domingo, 21 de junio de 2026

Tu protección ha caducado

Te quiero ver, ya no dejo de pensar en ti. ¿Qué voy a hacer? Si te quiero solo para mí… Tus manos, tu sonrisa, tu humo, tu todo lo rodea todo ahora que no estás. Te deseo bailándome, alzando las manos hasta el techo, dejándonos llevar como hacen las hojas secas de agosto… Damos vueltas y vueltas, somos los molinos que dan sombra el trigo y a la cebada. Te imagino devorándome otra vez, lleno de mil besos, derretido en tu fuego… Y ahora no hay más mañana que éste. Este que no existe, que no está, que es tan irreal como los unicornios malos o las medusas complacientes. Todo es mentira, aunque las noches se me pasen buscándote como una perra en celo. Deseándote desbocada cada segundo que pasa. ¡Estoy aquí, maldito taltavull! Mi habitación, tus sábanas, el almanaque de la nevera,… Me saltan las alarmas de móvil: Tu protección ha caducado. Renuévala ahora. Pero ya no soy de este tiempo, no me apetece San Juan, ni este verano. Para qué respirar si no estás dentro de mí, solo dentro de mí. Tus dedos, tu piel, tu puto sabor… Y el ventilador no sacia mi sed, ni el agua fría mi calentura. Puede ser que este mal ya no tenga cura… 
 
Mírala, míralo, de Alejandra Guzmán

sábado, 20 de junio de 2026

Con otras dianas que arrasar

Nadie a los lados. Sentado en una de aquellas butacas, esperando a que las luces se apagaran. Ellas con abanico, ellos con vaquero. Todos conversando, entrando poco a poco en la sala y acomodándose con esa naturalidad propia de quienes están en el mundo para vivirlo… Y cuando me quise dar cuenta todo había acabado. En un pestañear... Allí estaban todas, con sus camisetas negras de marca y talla M. Sus zapas de temporada, tan a la moda. Y yo tan lejos de ellas, a pesar de estar en mitad del tumulto. Algunas de copa en la mano, todas con planes para después. Qué difícil es estar entre la gente y no poder traspasar la cuarta pared. Ojalá te diesen la mano para cruzar ese puente, que te dejen entrar en sus mundos, tan diferentes al mío. Ninguno de los misiles que zumbaban a mi alrededor impactó, fuego cruzado con otras dianas que arrasar… Así que tocó el regreso, aunque no haya hogar al que volver. Cuando quiere Santa Cruz puede ser un erial. Todo canícula y calima. Sin sombra en la que cobijarme y sin que suenen canciones de amor. Y me refugio en esa idea tonta del bigote taltavull, viendo sus videos en youtube. Como si la soledad fuera de mentiras, como si todo estuviera bien. Como si no tuviera ganas de llorar en todo el recorrido de la 921. El chico de detrás ve mis stories y no hago nada porque nada es de verdad. Las noches de los viernes pueden ser muy complicadas para las almas frágiles. También para mí, cuando sé que tras la puerta no hay absolutamente nada. Nada, salvo alguna promesa incumplida, los guantes de esquí y la linterna del outlet. Nada importante. Ojalá sonara en la radio alguna canción de amor… Lo que no se dice no existe y mientras todas vivían, estaba callada, en silencio, en una cárcel cumpliendo una multa de 3.600 días. Se me escapó la vida, y no supe pedir auxilio. Tenía la garganta incomunicada y ahora quizá sea tarde para que te sientes a mi lado en el teatro, para que ocupes cualquiera de las butacas vacías a mi alrededor…
 
Corpiño xeitoso, de Andres Do Barro 

sábado, 13 de junio de 2026

Hemos ganado esta guerra

No es real. Lo sé, esto que me bulle, que me despierta el cuerpo cada vez que veo una de tus fotos. Tu bigote deshaciéndose en el aire, tus videos de Instagram, tu maldita sonrisa… Todo se me desvanece a la luz de la claridad del día. Pero ahora es de noche y quiero que todo siga siendo así, tal y como lo pienso, unas horas más. Soñar contigo, la última vez hasta que amanezca. Dar vueltas, bailar con las escobas, taconear y bailar hasta que el cuerpo desfallezca. Ya vendrá ese mañana lleno de remolinos y cosas complicadas. Imposibles que no convienen. De cuestas insalvables, de soledades mal llevadas… Esto no es real, pero sí es triste. Es triste que todo esto que me atraviesa el pecho solo sea una mentira. Que estés en Barcelona… Que no sospeches ni por asomo lo que me pasa en la barriga. Que los días se me vayan esperando que suene el timbre. Que toques la puerta con los nudillos porque sabes que te estoy esperando. Toc toc toc, tres veces como si la brisa de verano no quisiera hacernos daño. Todo sería tan distinto, por eso sueño por las noches. Para poder descansar un poco, dejarme ir… Que todo sea como debe ser… Dejar que pase el tiempo, esperando que ocurra algo que tal vez no suceda. Y vuelve tu bigote taltavull, regresa y me devuelve una sonrisa. Puedo dormir plácido, como si ya diera todo igual porque hemos ganado esta guerra… Entre tus brazos.
 
Madrid City, de Ana Mena