El caballo de troya es mentira. Una más que me
pellizca el estómago. La boca del estómago y me aniquila. Leí tu entrevista en
el Sport, taltavull. Hasta cuándo va a durar esto. Cada día me cuesta más
mantener en alto esta fantasía. Y el pellizco se me va haciendo grande. Y me
cuesta respirar. Y da igual que la música que suena sea alegre. Da igual. Los días
pasan y todas las cosas que toco se me desmenuzan entre los dedos. Como si todo
estuviera hecho de arena de playa. Con muy poca agua. A mi alrededor ya nada es
eterno. Ojalá solo hubiera canciones de Ana Mena. Estar en una discoteca donde
no haya mañana, ni importe la luz del sol. Ojalá. Pero no, aquí solo hay una
red de arrastre, que se lo lleva todo menos a mí. Los viernes a las nueve
siempre me quedo solo. Veo las manadas yendo a por perritos y hamburguesas. Dan
vueltas alrededor de la charca y los italianos parlotean a su manera persiguiendo
el hotel más caro. La ciudad está al otro lado del cristal, donde no puedo
tocarla. Regreso a casa solo, mirando las caras que se me cruzan. Suplicando un
gesto amigo. Y nadie escucha mi grito...
La camiseta, de Las Bajas Pasiones