de troya es mentira. Una más que me pellizca el estómago. La boca del estómago y me aniquila. Leí tu entrevista en el Sport, taltavull. Hasta cuándo va a durar esto. Cada día me cuesta más mantener en alto esta fantasía. Y el pellizco se me va haciendo grande. Y me cuesta respirar. Y da igual que la música que suena sea alegre. Da igual. Los días pasan y todas las cosas que toco se me desmenuzan entre los dedos. Como si todo estuviera hecho de arena de playa. Con muy poca agua. A mi alrededor ya nada es eterno. Ojalá solo hubiera canciones de Ana Mena. Estar en una discoteca donde no haya mañana, ni importe la luz del sol. Ojalá. Pero no, aquí solo hay una red de arrastre, que se lo lleva todo menos a mí. Los viernes a las nueve siempre me quedo solo. Veo las manadas yendo a por perritos y hamburguesas. Dan vueltas alrededor de la charca y los italianos parlotean a su manera persiguiendo el hotel más caro. La ciudad está al otro lado del cristal, donde no puedo tocarla. Regreso a casa solo, mirando las caras que se me cruzan. Suplicando un gesto amigo. Y nadie escucha mi grito...
 
La camiseta, de Las Bajas Pasiones 
 
 

domingo, 26 de julio de 2026

Manada, estrellas, aullidos

Si yo fuera un caballo, no tendría manada. 
Oigo el rugir de la nada que me amenaza cada vez que se pone el sol. 
La luna se esconde hasta de las estrellas que vienen a convidarla. 
Estoy en este río sin agua, barranco abajo, con las piedras antes de que se conviertan en callao. 
Destino fatal. 
A veces les escucho hablando de Florencia, de Viena, de Amsterdam la sucia y me quedo a este otro lado de la verja, el de los que siempre están quietos. 
De vuelta en casa, cierro la puerta y solo me quedan los aullidos de los perros tristes. 

sábado, 25 de julio de 2026

con botas de agua para no mojarme

La fuerza de las matemáticas. Recuerdos que se desvanecen, esperando a que los tiempos cuadren, que sea el momento justo. El más adecuado. Recuerdos que nunca existieron… La tortura, una vez más, del acierto, del merecer, de lo adecuado. Y luego está la realidad, la de la colisión de los mundos. Cuando lo otro es tan distinto, que duele. Que no llena los vacíos. Que mientras lo plano, lo recto, lo gris no es suficiente no sé si podría soportar los pozos de barro, donde los pasados pesan demasiado. Y este viaje es de ida y vuelta. ¿Después de haber pisado charcos querrás estar conmigo, que siempre he ido con botas de agua para no mojarme? Que mi currículo es inmaculado, con dolores, claro, pero sin días en los infiernos. M'estic fent gran! dices en una entrevista y pienso en esa apertura en canal que haces. Y pienso también que quizá hayamos recorrido los mismos pasajes, aunque hayamos tomado decisiones distintas. Siempre con esa amenaza del querer que nos quieran, que nos reconozcan. Ser las llaves que siempre cojes del primer cajón de la mesilla de noche. Las sombras ya no son suficientes. Del secundario queremos ir a un plano secuencia. Que nada se detenga y que haya cámaras que se fijen en nosotras. Aunque no sea siempre… Parece que hemos estado en los mismos refugios, aunque no hayamos coincidido. 2.200 kilómetros, dice la IA, que nos separan. Y viajo cada noche a tu regazo, a tus fotos y videos. Vuelo a ese mundo inventado, que no existe, que no sé si sana o simplemente adormece sin impedir que avance la carcoma. Tal vez mañana sea tarde, tal vez, Taltavull. Tarde para ver qué hay a mi alrededor, en el edificio de la esquina o en ambulatorio. Puede que en la tienda ya no vendan más fresas con yogurt...
 
Quién como tú, de Ana Gabriel