domingo, 26 de julio de 2026

Manada, estrellas, aullidos

Si yo fuera un caballo, no tendría manada. 
Oigo el rugir de la nada que me amenaza cada vez que se pone el sol. 
La luna se esconde hasta de las estrellas que vienen a convidarla. 
Estoy en este río sin agua, barranco abajo, con las piedras antes de que se conviertan en callao. 
Destino fatal. 
A veces les escucho hablando de Florencia, de Viena, de Amsterdam la sucia y me quedo a este otro lado de la verja, el de los que siempre están quietos. 
De vuelta en casa, cierro la puerta y solo me quedan los aullidos de los perros tristes. 

sábado, 25 de julio de 2026

con botas de agua para no mojarme

La fuerza de las matemáticas. Recuerdos que se desvanecen, esperando a que los tiempos cuadren, que sea el momento justo. El más adecuado. Recuerdos que nunca existieron… La tortura, una vez más, del acierto, del merecer, de lo adecuado. Y luego está la realidad, la de la colisión de los mundos. Cuando lo otro es tan distinto, que duele. Que no llena los vacíos. Que mientras lo plano, lo recto, lo gris no es suficiente no sé si podría soportar los pozos de barro, donde los pasados pesan demasiado. Y este viaje es de ida y vuelta. ¿Después de haber pisado charcos querrás estar conmigo, que siempre he ido con botas de agua para no mojarme? Que mi currículo es inmaculado, con dolores, claro, pero sin días en los infiernos. M'estic fent gran! dices en una entrevista y pienso en esa apertura en canal que haces. Y pienso también que quizá hayamos recorrido los mismos pasajes, aunque hayamos tomado decisiones distintas. Siempre con esa amenaza del querer que nos quieran, que nos reconozcan. Ser las llaves que siempre cojes del primer cajón de la mesilla de noche. Las sombras ya no son suficientes. Del secundario queremos ir a un plano secuencia. Que nada se detenga y que haya cámaras que se fijen en nosotras. Aunque no sea siempre… Parece que hemos estado en los mismos refugios, aunque no hayamos coincidido. 2.200 kilómetros, dice la IA, que nos separan. Y viajo cada noche a tu regazo, a tus fotos y videos. Vuelo a ese mundo inventado, que no existe, que no sé si sana o simplemente adormece sin impedir que avance la carcoma. Tal vez mañana sea tarde, tal vez, Taltavull. Tarde para ver qué hay a mi alrededor, en el edificio de la esquina o en ambulatorio. Puede que en la tienda ya no vendan más fresas con yogurt...
 
Quién como tú, de Ana Gabriel 
  

domingo, 19 de julio de 2026

Drags sin peluca y en bermudas

No estabas allí. Te busqué, pero no apareciste, Taltavull. Llegamos pasada la medianoche, todavía no había comenzado el show. Quince euros la broma. Escaleras hacia abajo y todo estaba lleno. Ni un milímetro libre. Comenzó a sonar la música, todas menos las canciones de Don Omar. Lo de los baños con las cortinas es una fantasía. Había luces y poco aire acondicionado. Todo daba mil vueltas y me tocó tirar de abanico… A medida que iba pasando la noche el cardumen se fue diluyendo. Todos me miraban, pero ninguno se animó a saltar la verja. Gibraltareña, gibraltareña cruzaré la línea para besarte junto al peñón. Muchos, pero ninguno. Como si estuviera en uno de esos estantes a los que Doña Paquita no llega. Un trasto viejo en el altillo. Se mira, pero no se toca. Y las esperanzas se me fueron difuminando… Al final terminé mirando tus fotos, las de google. Casi todas con micrófono en la mano. Por qué esa cadenita en el cuello, Taltavull. Hay dolores que la cerveza no cura. Da igual. Lo sé, pero escuece. Si estuvieses aquí en qué equipo estarías tú, en el de los que no me ve pese a las bengalas o en el otro… Prefiero no pensar en eso… Pero está ahí, como la caja de fósforos junto a las velas. Está ahí carcomiéndome, achicando espacios… Vuelvo a tus manos, a pensar que me susurrarás alineaciones de amor al cuello, que me apretarás el abdomen contra ti, que no me dejarás libre… Y mientras pienso todo eso regreso al espacio seguro, al sofá de casa y la mantita. A la pausa para lo tranquilo. A las pequeñas cosas del día a día, la lista de la compra, el grifo que gotea, la espátula de la vitro que ya no va… Taltavull… Y se apaga la música y se encienden las luces. El local está prácticamente vacío. Las drags sin peluca y en bermudas. Subo las escaleras solo y regreso a casa...
 
Ilúmina, de Soraya Arnelas