domingo, 13 de septiembre de 2026

Aquel baño radikal

Anoche fue la del rechazo. Lo intentaba, pero tú preferías a mi amigo. Y aún así no me fui, no hui. Me quedé allí, junto a ti, Taltavull. Me acerqué y comencé a decirte cosas, aturullado por la noche. Reías afable, pero tu claridad diáfana me resquebrajó. Tan duro, tan implacable… Solo te dije cosas bonitas… Lo que quiero frente a lo que necesito. Lo que deseo y no obtengo. Lo que pido, que suplico desde el yo, desde el ego. ¿Se puede anhelar desde otros espacios, desde el alma? Luego, más tarde, cuando iban a cerrar, llegaste y comenzaste a bailarme. Una luna incasable girando despacio, con la calma suficiente. Sin ser consciente de que la batalla ya la tenías ganada desde antes de que comenzáramos a jugar. Y la rendición-victoria llegó en aquel baño radical. Contigo en mi boca, atragantándome de ti. Sin respirar, memorizando los azulejos y los mensajes escritos en las paredes mientras consumabas. Sin piedad, arrasando con tus dedos, confirmando que nunca más volverá a crecer la hierba…
 
Noche de copas, de María Conchita Alonso 

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Cambiar de champú

Sudando la gota gorda. Ha vuelto el calor, casi un infierno. Te pienso solo a ratos. Tal vez no hayas dicho toda la verdad. Tal vez. Este septiembre se está haciendo demasiado largo. Leí en alguna parte que quizá vengas en abril. Todavía no hay fechas, pero no voy a contar los días que faltan. También pienso en la primera vez. En cómo hacer para que esa insatisfacción que siempre nos dejan los estrenos no lo mande todo al traste, en cómo hacer para que te quieras quedar. Qué cosas debería hacer para envolverte, para que no desistas, para que permanezcas dentro. Pienso en el principio, en los sueños que he tenido sobre eso. Pero en el mundo de las ideas, en la imaginación las cosas siempre marchan… Las cosas se suceden siguiendo un orden natural, aunque nada tenga lógica ni siquiera un atisbo de realidad. Que quieras arrancarme la piel, que des vueltas a mi alrededor y que entres aunque el piso esté fregado. A veces las primeras veces van bien… A veces pasa eso y ni así es suficiente. Cuántos besos, cuántas promesas y abrazos se han quedado en el aire, se han volatilizado… Se quedan en nada y solo dejan un rastro de derrota. De añorar lo que no fue. Por eso, Taltavull, tengo que idear la fórmula para que esa noche quieras dormir conmigo. Que no es lo mismo que dormir junto a mí. Se parecen, pero son cosas distintas. Cuántas veces habré estado junto a alguien sabiendo que estábamos en continentes diferentes…  Es una cuestión de piel, de tacto, de vida… Quiero que estés, que nos respiremos, que pensemos desde el otro. Que una vez que pruebes ya no quieras cambiar de champú. Conmigo…
 

sábado, 5 de septiembre de 2026

Dejar de escucharte

Tengo que dejar de escucharte, Ignasi Taltavull. No me viene bien. Por lo que sea, pero no, no me termina de hacer bien. Descubrir con cada pista que a cada cosa que dices me vas gustando un poco más. Como si no hubiera techo en esto que me late. Cada risa, cada ocurrencia, cada requiebro… Perder el tiempo de setenta y cinco en setenta y cinco minutos para terminar in albis. Mirando el techo soñando con pajaritos preñados, ingenuo y crédulo cada vez que respiro pensando en tu bigote. Tus silencios… Tu voz me envuelve como si fuera manta de invierno, toalla en la playa o abrazo refugio. A salvo mientras ríes, mientras respiras… Y estoy por borrar la lista de reproducción, pero en el último momento desisto. Aunque el vacío de después sea extremo. Brutal, devastador. Me rindo a escucharte solo una vez más. Este verano se me está haciendo eterno tan lejos de todos. Como si fuera un punto de inflexión, temiendo que no haya vuelta atrás. Que todo lo que está por venir no sea… Y te escucho disfrutón y yo también quiero. Necesito… Tengo que dejar de escucharte, lo tengo que hacer, Taltavull. Este desierto está acabando conmigo, me deja exhausto. Sin ganas de vivir… Me estoy apagando y no sé cómo dar marcha atrás. Que todo sea como antes. Quizá también tenga que dejar de escribirte, aunque eso signifique el final.
 
Corazón Congelado, de Pastora Soler y Camela