domingo, 3 de mayo de 2026

Eso no pasa

Es un refugio, un lugar en el que guarecerse de todas las cosas, de las bonitas y las feas. Un escondite, un sofá calentito, una playa… Todo eso es el amor que no existe. Un lugar al que aspirar, aunque no haya bancos que te den un maldito préstamo, ni tengas alma que te avale. 1.590 días ahorrando para nada… pagando peajes, pasando ganas de todo, capeando temporales… Y cada vez ese lugar parece más lejano, más improbable, menos nítido, como si fuera disipándose con el pasar de las horas. Como si fuera una mentira… Una ducha rápida, una caricia en el hombro, una infusión templada… De fondo, la tele encendida dando las noticias de las ocho y yo sintiendo que por fin estoy en casa. Todas cosas tan inalcanzables que se me van borrando… Por eso cuando las luces se apagan y se encienden las máquinas de humo no puedo detenerme. Efecto megatrón, ven a mí… Me abandono a la música, a las luces parpadeantes y los chupitos de tequila. Que no se acabe nunca la magia, la fantasía de todo lo que puede suceder. Que suenen todas las canciones mientras volamos, mientras nos elevamos hasta lo más lejos, hasta que se nos acabe el aire que respiramos. No volver a pisar tierra es lo único que quiero. Quiero que esto no acabe nunca… Y de madrugada hay unos pocos que siempre están fumando en la puerta, controlando quién entra y quién sale, y el carrito de los perritos está vacío. Ya no queda nada para que amanezca y los taxis se han extinguido en esta puta ciudad. Toca andar, andar esquivando las tormentas. De prisa, de prisa, pero sin sitio a dónde llegar. Igual que los perros a los que ya no les tiran palos que buscar, ni palos, ni pelotas, ni nada… Y te acuestas suplicando que todo pase pronto, que mañana sea ya, que deje de dolerte el aire cada vez que respiras… Pero no, eso no pasa.
 

viernes, 1 de mayo de 2026

todas las cosas que todavía no existen

La familiaridad de las pequeñas cosas. Ir poco a poco destejiendo para que vaya naciendo una madeja de cosas nuevas, de cosas nuevas con hilos viejos. Aprender cómo saben los desayunos juntos, comprar carne molida para las albóndigas que tanto te gustan, ansiar volver a casa para ver ese capítulo que nos falta por ver de Cochinas… Necesito esa cotidianeidad de todas las nuevas costumbres que nos inventemos. Enamorarme de las pequeñas cosas, de esas que nadie más entiende porque son solo tuyas y mías… De nadie más. Cómo extraño todas las cosas que todavía no existen… Conciliar el sueño una noche tranquila de verano, juntos antes de viajar a Bilbao. De poteo hasta las cinco de la mañana. Dibujar tus grietas o saberme de memoria todos los accidentes de tu piel. Que mi retina lo conserve todo, que no se olvide nada por el camino. Ese vaso de leche de promoción repleto de galletas maría. El cojín rosa, que compraremos un domingo en el chino de Guamasa. Los perritos como mucha salsa de los viernes por la noche. Tu aliento en mi nuca. Los lunes por la tarde. El código secreto que abre todas mis compuertas… Hilos viejos para todas las pequeñas cosas nuevas...
 
Al golpito, de Quevedo y Nueva Línea  
 
 

miércoles, 22 de abril de 2026

El de la botella, nunca te llegó

Los mensajes de dentro de una botella no siempre llegan a un buen destino. Navegan, surfean durante semanas las olas, las esquivan y las superan, pero no terminan de alcanzar tierra firme. Sus mensajes se pierden para siempre y las penélopes de la vida se quedan esperando una eternidad, sin saber que lo que ansían nunca llegará. Lo hacen sentadas en cualquier parte, en una banca del parque o en la mecedora de la esquina. Esperan, desesperan… Y lo hacen en silencio, aguardan que escampe y que el sol se aplaque. Se imaginan cosas que nunca sucederán, y sonríen dibujando al aire fantasías con los dedos. Las decoran de colores bonitos y mientras elucubran el tiempo se les hace más llevadero… Pero mi mensaje, el de la botella, nunca te llegó…
 

sábado, 18 de abril de 2026

He vuelto a soñar con Ignasi Taltavull

Me despierto escuchando a Jeanette. Algo del corazón de un poeta… No sé muy bien qué me dice, el estómago lo tengo un poco revuelto. Como pesado y eso que apenas cené nada. Copos de espelta, creo. He vuelto a soñar con Ignasi Taltavull. No podía dejar de mirarle las manos. Sus dedos… Me susurraba cosas en catalán y me iba amansando poco a poco, despacio, con la calma de un orfebre del siglo XVIII. Sonreía sin dejar de dar vueltas a mi alrededor. No dejaba de sonreír… Recuerdo el roce con su camiseta abierta. Sus botones, esos pequeños botones blancos que no querían encontrar ojal... Hablaba de sus cosas, del fútbol, del humor, de su ruina… Y yo asentía todo el rato porque solo deseaba una cosa. Que aquello no parara nunca, que nunca dejara de dar vueltas a mi alrededor, que nunca dejara de recitarme versos de Àngel Guimerà, que nunca me dejara de sonreír… Y después estaba su boca, como surcaba mi nuca, y su piel tan distinta, tan desconocida… No sé si llegamos a bailar, no es de esos, recuerdo cómo sus dedos se entretejían con los míos, le sentía a mi espalda, tan cerca que casi no quería respirar por si en algún suspiro tonto todo se me fuera a desvanecer… Su lengua erizándome la piel, conquistando cada centímetro y yo rindiéndome, sometido por completo. No pares, no te detengas… Y ahí estuvo todo el tiempo que quiso y más. Exhausto. Sin aliento, prestándome su felicidad tibia y espesa en la habitación de un hotel cualquiera. Tenía vistas a la ciudad, que dormía sin saber cuán feliz me había hecho él. A lo lejos se comenzaba a ver lo claro y volvimos a comenzar de nuevo. Él. Más despacio, ahora sin urgencias. En mi cabeza memorizaba cada gesto, cada movimiento, cada sonrisa. Me comí sus dedos, mientras él visitaba mis adentros. Llegó hasta el final, cruzó la puerta, anduvo diestro y no dejó hueco sin decorar a su manera. Después, al final, debí irme. Bajé en el ascensor con la certeza de que todo volvería a pasar porque, a veces, las cosas bonitas se repiten, aunque nunca hayan sucedido.
 
Corazón de poeta, de Dulce y Agraz
 
Pd. En tan solo unas horas, nuevo aniversario. Gracias.  

sábado, 11 de abril de 2026

Muslos abiertos

Sin alarmas. Sin avisos. Los dm han dejado de llegar. Nunca lo hicieron. Sin conexión. No hay datos… Fuera el viento arrea y el frío continúa, a mediados de abril. Dentro la música suena. Calienta los rincones. Arde en las comisuras. Me quema los dedos, que me vacían. Exhausto, sin apenas respiración. Comunistas de vacaciones. En el tercero han vuelto los pasos. La bebé parece un caballo al trote. Y trotando me quedo bien. Los muslos abiertos de dolor, inflaman el humedal que paren las sábanas. El incendio alcanza el nivel tres y ya no hay remedio: La piel, derretida de recuerdos.
 
Jetski, de Pedro Sampaio