domingo, 28 de junio de 2026

Si eres mainstream deja de leer

Orgullo y sensibilidad. Las hay que batallan todo el año y hoy descansan. También los que odian veinticuatro siete y este sábado se detienen para colgarse una medalla virtual de siete colores. Hipócritas. Y los, las hay que ya no intentan impresionar ni enseñar, solo expresar estados internos, sin que se note demasiado que están muertos en vida. Como si fueran máquinas registradoras. Y vuelvo a la cadena de tu cuello. De plata, taltavull. Tu sonrisa sopla a favor, pero hoy me queda algo lejos. Los domingos por la mañana siempre pienso en todos los lugares en los que debí estar cada sábado noche. Fomo. Y el estómago se me va abriendo en canal poco a poco, se me va descosiendo como si no quisiera, pero lo hace. Lo hace. Es temprano y por la ventana se cuelan algunas nubes de verano. Tengo algo de sed y una ligera sensación de que hay cosas que no son para mí. Hay puertas demasiado cerradas que custodian todos los espacios seguros. Me interesan los márgenes, lejos de la centralidad que dan los focos y los aplausos. Si eres mainstream deja de leer, este cielo azul tokio no es para ti. Te imagino con corbata y pantalones de traje, atravesándome. Te imagino dentro de mi de mil formas… Y esos segundos me dan calma, taltavull. Me amansan, pero sobre todo me dan aliento. Pero es mentira, mentira que tú no quieres a nadie. Tienes miedo del amor, porque tú eres cobarde… He sido tan feliz en una discoteca medio vacía, escuchando a las travestis cantando por la Jurado y Shania Twain. Atrapando cada segundo como si fuera el último. En Madrid o Burdeos, aunque todo termine cuando enciendan las luces. Los vecinos antes nos tiraban baldes de agua, nos pedían que nos calláramos, que nos fuéramos a dormir, pero éramos tan jóvenes que nos apetecía más Tiziano Ferro. No te preocupes, cariño mío… La centralidad de los hombres blancos de mediana edad, heterosexuales y que dicen cosas me da arcadas. Dejé de escucharlos en el 22 y todavía hoy no sé cómo aguanté tanto tiempo. Esa puta centralidad heteropatriarcal tan decadente... Y tú, taltavull, continúas sin decirme nada…
 
Cuando zarpa el amor, versión de Amaia

domingo, 21 de junio de 2026

Tu protección ha caducado

Te quiero ver, ya no dejo de pensar en ti. ¿Qué voy a hacer? Si te quiero solo para mí… Tus manos, tu sonrisa, tu humo, tu todo lo rodea todo ahora que no estás. Te deseo bailándome, alzando las manos hasta el techo, dejándonos llevar como hacen las hojas secas de agosto… Damos vueltas y vueltas, somos los molinos que dan sombra el trigo y a la cebada. Te imagino devorándome otra vez, lleno de mil besos, derretido en tu fuego… Y ahora no hay más mañana que éste. Este que no existe, que no está, que es tan irreal como los unicornios malos o las medusas complacientes. Todo es mentira, aunque las noches se me pasen buscándote como una perra en celo. Deseándote desbocada cada segundo que pasa. ¡Estoy aquí, maldito taltavull! Mi habitación, tus sábanas, el almanaque de la nevera,… Me saltan las alarmas de móvil: Tu protección ha caducado. Renuévala ahora. Pero ya no soy de este tiempo, no me apetece San Juan, ni este verano. Para qué respirar si no estás dentro de mí, solo dentro de mí. Tus dedos, tu piel, tu puto sabor… Y el ventilador no sacia mi sed, ni el agua fría mi calentura. Puede ser que este mal ya no tenga cura… 
 
Mírala, míralo, de Alejandra Guzmán

sábado, 20 de junio de 2026

Con otras dianas que arrasar

Nadie a los lados. Sentado en una de aquellas butacas, esperando a que las luces se apagaran. Ellas con abanico, ellos con vaquero. Todos conversando, entrando poco a poco en la sala y acomodándose con esa naturalidad propia de quienes están en el mundo para vivirlo… Y cuando me quise dar cuenta todo había acabado. En un pestañear... Allí estaban todas, con sus camisetas negras de marca y talla M. Sus zapas de temporada, tan a la moda. Y yo tan lejos de ellas, a pesar de estar en mitad del tumulto. Algunas de copa en la mano, todas con planes para después. Qué difícil es estar entre la gente y no poder traspasar la cuarta pared. Ojalá te diesen la mano para cruzar ese puente, que te dejen entrar en sus mundos, tan diferentes al mío. Ninguno de los misiles que zumbaban a mi alrededor impactó, fuego cruzado con otras dianas que arrasar… Así que tocó el regreso, aunque no haya hogar al que volver. Cuando quiere Santa Cruz puede ser un erial. Todo canícula y calima. Sin sombra en la que cobijarme y sin que suenen canciones de amor. Y me refugio en esa idea tonta del bigote taltavull, viendo sus videos en youtube. Como si la soledad fuera de mentiras, como si todo estuviera bien. Como si no tuviera ganas de llorar en todo el recorrido de la 921. El chico de detrás ve mis stories y no hago nada porque nada es de verdad. Las noches de los viernes pueden ser muy complicadas para las almas frágiles. También para mí, cuando sé que tras la puerta no hay absolutamente nada. Nada, salvo alguna promesa incumplida, los guantes de esquí y la linterna del outlet. Nada importante. Ojalá sonara en la radio alguna canción de amor… Lo que no se dice no existe y mientras todas vivían, estaba callada, en silencio, en una cárcel cumpliendo una multa de 3.600 días. Se me escapó la vida, y no supe pedir auxilio. Tenía la garganta incomunicada y ahora quizá sea tarde para que te sientes a mi lado en el teatro, para que ocupes cualquiera de las butacas vacías a mi alrededor…
 
Corpiño xeitoso, de Andres Do Barro