sábado, 5 de septiembre de 2026

Dejar de escucharte

Tengo que dejar de escucharte, Ignasi Taltavull. No me viene bien. Por lo que sea, pero no, no me termina de hacer bien. Descubrir con cada pista que a cada cosa que dices me vas gustando un poco más. Como si no hubiera techo en esto que me late. Cada risa, cada ocurrencia, cada requiebro… Perder el tiempo de setenta y cinco en setenta y cinco minutos para terminar in albis. Mirando el techo soñando con pajaritos preñados, ingenuo y crédulo cada vez que respiro pensando en tu bigote. Tus silencios… Tu voz me envuelve como si fuera manta de invierno, toalla en la playa o abrazo refugio. A salvo mientras ríes, mientras respiras… Y estoy por borrar la lista de reproducción, pero en el último momento desisto. Aunque el vacío de después sea extremo. Brutal, devastador. Me rindo a escucharte solo una vez más. Este verano se me está haciendo eterno tan lejos de todos. Como si fuera un punto de inflexión, temiendo que no haya vuelta atrás. Que todo lo que está por venir no sea… Y te escucho disfrutón y yo también quiero. Necesito… Tengo que dejar de escucharte, lo tengo que hacer, Taltavull. Este desierto está acabando conmigo, me deja exhausto. Sin ganas de vivir… Me estoy apagando y no sé cómo dar marcha atrás. Que todo sea como antes. Quizá también tenga que dejar de escribirte, aunque eso signifique el final.
 
Corazón Congelado, de Pastora Soler y Camela 

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Unas cosas y las contrarias

Veinte años tomando malas decisiones. Eso digo a veces. Medio en broma, medio en serio. Si echo la vista atrás quizá el vértigo termine conmigo. Flagelándome con todas esas señales de peligro que no vi, advertencias que no oí o pálpitos que ignoré. No puedo volver a 2003, ni tampoco al doce. No puedo hacer inventario, pero sí sé que aposté por la Tacones y por el vigoréxico. Ahora sé que me hubiera despeñado con todas las de la ley. Muchas veces me ha salvado la inacción, quedarme quieto esperando a que pase la tormenta, a que las cosas se pongan en su sitio. Y me tropiezo con esa gente que a veces es buena y otras no. Que hace unas cosas y las contrarias. También digo a veces que solo tolero mis propias contradicciones. Las mías. Pero quién no las tiene, me justifico mientras miro hacia otro lado. Que tire la primera piedra el valiente. Yo hubiera salvado al sargento Liam Robert "Bobby" Sullivan. Ser una cosa y la contraria a veces nos salva de nosotros mismos…
 
Under pressure, de Queen y David Bowie 

lunes, 31 de agosto de 2026

Las paredes siempre torcidas

¡Buah, qué pasada tío! Vuelvo a añorar cosas que no existen, que no están a mi alcance. Y mira que lo intento, una y otra vez, incasable. Me pongo una serie donde los protagonistas no son perfectos, cometen errores, casi que hasta son malas personas y al mismo tiempo son tan amables e inasibles… Pienso en Barcelona, en por qué nunca he estado en las ramblas. En por qué nunca llego a los sitios por el camino más recto, más sencillo. En por qué hay tantas cosas que se me escapan, que no son para mí. Pienso en Taltavull y en mi móvil sin batería. Mi cama continúa desecha. He ido al súper sin lista y he vuelto a casa sin la mitad de las cosas que me hacían falta. El reloj avanza implacable. Parece que vuelve el bochorno y que sí, que me duele que el mundo esté dando pasos ahí fuera, alejándose de mí. Que las cosas pasen a mi alrededor, pero que no me sucedan a mí. Verlo todo desde el otro lado del escaparate. Una y otra vez, incansables. Y mira que lo intento sabiendo que lo único que tengo en mis entrañas es empeño, constancia, pero ni pizca de arte. De fantasía. Un simple obrero. Uno al que le cuesta demasiado amasar cemento y arena. Las paredes siempre torcidas. Suplicando un poco de atención, de afecto, de vida. Y quiero bailar, pero ya no sé. Toco todas las puertas, pero ninguna se me abre. Solo una chica que quiere que la quieran. Todos los timbres rotos, todas las llamadas perdidas. Mis gritos no se oyen, no llegan a ninguna parte. Me gustaría pensar en que todo esto pasará, pero ese deseo no se me dará. Veo a los chicos en el súper, van con ellas y también con sus hijas. Las niñas arriba del carrito. Algunos van con cholas y camisetas azules, distraídos, como si la vida fuera para siempre. Tan seguros, tan reales… Y mi cesta está vacía porque se me ha olvidado la lista en el imán de la nevera. No tengo a nadie a quién llamar para que me la recite al otro lado del teléfono. Hay cosas que no están a mi alcance, que no son para mí. Territorios vedados. Pero no me rebelo, pierdo siempre ante la tristeza que lo va revistiendo todo con ese fino que nos ha sobrado de la obra. Lo tapa todo, lo adecenta todo. Pero tapar no es curar, ni solucionar. Tampoco es respirar. Hay días en los que tus fotos no me son suficientes y el corazón se me resiente. La piel se me endurece poco a poco, consciente de que cada vez me va quedando menos tiempo, que esto se acaba. Y que solo hay nubes en el horizonte…
 
Bámbola, versión de Ana Mena y La Casa Azul