viernes, 5 de junio de 2026

Buscando frescura sin hallarla

Has descubierto que escribo sobre ti. Alguien te lo ha pasado sin decirme nada. Sé que lo sabes todo y sigo esperando que reacciones. Que hagas algo, cualquier cosa. Que no me dejes así, a medias. No sé si les ha dado al okei, o simplemente has borrado. Desde hace algunos días solo pienso en los diez años que nos separan. Barcelona me queda tan lejos… Tú en la Europa del siglo XXI y yo en el Maracay del 74. Tan distintos como distantes. Me da por leerme de nuevo Retrato en sepia de Allende, para desconectar, para dejar de pensarte. De dibujarte en el aire con los dedos. De imaginarme tus labios aprisionándome contra todo lo bueno de las cosas que se imaginan. Quizá me pidas que lo borre todo, o simplemente que me cancelen. Me imagino perdiéndolo todo, teniendo que explicar que nada es real, que solo me quedan ganas de llorar… Deletreo entre sueños tu apellido, que para los que vivimos en esta parte mala del mundo es tan complicado con tanta u y con tantas eles. Algunos cuentos terminan bien. Eso pienso cuando el sueño me vence, que tal vez todo te parezca una locura divertida y que me busques. Como hizo Inman con Ada. Que sepas buscarme y, sobre todo, que te apetezca encontrarme. A veces las cosas más fáciles son las que más cuestan, las que más duelen. Una vida llena de líneas revueltas, que se enredan unas con otras, pero ninguna recta. Esas no existen. Puede que no pase nada, que no hagas ningún esfuerzo, que te quedes quieto, por las tardes tomando unas cervezas o por las mañanas sudando en el gimnasio. Siempre toallas oscuras, negras o verde militar. Bien dobladas en la bolsa. Tú con tu orden, con tus cosas y yo tan desierto, tan erial, tan muerta por dentro. Como si fuera un cardón. Buscando frescura sin hallarla…
 
Amonooosss, de La Terrorista del Sabor

domingo, 31 de mayo de 2026

41

41. No me reconozco en aquel tiempo. No soy el mismo de entonces. Como si tuviera otra piel, como si las manos a punto de agrietarse no sintiesen aquello que sentían. Como si las rodillas se hubieran ido a por tabaco. ¿Sabría aquel que iba a ser este? Que me convertiría en esto que soy ahora. En otro distinto, diferente. Me sigue gustando Camela y sus casetes de gasolinera. También los espaguetis a la carbonara. Transformismo puro, aunque no hayan pasado veinte mil años. No estaba tan delgado, ni tan moreno. Las gafas eran otras, de metal. Más discretas. Siempre calculándolo todo, organizando, colocando las cosas en su sitio. Tendiendo lavadoras a primera hora y cocinando potajes por las tardes. Todo aquello se ha ido, se ha evaporado. Esa no soy yo… ¿Volvería? No. Así, sin más. Regresar al pasar de los días, a los miedos, a llorar en la ducha… A todo lo malo. ¿Y si fuera un mundo distinto? No me hagas subir en esa barca, no esta vez. Creo que no sabría remar, que ya no tendría fuerzas para repetir algunos días. Ahora, cuando escucho a otras pasar lo que ya viví, me da tanto vértigo, algunas veces hasta me tengo que agarrar en las paredes lisas para no caer al vacío. Las escucho atravesando mis desiertos, descendiendo barrancos, esquivando desprendimientos… Las escucho y no empatizo. No puedo ponerme en su lugar, ni entender sus errores. Ya no. Solo deseo que el reloj marque las cuatro para irme, alejarme sin remordimientos. Sé que no les afecta lo que haga, porque tampoco les importo. Ni lo más mínimo, se desahogan y listo, como si fueran cubas de agua en tiempo de sequía. Sí que va a ser verdad que soy otro.
 

miércoles, 27 de mayo de 2026

El detalle que lo resquebraja todo

La tristeza me atraviesa. Es como si estuviera justo debajo de la piel y al más mínimo estímulo me brotara por los todos poros. Como inundan las aguas las tierras áridas o como la espuma va llenando el tambor de las lavadoras viejas. Su manto lo va cubriendo todo y me quedo sin recetas para sonreír. A veces un timbre que no suena, otras unos niños que juegan a la pelota en el patio. El detalle que lo resquebraja todo. Y hay días que los puedo esquivar, pero no hoy. Hoy no… Hoy se me amontonan las tristezas, las tengo atravesadas en la garganta y no me dejan respirar. A mi alrededor ya no queda nadie. Ver series del 06 tampoco me alivia. Ni siquiera Ben Bruckner. Siempre que aparecía él se me iluminaba un poco la oscuridad. Sus ojos azules, pero hoy no. Todo lo contrario, me ha dado el último empujón para caer en el aljibe de las pesadillas. Sin ganas de gritar, solo de llorar. Como lo hacen los niños pequeños cuando no se cumplen sus deseos o cuando se les cae el cucurucho de helado de mandarina. Se desparrama en el suelo y lo ensucia todo. Y la mancha no se quita y al pisar todo está pegajoso. Y no tengo fuerzas para tirar, para continuar. Solo busco un colchón en el que descansar de tanta pena, en el que regodearme con los sufrimientos y en el que terminar todo…
 


martes, 26 de mayo de 2026

Turistas neerlandeses y chicas que buscan

Es como si fuera un desierto. Un desierto lleno de gente en el que nadie quiere bailar. Ya nadie desea, nadie anhela. Busco, busco, busco… Busco y busco y las ansias me vencen. Derrotado, no hallo absolutamente nada. Ando mirando un millón de caras, una tras otra, pero ninguna se detiene a mi lado. Doy un par de pasos, son las tres, el sol me abrasa la nuca, todos buscando sombra… Ni oasis, ni paraísos, no hay absolutamente nada. Los hombres guapos se han ido. Los que salen en los calendarios, los de muslos robustos, los que sonríen en la televisión. Todos se han marchado. Las calles son un páramo maldito en que nadie canta. Ni músicos callejeros quedan, y me toca girar como una peonza. Dar vueltas y vueltas hasta caer desfallecido. Como si nada me importara, como si ya no estuviera vivo… Cruzo la mirada con tatuados, con turistas neerlandeses, con chicas que buscan… pero nada me interesa. Como una revista de septiembre del 23. Paso páginas sediento de paz, de serenidad, pero solo hay tormenta. Tormenta y desierto. Y no puedo callarlo más… Quiero trepar por las paredes, quedarme dolorido sin uñas, subirme al Plensa del TEA y lanzarme al puto vacío. Quizá lo haga algún día, aunque no haya nadie para recoger los pedazos, ni para barrer los restos o secar la sangre… Aunque ya no quede nada, aunque yo también me convierta en desierto, en uno que solo es arena y sal, dunas y caramelos de la vaca. Y vuelvo a las calles, a las miradas perdidas, a los hombres hetero que no me dicen nada… Y también al estómago que se me hace vacío…