jueves, 13 de agosto de 2026

Rendirme a cada una de tus embestidas

Senti il silenzio che c'è là fuori. l'ho sentito e non fa paura perché siamo tutti dei grandi attori… Estos días he sentido que las cosas pueden ser. No sé, es cómo si el alisio hubiera cambiado de dirección. Será quizá este tiempo sur, este que hace desaparecer la humedad, que lo reseca todo, que es combustible para chispas distraídas y del que huyen como la peste los tilos. Tal vez no sea, pero sí, hay algo que ya no es igual. Igual que antes. Las cosas ahora salen a la primera. Parece que las piezas del puzle encajan. Y miro tus fotos, siempre sonríes. Y te sé lejos, pero eso no es algo malo. No me estruja el estómago. Eres esa idea que me mantiene cuerdo, que me ayuda a continuar, a pensar que este empeño es posible. Algún día. Que todo está más cerca ahora, que está a la vuelta de la esquina. Que el día menos pensado, aparecerás para quedarte junto a mí, Ignasi Taltavull. Aunque tengas otro cuerpo, otra cara, otras manos. Aunque no sepas catalán y no cuentes historias divertidas por los teatros de España. Eres todo lo que me ha hecho estar ahora aquí. Da igual que ellas digan que no, que buey solo bien se lame. Que no quiero lugares comunes, que estoy cansado, que solo pido que esta nueva luz no se apague. Que ganemos esta batalla porque la razón está de nuestro lado. Necesito que continúe sonando esta canción, esta que tanto me recuerda a ti, a tu sonrisa, a tus manos… Y me fijo en tus dedos, sinuosos, me detengo, los necesito dentro de mí. Conquistándome. Trazando líneas de combate, ganando poco a poco cada centímetro, sin estrategias, a calzón quitado. Dentro, arrasándome porque mañana ya no nos importa. Bien dentro, y rendirme un poco más a cada una de tus embestidas. Que me empujes mil veces al precipicio. Y vuelvo a tu sonrisa, al deseo de que haya un después para nosotros. Sin miedo. Que me digas que no me preocupe, que sí, que estoy dolorido, pero que las cicatrices de la batalla sanarán al fin. Y volvemos al principio, pero esta vez sabiéndolo todo. Abiertos en canal, pero entrelazados. Respirándonos. Siendo mejores...
 
Canto d'amore, de Angelina Mango y Marco Mengoni

domingo, 9 de agosto de 2026

Igual que a un corzo

La chica llevaba trenzas. De esas que casi se convierten en capilla sixtina por lo complicado. Horas entrelazando líneas distintas, dando vueltas, deshaciendo y volviendo a hacer. Caminos que serpentean y, a veces, no llevan a ningún sitio. Me la imagino llorando de los tirones. El peine arrasando todo lo que encuentra a su paso. La chica llevaba trenzas que me recordaron a ti, a que no estás para verlas. Nunca estás. E intento fijar los andamios para comenzar a construir, pero es tan difícil hacerlo solo. Trato de que pasen los días, uno tras otro, pero siempre estoy en el mismo sitio. Uno en el que no se oye trap argentino. Uno en el que todo es desierto, aunque haya árboles. El aire caldeado no quiere entrar en el salón, que es ya horno de pan. Quisiera ser Charlotte Heywood, aunque su historia esté inconclusa. Con un millón de páginas en blanco por escribir, con historias que atravesar sabiendo que los destinos, que los puertos serán amables. Quiero que los infiernos me queden lejos. La chica de trenzas no decía nada. Y no sé si este peregrinar me llevará a algún sitio, y me abate, igual que a un corzo, la idea de que quizá todo sea culpa mía. Los errores se me acumulan. Ser buena persona… Ser buena persona, inmaculada, las veinticuatro horas del día... Me he equivocado tanto, que casi todas las noches apenas duermo. Un daño colateral. El estómago comienza a doblegarse. Las rodillas llevan semanas pidiendo auxilio. He bajado un par de kilos. La piel lleva desde enero revolucionada, se queja, se me revuelve, quiere irse de mi cuerpo… Y mientras todo esto pasa, todo esto me sucede nadie toca a mi puerta, nadie me manda mensajes de texto a las cinco de la mañana. Las chicas comerán hoy en el Porís, y lo harán sin mí. Josejuan tiene piscina y Julieta se ha embarcado. Loly y Sam están con los niños en el parque de bolas. Nancy, en Punta del Este… Todas me quieren, pero al final siempre duermo solo. Los desayunos desangelados. No tengo a nadie que me arregle el toldo, que se ha descosido. Un poco como mi vida, rota por las costuras… Dibujo con los dedos un s.o.s sobre la mesa del comedor, siempre cubierta de polvo, pero ahora nadie sabe qué es eso…
 
Poses, de Guitarricadelafuente 

 

sábado, 8 de agosto de 2026

aunque todo

¿Dónde estás cuando más te necesito, Taltavull? El aire deja de ser vapor, el termómetro se atempera, pero no sé muy bien qué hacer con los perritos calientes sobre la mesa. Son de cebolla natural y todas las salsas. A lo lejos las casas sobre los riscos, lejos del mar. Dos perros mastodónticos comienzan a dar vueltas a mi alrededor. Tienen correa y bozal. Después se van, cruzan de acera y finalmente les pierdo la pista. Debería echar la siesta, no paro de bostezar. Como si fuera un pez que boquea fuera del agua. Un tiburón sin dentellada. Ya no sé muy bien qué soy, solo que da igual todo lo que pase, que tú no estás. Que puede haber un millón, pero al único que echo en falta… Aunque no seas, aunque no existas, aunque todo… Todos hablan mientras van terminando sus hamburguesas. Han pedido un par de claritas, un chupito, y poco más. Deben tener resaca… Yo, sigo solo.
 
Tristeza de amor, de Hilario Camacho