sábado, 29 de agosto de 2026

Gente sin casa, casas sin gente

Vuelo lejos, pero siempre vuelvo al nido... Me he levantado dándole vueltas a la idea de hogar. Ese lugar seguro, refugio. Donde no hay nada que nos pueda hacer daño. En el que ningún mal nos puede alcanzar. Me he despertado pensando en el hogar, en ese lugar que se me ha esfumado entre los dedos. En si esta cama me viene bien, si el sofá del salón es amigo o si el baño es suficiente. Las sábanas ya no son, tampoco los yogures de la nevera, ni las maletas apiladas a la entrada. Me he levantado pensando en que todo se ha desvanecido. Que tal vez mañana tenga que irme a otra casa, a otro sitio… Que ya nada es mío… Y que no me importa porque no tengo nada. Que no haya reina de la casa, ni plantas en el balcón. Que tampoco estés tú. El horizonte se me nubla, es como si no existiera. La barca va dando vueltas al estanque sin ir ni llegar a ningún sitio. Y que esto no tenga sentido no tiene por qué ser algo malo, dices en una entrevista… Tus manos hoy están más lejos que nunca, Taltavull. No las llego a sentir. Y se me enfurruña el estómago. Echo manos del abanico y lo agito para que me mueva algo el aire, para que me engañe, para que me haga creer en la ilusión del frescor, de que puedo hacer algo para que las cosas no sean como son. Para que se obre el milagro. Para que aparezcas, para que esto no sea un inmenso erial. Para que no me duelan las costuras. ¿Y si el hogar no existe? ¿Y si no hay ningún lugar en el que pueda refugiarme junto a ti de la lluvia de agosto o de la calima de febrero? ¿Y si nunca nos llegamos a conocer…? Y me quedo sin aire porque me da miedo pensar que todo lo sabido, que todo lo pensado es un traje estrecho, que me hace rozaduras. Que a cada gesto me hiere la piel. Que ese idilio imaginario no es para mí. Que tendré otras cosas inservibles, pero no ésta. Que no hay sitio para mí… Me aprieta los muslos y no puedo girar el cuello. Me lastima, trato de zafarme, pero no puedo. Ya no. Y siento que el viento me lleva de un lado a otro sin ton ni son, como si fuera unas hojas secas. Como ese barco sin puerto que nunca fondea en el estanque de los vecinos…
 
El hombre que yo amo, de Myriam Hernández y Karol G
 
Pd. El título de esta entrada pertenece a la canción 'No hay tanto pan' de Silvia Pérez Cruz. 

jueves, 27 de agosto de 2026

Hablas de la culpa, el autocastigo, la represión

Si buscas en google mi nombre, te sale como predictivo novio. Hay más gente interesada en saber quién es mi pareja que en ser mi novio… No sé, es como si me hubiera pasado un camión por encima. Desde hace unos días es como si se me hubieran ido todas las fuerzas. No han dejado ni rastro. Las cosas no salen y este calor que no me deja. La humedad… En apenas unas semanas, unos días, todo se ha desvanecido. Vuelven a resentirse las articulaciones. Nadie toca al portero. Y me cuesta tanto sentirme a salvo. En uno de esos sitios dónde ser… Y me pongo uno de tus videos. Ahí hablas de la culpa, el autocastigo, la represión… Quizá hoy no es el día y me abandono. Me dejo ir, a la deriva. Sin esperanzas de que haya algo más allá. No lo hay. Solo estas cuatro paredes. La estantería atestada de libros y un par de cosas tiradas por el suelo…
 
Purple rain, de Prince 


jueves, 13 de agosto de 2026

Rendirme a cada una de tus embestidas

Senti il silenzio che c'è là fuori. l'ho sentito e non fa paura perché siamo tutti dei grandi attori… Estos días he sentido que las cosas pueden ser. No sé, es cómo si el alisio hubiera cambiado de dirección. Será quizá este tiempo sur, este que hace desaparecer la humedad, que lo reseca todo, que es combustible para chispas distraídas y del que huyen como la peste los tilos. Tal vez no sea, pero sí, hay algo que ya no es igual. Igual que antes. Las cosas ahora salen a la primera. Parece que las piezas del puzle encajan. Y miro tus fotos, siempre sonríes. Y te sé lejos, pero eso no es algo malo. No me estruja el estómago. Eres esa idea que me mantiene cuerdo, que me ayuda a continuar, a pensar que este empeño es posible. Algún día. Que todo está más cerca ahora, que está a la vuelta de la esquina. Que el día menos pensado, aparecerás para quedarte junto a mí, Ignasi Taltavull. Aunque tengas otro cuerpo, otra cara, otras manos. Aunque no sepas catalán y no cuentes historias divertidas por los teatros de España. Eres todo lo que me ha hecho estar ahora aquí. Da igual que ellas digan que no, que buey solo bien se lame. Que no quiero lugares comunes, que estoy cansado, que solo pido que esta nueva luz no se apague. Que ganemos esta batalla porque la razón está de nuestro lado. Necesito que continúe sonando esta canción, esta que tanto me recuerda a ti, a tu sonrisa, a tus manos… Y me fijo en tus dedos, sinuosos, me detengo, los necesito dentro de mí. Conquistándome. Trazando líneas de combate, ganando poco a poco cada centímetro, sin estrategias, a calzón quitado. Dentro, arrasándome porque mañana ya no nos importa. Bien dentro, y rendirme un poco más a cada una de tus embestidas. Que me empujes mil veces al precipicio. Y vuelvo a tu sonrisa, al deseo de que haya un después para nosotros. Sin miedo. Que me digas que no me preocupe, que sí, que estoy dolorido, pero que las cicatrices de la batalla sanarán al fin. Y volvemos al principio, pero esta vez sabiéndolo todo. Abiertos en canal, pero entrelazados. Respirándonos. Siendo mejores...
 
Canto d'amore, de Angelina Mango y Marco Mengoni