Se nos va la vida porque a Piti la han echado de
casa. Su padre le ha dado dos guantazos por llevar pantis. No le gusta que sea
una chica. Transicionará el próximo año si reúne la pasta. Se va a vivir con
Sandrina, que lo ha dejado con Noe. Ella estaba con otra y se marcha justo el
día en el que a San le han dicho que se va a quedar coja para toda la vida. En la
mudanza nos ayuda Javi, que sigue currando en la tagliatella. Su jefe le pone
los peores turnos porque es maricón. Hemos quedado para juntarnos el sábado. Picaremos
algo y nos iremos a la Luna y tú. Cuando todo se vuelve oscuro solo nos queda
la pandilla. Todos distintos, sin estirpe ni pedigrí. Bastardos luchando contra
lo dura y perra que puede llegar a ser la vida. Mi vida. Al margen de todos los
márgenes. Bailando hasta el amanecer. Librando cada batalla como si fuera la
última. En la mierda, cada golpe, cada requiebro se magnifica. Y solo nos queda
hacer comunidad, por muy pequeña que sea ésta. Ser de la manada.
No soy una señora, de Melissa