sábado, 4 de julio de 2026

Las centrífugas

Esta red no es segura. He vuelto a pensar en las líneas paralelas, en las que nunca se cruzan, y en las perpendiculares. También en las remolonas, las que se van trenzando y siempre están a punto de converger pero nunca lo hacen. Parece que sí, pero no. Cuestión de egos. A veces somos eso, líneas, que vamos conformando cuadrículas del tablero, que nos vamos moviendo como podemos y, de vez en cuando, dibujamos alguna figura bonita. También están las espirales, las que son de ida y las que lo son de vuelta. Depende de si son centrípetas o lo contrario. Las centrífugas… Huir del centro. Alejarse como alma que lleva el viento, que no el diablo, y no mirar hacia atrás. ¿Me iría a Madrid? ¿Me iría de aquí? ¿Seré yo la mujer de Lot? Esa mujer sin nombre, culpable de desobedecer a los ángeles. Siempre responsable de que las cosas malas se sucedan. Una tras otra. Tan mala que ni siquiera se merece tener un nombre. Y terminar los días como una estatua de sal que se desvanece con el paso del tiempo y la fuerza del viento. Algunos días la piel me sabe a sal. Tenue. Ligera. ¿A qué sabrá tu piel los sábados por la noche, taltavull? Los sábados porque es cuando siempre me acuerdo de ti. ¿Qué hubiera pasado si hubiera ido a por ti? A través del teléfono es complicado. Cómo hacer que vieras toda esta devastación agonizante que me ha ido conquistando poco a poco. Igual que la glucosa se come la vista o las hormigas las migas de pan. Sin que nadie se dé cuenta. ¿Hubieras notado mi temblor de voz? ¿Que los domingos dejo entrar, que sube la marea o que si tu aliento no me alcanza pronto seré una de las personitas que ya no se puede defender? Y los ladridos de un perro me devuelven al ahora, como lo hacen los pitidos de las máquinas registradoras. Dibujan líneas imposibles.
 
Cuica, de Ptazeta y Quevedo 

domingo, 28 de junio de 2026

Si eres mainstream deja de leer

Orgullo y sensibilidad. Las hay que batallan todo el año y hoy descansan. También los que odian veinticuatro siete y este sábado se detienen para colgarse una medalla virtual de siete colores. Hipócritas. Y los, las hay que ya no intentan impresionar ni enseñar, solo expresar estados internos, sin que se note demasiado que están muertos en vida. Como si fueran máquinas registradoras. Y vuelvo a la cadena de tu cuello. De plata, taltavull. Tu sonrisa sopla a favor, pero hoy me queda algo lejos. Los domingos por la mañana siempre pienso en todos los lugares en los que debí estar cada sábado noche. Fomo. Y el estómago se me va abriendo en canal poco a poco, se me va descosiendo como si no quisiera, pero lo hace. Lo hace. Es temprano y por la ventana se cuelan algunas nubes de verano. Tengo algo de sed y una ligera sensación de que hay cosas que no son para mí. Hay puertas demasiado cerradas que custodian todos los espacios seguros. Me interesan los márgenes, lejos de la centralidad que dan los focos y los aplausos. Si eres mainstream deja de leer, este cielo azul tokio no es para ti. Te imagino con corbata y pantalones de traje, atravesándome. Te imagino dentro de mi de mil formas… Y esos segundos me dan calma, taltavull. Me amansan, pero sobre todo me dan aliento. Pero es mentira, mentira que tú no quieres a nadie. Tienes miedo del amor, porque tú eres cobarde… He sido tan feliz en una discoteca medio vacía, escuchando a las travestis cantando por la Jurado y Shania Twain. Atrapando cada segundo como si fuera el último. En Madrid o Burdeos, aunque todo termine cuando enciendan las luces. Los vecinos antes nos tiraban baldes de agua, nos pedían que nos calláramos, que nos fuéramos a dormir, pero éramos tan jóvenes que nos apetecía más Tiziano Ferro. No te preocupes, cariño mío… La centralidad de los hombres blancos de mediana edad, heterosexuales y que dicen cosas me da arcadas. Dejé de escucharlos en el 22 y todavía hoy no sé cómo aguanté tanto tiempo. Esa puta centralidad heteropatriarcal tan decadente... Y tú, taltavull, continúas sin decirme nada…
 
Cuando zarpa el amor, versión de Amaia

domingo, 21 de junio de 2026

Tu protección ha caducado

Te quiero ver, ya no dejo de pensar en ti. ¿Qué voy a hacer? Si te quiero solo para mí… Tus manos, tu sonrisa, tu humo, tu todo lo rodea todo ahora que no estás. Te deseo bailándome, alzando las manos hasta el techo, dejándonos llevar como hacen las hojas secas de agosto… Damos vueltas y vueltas, somos los molinos que dan sombra el trigo y a la cebada. Te imagino devorándome otra vez, lleno de mil besos, derretido en tu fuego… Y ahora no hay más mañana que éste. Este que no existe, que no está, que es tan irreal como los unicornios malos o las medusas complacientes. Todo es mentira, aunque las noches se me pasen buscándote como una perra en celo. Deseándote desbocada cada segundo que pasa. ¡Estoy aquí, maldito taltavull! Mi habitación, tus sábanas, el almanaque de la nevera,… Me saltan las alarmas de móvil: Tu protección ha caducado. Renuévala ahora. Pero ya no soy de este tiempo, no me apetece San Juan, ni este verano. Para qué respirar si no estás dentro de mí, solo dentro de mí. Tus dedos, tu piel, tu puto sabor… Y el ventilador no sacia mi sed, ni el agua fría mi calentura. Puede ser que este mal ya no tenga cura… 
 
Mírala, míralo, de Alejandra Guzmán