lunes, 31 de agosto de 2026

Las paredes siempre torcidas

¡Buah, qué pasada tío! Vuelvo a añorar cosas que no existen, que no están a mi alcance. Y mira que lo intento, una y otra vez, incasable. Me pongo una serie donde los protagonistas no son perfectos, cometen errores, casi que hasta son malas personas y al mismo tiempo son tan amables e inasibles… Pienso en Barcelona, en por qué nunca he estado en las ramblas. En por qué nunca llego a los sitios por el camino más recto, más sencillo. En por qué hay tantas cosas que se me escapan, que no son para mí. Pienso en Taltavull y en mi móvil sin batería. Mi cama continúa desecha. He ido al súper sin lista y he vuelto a casa sin la mitad de las cosas que me hacían falta. El reloj avanza implacable. Parece que vuelve el bochorno y que sí, que me duele que el mundo esté dando pasos ahí fuera, alejándose de mí. Que las cosas pasen a mi alrededor, pero que no me sucedan a mí. Verlo todo desde el otro lado del escaparate. Una y otra vez, incansables. Y mira que lo intento sabiendo que lo único que tengo en mis entrañas es empeño, constancia, pero ni pizca de arte. De fantasía. Un simple obrero. Uno al que le cuesta demasiado amasar cemento y arena. Las paredes siempre torcidas. Suplicando un poco de atención, de afecto, de vida. Y quiero bailar, pero ya no sé. Toco todas las puertas, pero ninguna se me abre. Solo una chica que quiere que la quieran. Todos los timbres rotos, todas las llamadas perdidas. Mis gritos no se oyen, no llegan a ninguna parte. Me gustaría pensar en que todo esto pasará, pero ese deseo no se me dará. Veo a los chicos en el súper, van con ellas y también con sus hijas. Las niñas arriba del carrito. Algunos van con cholas y camisetas azules, distraídos, como si la vida fuera para siempre. Tan seguros, tan reales… Y mi cesta está vacía porque se me ha olvidado la lista en el imán de la nevera. No tengo a nadie a quién llamar para que me la recite al otro lado del teléfono. Hay cosas que no están a mi alcance, que no son para mí. Territorios vedados. Pero no me rebelo, pierdo siempre ante la tristeza que lo va revistiendo todo con ese fino que nos ha sobrado de la obra. Lo tapa todo, lo adecenta todo. Pero tapar no es curar, ni solucionar. Tampoco es respirar. Hay días en los que tus fotos no me son suficientes y el corazón se me resiente. La piel se me endurece poco a poco, consciente de que cada vez me va quedando menos tiempo, que esto se acaba. Y que solo hay nubes en el horizonte…
 
Bámbola, versión de Ana Mena y La Casa Azul 

sábado, 29 de agosto de 2026

Gente sin casa, casas sin gente

Vuelo lejos, pero siempre vuelvo al nido... Me he levantado dándole vueltas a la idea de hogar. Ese lugar seguro, refugio. Donde no hay nada que nos pueda hacer daño. En el que ningún mal nos puede alcanzar. Me he despertado pensando en el hogar, en ese lugar que se me ha esfumado entre los dedos. En si esta cama me viene bien, si el sofá del salón es amigo o si el baño es suficiente. Las sábanas ya no son, tampoco los yogures de la nevera, ni las maletas apiladas a la entrada. Me he levantado pensando en que todo se ha desvanecido. Que tal vez mañana tenga que irme a otra casa, a otro sitio… Que ya nada es mío… Y que no me importa porque no tengo nada. Que no haya reina de la casa, ni plantas en el balcón. Que tampoco estés tú. El horizonte se me nubla, es como si no existiera. La barca va dando vueltas al estanque sin ir ni llegar a ningún sitio. Y que esto no tenga sentido no tiene por qué ser algo malo, dices en una entrevista… Tus manos hoy están más lejos que nunca, Taltavull. No las llego a sentir. Y se me enfurruña el estómago. Echo manos del abanico y lo agito para que me mueva algo el aire, para que me engañe, para que me haga creer en la ilusión del frescor, de que puedo hacer algo para que las cosas no sean como son. Para que se obre el milagro. Para que aparezcas, para que esto no sea un inmenso erial. Para que no me duelan las costuras. ¿Y si el hogar no existe? ¿Y si no hay ningún lugar en el que pueda refugiarme junto a ti de la lluvia de agosto o de la calima de febrero? ¿Y si nunca nos llegamos a conocer…? Y me quedo sin aire porque me da miedo pensar que todo lo sabido, que todo lo pensado es un traje estrecho, que me hace rozaduras. Que a cada gesto me hiere la piel. Que ese idilio imaginario no es para mí. Que tendré otras cosas inservibles, pero no ésta. Que no hay sitio para mí… Me aprieta los muslos y no puedo girar el cuello. Me lastima, trato de zafarme, pero no puedo. Ya no. Y siento que el viento me lleva de un lado a otro sin ton ni son, como si fuera unas hojas secas. Como ese barco sin puerto que nunca fondea en el estanque de los vecinos…
 
El hombre que yo amo, de Myriam Hernández y Karol G
 
Pd. El título de esta entrada pertenece a la canción 'No hay tanto pan' de Silvia Pérez Cruz. 

jueves, 27 de agosto de 2026

Hablas de la culpa, el autocastigo, la represión

Si buscas en google mi nombre, te sale como predictivo novio. Hay más gente interesada en saber quién es mi pareja que en ser mi novio… No sé, es como si me hubiera pasado un camión por encima. Desde hace unos días es como si se me hubieran ido todas las fuerzas. No han dejado ni rastro. Las cosas no salen y este calor que no me deja. La humedad… En apenas unas semanas, unos días, todo se ha desvanecido. Vuelven a resentirse las articulaciones. Nadie toca al portero. Y me cuesta tanto sentirme a salvo. En uno de esos sitios dónde ser… Y me pongo uno de tus videos. Ahí hablas de la culpa, el autocastigo, la represión… Quizá hoy no es el día y me abandono. Me dejo ir, a la deriva. Sin esperanzas de que haya algo más allá. No lo hay. Solo estas cuatro paredes. La estantería atestada de libros y un par de cosas tiradas por el suelo…
 
Purple rain, de Prince