domingo, 1 de marzo de 2026

No habrá ningún San Francisco

La luz parpadea. Lo hace sin cesar. Una y otra vez. La luz del techo parpadea y comienza a faltarme el aire. Uno, dos, tres… Uno, dos, tres,… Las sombras se reflejan en la pared y no quiero hacer nada. Se te estrecha la vida y casi que no puedes retorcerte para buscar una última corriente de aire. La luz parpadea, la del techo, y el mundo se te ha, se me ha detenido. Algunos recuerdos, algunos fogonazos te golpean. Y la falta de aire se va transformando en tristeza honda. En saber que las cosas no serán. Que no están hechas para ti. Que eres el descarte. Suena un piano. Tenemos una luz que falla en el techo, unas sombras que se van haciendo cada vez más grandes, un piano a lo lejos y la tristeza que va rellenando todos los huecos. Y yo en el centro, entre cuatro muros que se van haciendo más chicos. No veo dónde terminan los ladrillos. Y me da por pensar en todas esas cosas que no son: Ya no hay visitas al leroy merlin, ni al día. Tampoco hay restaurantes nuevos, ni viejos. No hay excursiones de sábado por la tarde, ni tardeo los domingos. ¿Qué hechas más de menos? Todo lo que no fue. Las caricias, las sonrisas, esa capacidad para ir construyendo el día a día. Una comida que te sale mal y no puedes comer. El lavamanos que se está atascando y no traga. Ir al chino a por cojines vino para que hagan juego con la mesilla de la tele. Tener algo que hacer, un plan los lunes. Que no haga falta rellenar la agenda. Haber ido a Japón o a Badajoz el último verano. Despertar las mañanas de domingo y ver por la ventana cómo comienza a salir el sol. Parece que la luz ya no parpadea. Vuelvo a respirar sin necesidad de contar hasta el infinito... Las cosas no son fáciles. Ya no escucho ni mis latidos, ni el piano. Todo es calma ahora, incluso las sombras se atemperan. Y estoy triste. Sé que no, que para mí no habrá ningún San Francisco… 
 
My San Francisco, de Emily Wells
 
Pd. La canción pertenece a la banda sonora original de la película Plainclothes (Incógnito) de 2025. 

domingo, 22 de febrero de 2026

Uniendo hilvanes

Hace un rato he tenido que volver a enhebrar la aguja, a plena luz del día y con mi vista agonizante. Lo he tenido que hacer, no me cabía otra... He estado un buen rato buscando hilo negro en el costurero de la mora, hilo negro que dicen que es más discreto y dura más, pero me he tenido que conformar con un blanco amarillento por el paso del tiempo. Se me deshacía entre los dedos. La vida se me ha vuelto a desconchar y no sé si hilvanándola de nuevo se me va a componer. Me siento como una de aquellas victorianas que se apañaban con el patchwork. Pero mis remiendos nunca paren algo mejor. Nunca. Solo mantienen la derrota un poco más, hasta que todo se venga debajo de una vez. Hasta que el final solo sea polvareda y recuerdo. No me he pinchado mientras cosía, solo fue un rato, diez, quince minutos. Pero el cansancio está siendo eterno. Ahora me cuesta respirar, me duelen los hombros y tengo las piernas y las muñecas hinchadas. Continúo en el remolino que no va a ninguna parte, que ni sube, ni baja, solo se mantiene en el aire… En ese aire que apenas puedo respirar porque me duele. Me duele porque me abre las costuras. Y casi no me quedan fuerzas para seguir tapando agujeros, para remendar una vida que se me rompe a tiras. Soy la sábana a punto de hacerse jirones… 
 
Inciso, de Pablo Alborán y Ana Belén 

martes, 30 de diciembre de 2025

La vida ya no me renta

¿Qué cosas hacen que merezca la pena vivir la vida? 
 
(silencio sordo) 
 
La vida triste. Me toca la vida triste. Los días se me confunden unos con otros, me quedo sin soles. Las nubes y los anillos en las manos me apagan el ánimo. Las gafas de sol han dejado de tener cristales y ya no tengo más excusas, tampoco respuestas a las preguntas de los filósofos en Instagram. Todo me cuesta por dos. Y es que hasta el aire me asfixia triste. Lo envuelve todo y me quedo sin respirar. Los colegios llenos de niños en el recreo. Las risas, sus risas a lo lejos, colándose por las ranuras de las ventanas. Los días son iguales, por eso, no los distingo. Hay un desfile de caras, pero ninguna se detiene a mi lado. Van con bolsas de papel, compras de última hora, y tatuajes en los gemelos. Tribales. Me gusta la falda negra emo. Demasiado coraje para una ciudad tan pacata. He dejado de llorar. No tengo lágrimas, resecas en mi pecho. Aprisionadas. Esto es la vida triste. Llena de noticias tontas. Desde hace unos días tengo las manos hinchadas y un poco púrpura. Los dedos, dormidos. Las rodillas en huelga, las vértebras han dicho basta. No quiero más. La vida ya no me renta.
 
Babieca!, de Guitarricadelafuente 
 
Pd. Feliz 2026 

sábado, 20 de diciembre de 2025

Expuesto al otro

Expuesto. Justo en ese lugar en el que el viento sopla desde todas las direcciones. La marquesina de poca lluvia me cobija. Y cuando el sol azuza no hay escapatoria. Así siento, totalmente desnudo, expuesto a las cosas de la vida cotidiana, como si alguien me hubiese puesto en situación de sufrir todo el daño y perjuicio. Sin defensa alguna. Desprotegido como un poste mal puesto, como un reloj apunto de agotarse o como el callao al final de todos los barrancos. Y esta exposición que en otro mercado me hubiera sido plenamente satisfactoria, hoy parece un dolor extremo. Mejor hubiera sido estar expuesto a conocer al otro, a disfrutar de las pitayas o descubriendo ese color tan extraño de los caquis de invierno. Esa vulnerabilidad deseada para que otro mundo entre en mí. Esa es la que anhelo. Y no esta otra que deja siempre un regusto en la boca de estar a los pies de los caballos… En mitad de una redacción donde todos piensan distinto. Comiendo con desconocidos y riéndoles chistes sin gracia. Sabiendo que el tiempo ya se ha agotado y que todo es cuestión de un golpe de mar. A merced del oleaje.
 
Lo que voy a mentir, de Xerach