sábado, 16 de mayo de 2026

Anoche estuviste aquí

Anoche estuviste aquí. Estuviste aquí, pero me dio miedo verte, que todo se desvaneciera en el aire, que se evaporaran en el aire todas y cada una de mis ilusiones, mis ensoñaciones. Te vieron, pero apenas hay videos en tiktok. Es como si a nadie le importase y pienso en tu peinado, tan disoluto, tan a su pelota… Y tu sonrisa… ¿Cómo habrás pasado la noche? ¿Habrás pasado frío en ese hotel de la Carrera? Estas tardes está refrescando, la primavera no quiere irse, pero tú sí que te vas. Quizá ya estés en un avión de vuelta en Barcelona. El Prat, el barrio gótico, la Boquería… Tu piso, tus cosas, la ropa sucia enrollada dentro de la bolsa de viaje… Una lavadora rápida, algo de picar y una partida a la switch 2 antes de dormir… Puede que conocieses a algún chico guapo cazando pokemons, pero yo entonces no estaba. Igual que no estoy hoy… Tan distinto a ti, que me da vértigo pensarlo. ¿Se puede soñar con algo tan irreal, tan imposible? ¿Eras igual de guapo en el 16? Si me hubieras visto entonces qué hubiera pasado… Vuelve a refrescar, el alisio haciendo de las suyas… Tal vez me ponga el pulóver verde, me gusta mi pijama gris, el que nunca verás. Mañana tienes actuación en un teatro, uno con un nombre raro. Te sigo, veo todos tus videos, aunque salgas solo unos segundos y se me atraganta la vida, la mía… La tengo atascada, tanto que hay momentos en los que no puedo respirar. Las rodillas me duelen tanto que por las noches me despierto un par de veces para darme friegas con alcohol… Y el alcohol es ahora mi único remedio para que toda esta tristeza que cargo deje de parecerme algo real…
 
Probé el caballo, de Emilia, Pardo y Bazán 

sábado, 9 de mayo de 2026

arrases, bestias y guerras

Me siento deshaciéndome como el azúcar en el café, de amargo a dulce voy… despacio pues no estoy acostumbrada… Derritiéndome como la nieve al llover, si tiemblo alguna vez será porque no estoy acostumbrada… Y quiero abrazarme a la ilusión, ir con todo una vez más, sin temores, sin cadenas… Ansiar la vida, devorarla como las bestias y que me arrase una vez más, una vez más porque nosotras siempre perdemos las guerras. ¿Cuántas veces van? ¿Cuántas derrotas? Despertar mañana y volver a sentir el estómago, que a pesar de todo continúa indómito. Indómito sobre un caballo que cabalga magnético. Crines al vuelo… Y llorar de alegría y de pena, tan vulnerable, sensual… La más moderna, la más añeja. Todas las cosas a la vez, todas en el aire y todas en el suelo. Todas y ninguna porque al final nosotras estamos muertas…
 
Estoy llorando por ti, de Roberta Marrero
 
Pd. I love you all, Roberta Marrero (1972-2024).  

domingo, 3 de mayo de 2026

Eso no pasa

Es un refugio, un lugar en el que guarecerse de todas las cosas, de las bonitas y las feas. Un escondite, un sofá calentito, una playa… Todo eso es el amor que no existe. Un lugar al que aspirar, aunque no haya bancos que te den un maldito préstamo, ni tengas alma que te avale. 1.590 días ahorrando para nada… pagando peajes, pasando ganas de todo, capeando temporales… Y cada vez ese lugar parece más lejano, más improbable, menos nítido, como si fuera disipándose con el pasar de las horas. Como si fuera una mentira… Una ducha rápida, una caricia en el hombro, una infusión templada… De fondo, la tele encendida dando las noticias de las ocho y yo sintiendo que por fin estoy en casa. Todas cosas tan inalcanzables que se me van borrando… Por eso cuando las luces se apagan y se encienden las máquinas de humo no puedo detenerme. Efecto megatrón, ven a mí… Me abandono a la música, a las luces parpadeantes y los chupitos de tequila. Que no se acabe nunca la magia, la fantasía de todo lo que puede suceder. Que suenen todas las canciones mientras volamos, mientras nos elevamos hasta lo más lejos, hasta que se nos acabe el aire que respiramos. No volver a pisar tierra es lo único que quiero. Quiero que esto no acabe nunca… Y de madrugada hay unos pocos que siempre están fumando en la puerta, controlando quién entra y quién sale, y el carrito de los perritos está vacío. Ya no queda nada para que amanezca y los taxis se han extinguido en esta puta ciudad. Toca andar, andar esquivando las tormentas. De prisa, de prisa, pero sin sitio a dónde llegar. Igual que los perros a los que ya no les tiran palos que buscar, ni palos, ni pelotas, ni nada… Y te acuestas suplicando que todo pase pronto, que mañana sea ya, que deje de dolerte el aire cada vez que respiras… Pero no, eso no pasa.
 

viernes, 1 de mayo de 2026

todas las cosas que todavía no existen

La familiaridad de las pequeñas cosas. Ir poco a poco destejiendo para que vaya naciendo una madeja de cosas nuevas, de cosas nuevas con hilos viejos. Aprender cómo saben los desayunos juntos, comprar carne molida para las albóndigas que tanto te gustan, ansiar volver a casa para ver ese capítulo que nos falta por ver de Cochinas… Necesito esa cotidianeidad de todas las nuevas costumbres que nos inventemos. Enamorarme de las pequeñas cosas, de esas que nadie más entiende porque son solo tuyas y mías… De nadie más. Cómo extraño todas las cosas que todavía no existen… Conciliar el sueño una noche tranquila de verano, juntos antes de viajar a Bilbao. De poteo hasta las cinco de la mañana. Dibujar tus grietas o saberme de memoria todos los accidentes de tu piel. Que mi retina lo conserve todo, que no se olvide nada por el camino. Ese vaso de leche de promoción repleto de galletas maría. El cojín rosa, que compraremos un domingo en el chino de Guamasa. Los perritos como mucha salsa de los viernes por la noche. Tu aliento en mi nuca. Los lunes por la tarde. El código secreto que abre todas mis compuertas… Hilos viejos para todas las pequeñas cosas nuevas...
 
Al golpito, de Quevedo y Nueva Línea