sábado, 11 de julio de 2026

Ese clavo ardiendo se enfría

Veinte cuchillos mortales en la pared de mi cuarto… El día ha ido tranquilo. Ha hecho algo menos de calor y ha estado a punto de caer alguna gota, alguna gota de verano. De esas que solo adelantan la llegada de más calor. Se agradece un día así, decía Mariloli cuando bajó a comprar unos tenis con Inmanol. Llevaron a las niñas que no dejaban de cantar lo de Franco, Franco que tiene el culo blanco… Cuarenta años y seguimos en el mismo punto, en el que a una mujer le toca blanquear las mierdas de un tío… Pienso en esto cuando me meto en Cortefiel. Nunca sé porque voy a tiendas así. No son mi sitio. De Sfera salían dos tíos, uno con una camiseta con la bandera del arco iris. Que lejos me queda junio. Como si hiciera mil años… Las cremas parece que me están haciendo efecto. Las manchas no se extienden. Puede ser que en seis meses me hayan caído diez años… A media mañana he visto un par de videos tuyos, taltavull. La ilusión se va desvaneciendo poco a poco. Ese clavo ardiendo se enfría, taltavull. Me encanta cuando te ríes. Le he preguntado a la IA por nuestra afinidad. Son muy compatibles, dice, puedes formar una de las uniones más profundas y estables del zodíaco. No me termina de convencer e insisto… Ahora me responde que nuestra combinación puede ser más compleja y se consideraría un desafío astrológico por el choque de estilos. Lo fía todo a la comunicación… Y en el fondo no me sorprende que ni siquiera la IA me dé alas… Parece que todo se ha esfumado… Me descargo una de tus fotos. Una del 24, aunque podría ser anterior. Camiseta azul claro, celeste. Aunque parece verde… Tu pelo revuelto, tu incipiente barba… En esta no sonríes. Tampoco miras a cámara. Qué bonito todo sería si esta noche durmieses a mi lado...
 
Calypso, de Guitarricadelafuente

sábado, 4 de julio de 2026

Las centrífugas

Esta red no es segura. He vuelto a pensar en las líneas paralelas, en las que nunca se cruzan, y en las perpendiculares. También en las remolonas, las que se van trenzando y siempre están a punto de converger pero nunca lo hacen. Parece que sí, pero no. Cuestión de egos. A veces somos eso, líneas, que vamos conformando cuadrículas del tablero, que nos vamos moviendo como podemos y, de vez en cuando, dibujamos alguna figura bonita. También están las espirales, las que son de ida y las que lo son de vuelta. Depende de si son centrípetas o lo contrario. Las centrífugas… Huir del centro. Alejarse como alma que lleva el viento, que no el diablo, y no mirar hacia atrás. ¿Me iría a Madrid? ¿Me iría de aquí? ¿Seré yo la mujer de Lot? Esa mujer sin nombre, culpable de desobedecer a los ángeles. Siempre responsable de que las cosas malas se sucedan. Una tras otra. Tan mala que ni siquiera se merece tener un nombre. Y terminar los días como una estatua de sal que se desvanece con el paso del tiempo y la fuerza del viento. Algunos días la piel me sabe a sal. Tenue. Ligera. ¿A qué sabrá tu piel los sábados por la noche, taltavull? Los sábados porque es cuando siempre me acuerdo de ti. ¿Qué hubiera pasado si hubiera ido a por ti? A través del teléfono es complicado. Cómo hacer que vieras toda esta devastación agonizante que me ha ido conquistando poco a poco. Igual que la glucosa se come la vista o las hormigas las migas de pan. Sin que nadie se dé cuenta. ¿Hubieras notado mi temblor de voz? ¿Que los domingos dejo entrar, que sube la marea o que si tu aliento no me alcanza pronto seré una de las personitas que ya no se puede defender? Y los ladridos de un perro me devuelven al ahora, como lo hacen los pitidos de las máquinas registradoras. Dibujan líneas imposibles.
 
Cuica, de Ptazeta y Quevedo 

domingo, 28 de junio de 2026

Si eres mainstream deja de leer

Orgullo y sensibilidad. Las hay que batallan todo el año y hoy descansan. También los que odian veinticuatro siete y este sábado se detienen para colgarse una medalla virtual de siete colores. Hipócritas. Y los, las hay que ya no intentan impresionar ni enseñar, solo expresar estados internos, sin que se note demasiado que están muertos en vida. Como si fueran máquinas registradoras. Y vuelvo a la cadena de tu cuello. De plata, taltavull. Tu sonrisa sopla a favor, pero hoy me queda algo lejos. Los domingos por la mañana siempre pienso en todos los lugares en los que debí estar cada sábado noche. Fomo. Y el estómago se me va abriendo en canal poco a poco, se me va descosiendo como si no quisiera, pero lo hace. Lo hace. Es temprano y por la ventana se cuelan algunas nubes de verano. Tengo algo de sed y una ligera sensación de que hay cosas que no son para mí. Hay puertas demasiado cerradas que custodian todos los espacios seguros. Me interesan los márgenes, lejos de la centralidad que dan los focos y los aplausos. Si eres mainstream deja de leer, este cielo azul tokio no es para ti. Te imagino con corbata y pantalones de traje, atravesándome. Te imagino dentro de mi de mil formas… Y esos segundos me dan calma, taltavull. Me amansan, pero sobre todo me dan aliento. Pero es mentira, mentira que tú no quieres a nadie. Tienes miedo del amor, porque tú eres cobarde… He sido tan feliz en una discoteca medio vacía, escuchando a las travestis cantando por la Jurado y Shania Twain. Atrapando cada segundo como si fuera el último. En Madrid o Burdeos, aunque todo termine cuando enciendan las luces. Los vecinos antes nos tiraban baldes de agua, nos pedían que nos calláramos, que nos fuéramos a dormir, pero éramos tan jóvenes que nos apetecía más Tiziano Ferro. No te preocupes, cariño mío… La centralidad de los hombres blancos de mediana edad, heterosexuales y que dicen cosas me da arcadas. Dejé de escucharlos en el 22 y todavía hoy no sé cómo aguanté tanto tiempo. Esa puta centralidad heteropatriarcal tan decadente... Y tú, taltavull, continúas sin decirme nada…
 
Cuando zarpa el amor, versión de Amaia