domingo, 9 de agosto de 2026

Igual que a un corzo

La chica llevaba trenzas. De esas que casi se convierten en capilla sixtina por lo complicado. Horas entrelazando líneas distintas, dando vueltas, deshaciendo y volviendo a hacer. Caminos que serpentean y, a veces, no llevan a ningún sitio. Me la imagino llorando de los tirones. El peine arrasando todo lo que encuentra a su paso. La chica llevaba trenzas que me recordaron a ti, a que no estás para verlas. Nunca estás. E intento fijar los andamios para comenzar a construir, pero es tan difícil hacerlo solo. Trato de que pasen los días, uno tras otro, pero siempre estoy en el mismo sitio. Uno en el que no se oye trap argentino. Uno en el que todo es desierto, aunque haya árboles. El aire caldeado no quiere entrar en el salón, que es ya horno de pan. Quisiera ser Charlotte Heywood, aunque su historia esté inconclusa. Con un millón de páginas en blanco por escribir, con historias que atravesar sabiendo que los destinos, que los puertos serán amables. Quiero que los infiernos me queden lejos. La chica de trenzas no decía nada. Y no sé si este peregrinar me llevará a algún sitio, y me abate, igual que a un corzo, la idea de que quizá todo sea culpa mía. Los errores se me acumulan. Ser buena persona… Ser buena persona, inmaculada, las veinticuatro horas del día... Me he equivocado tanto, que casi todas las noches apenas duermo. Un daño colateral. El estómago comienza a doblegarse. Las rodillas llevan semanas pidiendo auxilio. He bajado un par de kilos. La piel lleva desde enero revolucionada, se queja, se me revuelve, quiere irse de mi cuerpo… Y mientras todo esto pasa, todo esto me sucede nadie toca a mi puerta, nadie me manda mensajes de texto a las cinco de la mañana. Las chicas comerán hoy en el Porís, y lo harán sin mí. Josejuan tiene piscina y Julieta se ha embarcado. Loly y Sam están con los niños en el parque de bolas. Nancy, en Punta del Este… Todas me quieren, pero al final siempre duermo solo. Los desayunos desangelados. No tengo a nadie que me arregle el toldo, que se ha descosido. Un poco como mi vida, rota por las costuras… Dibujo con los dedos un s.o.s sobre la mesa del comedor, siempre cubierta de polvo, pero ahora nadie sabe qué es eso…
 
Poses, de Guitarricadelafuente 

 

sábado, 8 de agosto de 2026

aunque todo

¿Dónde estás cuando más te necesito, Taltavull? El aire deja de ser vapor, el termómetro se atempera, pero no sé muy bien qué hacer con los perritos calientes sobre la mesa. Son de cebolla natural y todas las salsas. A lo lejos las casas sobre los riscos, lejos del mar. Dos perros mastodónticos comienzan a dar vueltas a mi alrededor. Tienen correa y bozal. Después se van, cruzan de acera y finalmente les pierdo la pista. Debería echar la siesta, no paro de bostezar. Como si fuera un pez que boquea fuera del agua. Un tiburón sin dentellada. Ya no sé muy bien qué soy, solo que da igual todo lo que pase, que tú no estás. Que puede haber un millón, pero al único que echo en falta… Aunque no seas, aunque no existas, aunque todo… Todos hablan mientras van terminando sus hamburguesas. Han pedido un par de claritas, un chupito, y poco más. Deben tener resaca… Yo, sigo solo.
 
Tristeza de amor, de Hilario Camacho 

 

lunes, 3 de agosto de 2026

Huevos fritos sobre el piche

Hace calor, casi que todo parece un infierno. Arden las ramas secas y las malas hierbas. Buscando los espejismos en mitad del desierto. Huevos fritos sobre el piche. Y no sé si darle a seguir. ¿Qué puedo perder? El ventilador no es suficiente para atenuar mi desazón, me pesa el miedo a equivocarme. Como si tuviera quince, o dieciséis. Sigo en la casilla de salida. A veces pienso en que todo apunta a que sí, pero y si todo es una ilusión, ese agua del desierto que nunca brota. Agua de mar para un náufrago. Veneno. Tal vez ya sea demasiado tarde. Intento aprender como camina mi corazón, me precipito, me lanzo al vacío. Luego me vengo abajo por miedo, pero yo sigo buscando. Busco-me, busco… Mañana no me deja respirar hoy. Me atraviesan todos los pajaritos preñados. Y ninguno se posa en mi mano. Vuelan todos lejos. El sol no les derrite las alas. Van a donde no les veo. Ojalá supiera qué hacer, ojalá saber cómo hacer… Las cosas cotidianas del día a día, las mundanas: arreglar un grifo que gotea, entender el borrador de hacienda, una tarta de grosellas… Quizá esta vida no sea para mí… Y pienso en la sal del agua del mar, en ese tatuaje que te cubre todo el hombro, pienso, pienso todo el rato… 
 
Caray, de Juan Gabriel