Sed. A
veces, sed. Cuando a mitad de la noche el bochorno me despierta. Cuando la
humedad se hace insoportable por las mañanas. Cuando no tengo nadie a quién
decirle cómo ha ido el día… Sed cuando tus videos no son suficiente, ni tampoco
tus fotos. Y eso que tu voz me sacia. Tu rapidez mental, tu forma de reír… Sed.
Casi siempre, sed. Cuando respiro. Cuando la piel se me encrespa sin razón. Cuando
el reloj no avanza y me parece que los días son irremediablemente
interminables. Sed. Perpetuamente, sed. Qué lejos me queda abril. Sed a medianoche,
sed de día y de noche; a todas horas, sed. Sed de ti. De tu idea, de tu
compañía, de que me sostengas. Sed de entrega. Sed de capitular entre tus piernas,
sometido a tus abrazos. Me arden las entrañas ante tu falta. Sed extensa. Cuando
despierto en este otoño sin citas en el calendario. Cuando la modorra de las
tres se va imponiendo y me resisto panza arriba. Cuando el cansancio de tanta
tristeza me vence cada noche… Y, a pesar de todo, sed de Taltavull…
Guerriero, de Marco Megoni