lunes, 3 de agosto de 2026

Huevos fritos sobre el piche

Hace calor, casi que todo parece un infierno. Arden las ramas secas y las malas hierbas. Buscando los espejismos en mitad del desierto. Huevos fritos sobre el piche. Y no sé si darle a seguir. ¿Qué puedo perder? El ventilador no es suficiente para atenuar mi desazón, me pesa el miedo a equivocarme. Como si tuviera quince, o dieciséis. Sigo en la casilla de salida. A veces pienso en que todo apunta a que sí, pero y si todo es una ilusión, ese agua del desierto que nunca brota. Agua de mar para un náufrago. Veneno. Tal vez ya sea demasiado tarde. Intento aprender como camina mi corazón, me precipito, me lanzo al vacío. Luego me vengo abajo por miedo, pero yo sigo buscando. Busco-me, busco… Mañana no me deja respirar hoy. Me atraviesan todos los pajaritos preñados. Y ninguno se posa en mi mano. Vuelan todos lejos. El sol no les derrite las alas. Van a donde no les veo. Ojalá supiera qué hacer, ojalá saber cómo hacer… Las cosas cotidianas del día a día, las mundanas: arreglar un grifo que gotea, entender el borrador de hacienda, una tarta de grosellas… Quizá esta vida no sea para mí… Y pienso en la sal del agua del mar, en ese tatuaje que te cubre todo el hombro, pienso, pienso todo el rato… 
 
Caray, de Juan Gabriel 

sábado, 1 de agosto de 2026

Solo canciones de Ana Mena

El caballo de troya es mentira. Una más que me pellizca el estómago. La boca del estómago y me aniquila. Leí tu entrevista en el Sport, taltavull. Hasta cuándo va a durar esto. Cada día me cuesta más mantener en alto esta fantasía. Y el pellizco se me va haciendo grande. Y me cuesta respirar. Y da igual que la música que suena sea alegre. Da igual. Los días pasan y todas las cosas que toco se me desmenuzan entre los dedos. Como si todo estuviera hecho de arena de playa. Con muy poca agua. A mi alrededor ya nada es eterno. Ojalá solo hubiera canciones de Ana Mena. Estar en una discoteca donde no haya mañana, ni importe la luz del sol. Ojalá. Pero no, aquí solo hay una red de arrastre, que se lo lleva todo menos a mí. Los viernes a las nueve siempre me quedo solo. Veo las manadas yendo a por perritos y hamburguesas. Dan vueltas alrededor de la charca y los italianos parlotean a su manera persiguiendo el hotel más caro. La ciudad está al otro lado del cristal, donde no puedo tocarla. Regreso a casa solo, mirando las caras que se me cruzan. Suplicando un gesto amigo. Y nadie escucha mi grito...
 
La camiseta, de Las Bajas Pasiones 
 
 

domingo, 26 de julio de 2026

Manada, estrellas, aullidos

Si yo fuera un caballo, no tendría manada. 
Oigo el rugir de la nada que me amenaza cada vez que se pone el sol. 
La luna se esconde hasta de las estrellas que vienen a convidarla. 
Estoy en este río sin agua, barranco abajo, con las piedras antes de que se conviertan en callao. 
Destino fatal. 
A veces les escucho hablando de Florencia, de Viena, de Amsterdam la sucia y me quedo a este otro lado de la verja, el de los que siempre están quietos. 
De vuelta en casa, cierro la puerta y solo me quedan los aullidos de los perros tristes.