miércoles, 27 de mayo de 2026

El detalle que lo resquebraja todo

La tristeza me atraviesa. Es como si estuviera justo debajo de la piel y al más mínimo estímulo me brotara por los todos poros. Como inundan las aguas las tierras áridas o como la espuma va llenando el tambor de las lavadoras viejas. Su manto lo va cubriendo todo y me quedo sin recetas para sonreír. A veces un timbre que no suena, otras unos niños que juegan a la pelota en el patio. El detalle que lo resquebraja todo. Y hay días que los puedo esquivar, pero no hoy. Hoy no… Hoy se me amontonan las tristezas, las tengo atravesadas en la garganta y no me dejan respirar. A mi alrededor ya no queda nadie. Ver series del 06 tampoco me alivia. Ni siquiera Ben Bruckner. Siempre que aparecía él se me iluminaba un poco la oscuridad. Sus ojos azules, pero hoy no. Todo lo contrario, me ha dado el último empujón para caer en el aljibe de las pesadillas. Sin ganas de gritar, solo de llorar. Como lo hacen los niños pequeños cuando no se cumplen sus deseos o cuando se les cae el cucurucho de helado de mandarina. Se desparrama en el suelo y lo ensucia todo. Y la mancha no se quita y al pisar todo está pegajoso. Y no tengo fuerzas para tirar, para continuar. Solo busco un colchón en el que descansar de tanta pena, en el que regodearme con los sufrimientos y en el que terminar todo…
 


martes, 26 de mayo de 2026

Turistas neerlandeses y chicas que buscan

Es como si fuera un desierto. Un desierto lleno de gente en el que nadie quiere bailar. Ya nadie desea, nadie anhela. Busco, busco, busco… Busco y busco y las ansias me vencen. Derrotado, no hallo absolutamente nada. Ando mirando un millón de caras, una tras otra, pero ninguna se detiene a mi lado. Doy un par de pasos, son las tres, el sol me abrasa la nuca, todos buscando sombra… Ni oasis, ni paraísos, no hay absolutamente nada. Los hombres guapos se han ido. Los que salen en los calendarios, los de muslos robustos, los que sonríen en la televisión. Todos se han marchado. Las calles son un páramo maldito en que nadie canta. Ni músicos callejeros quedan, y me toca girar como una peonza. Dar vueltas y vueltas hasta caer desfallecido. Como si nada me importara, como si ya no estuviera vivo… Cruzo la mirada con tatuados, con turistas neerlandeses, con chicas que buscan… pero nada me interesa. Como una revista de septiembre del 23. Paso páginas sediento de paz, de serenidad, pero solo hay tormenta. Tormenta y desierto. Y no puedo callarlo más… Quiero trepar por las paredes, quedarme dolorido sin uñas, subirme al Plensa del TEA y lanzarme al puto vacío. Quizá lo haga algún día, aunque no haya nadie para recoger los pedazos, ni para barrer los restos o secar la sangre… Aunque ya no quede nada, aunque yo también me convierta en desierto, en uno que solo es arena y sal, dunas y caramelos de la vaca. Y vuelvo a las calles, a las miradas perdidas, a los hombres hetero que no me dicen nada… Y también al estómago que se me hace vacío… 
 

viernes, 22 de mayo de 2026

A tres horas y veinte minutos de mí

Este momento es lo único que existe. Tu suéter negro y tu tatuaje en el antebrazo derecho. Cuatro líneas rectas que forman un rectángulo. Confiesas tus pecados, también alguna mentira. No lo cuentas todo. Desde el año pasado, dices, que no estás con nadie. Y te creo porque tu imagen en el televisor es lo único que tengo, que me queda. Hablas de tu padre, del fútbol y del trabajo. Y me quedo envuelto en tu sonrisa, en tus dedos y quiero que todo se me detenga porque nada más existe. Nada más importa… Los focos dan vueltas, la música se eleva hasta donde no la alcanzamos… Vuelvo a tus brazos que me atrapan, que no me dejan respirar y bailamos juntos hasta desfallecer. Nada nos importa ahora porque esto es lo único que tenemos, nos tenemos, nos abrazamos… Y me zambullo en tu suéter de red, y huelo tu camiseta hasta aprendérmela de memoria. No alcanzo a tus vaqueros. Se nos enganchan los cintos y sé que estamos en la antesala del paraíso. Tu pelo, te lo acaricio, se me enreda entre mis dedos y soy tan feliz que parece que floto. Que me elevo sobre todas las cosas, como si fuera una canción de Amanda Miguel. El ahora es lo único que importa porque mañana no existe. Lo tenemos grabado a fuego, se queda al descubierto cuando nos quedamos sin ropa. Todos nos miran, pero ya es demasiado tarde. Solos tú y yo… Yo y tú, entrelazados de canela. Y te lamo el rectángulo del antebrazo, que me sabe a sal, y no me canso porque esto es lo que quiero cada día cuando me levanto. Aunque estés a tres horas y veinte minutos en avión de mí. Lo único que existe...
 
Así no te amará jamás, de Amanda Miguel