domingo, 22 de febrero de 2026

Uniendo hilvanes

Hace un rato he tenido que volver a enhebrar la aguja, a plena luz del día y con mi vista agonizante. Lo he tenido que hacer, no me cabía otra... He estado un buen rato buscando hilo negro en el costurero de la mora, hilo negro que dicen que es más discreto y dura más, pero me he tenido que conformar con un blanco amarillento por el paso del tiempo. Se me deshacía entre los dedos. La vida se me ha vuelto a desconchar y no sé si hilvanándola de nuevo se me va a componer. Me siento como una de aquellas victorianas que se apañaban con el patchwork. Pero mis remiendos nunca paren algo mejor. Nunca. Solo mantienen la derrota un poco más, hasta que todo se venga debajo de una vez. Hasta que el final solo sea polvareda y recuerdo. No me he pinchado mientras cosía, solo fue un rato, diez, quince minutos. Pero el cansancio está siendo eterno. Ahora me cuesta respirar, me duelen los hombros y tengo las piernas y las muñecas hinchadas. Continúo en el remolino que no va a ninguna parte, que ni sube, ni baja, solo se mantiene en el aire… En ese aire que apenas puedo respirar porque me duele. Me duele porque me abre las costuras. Y casi no me quedan fuerzas para seguir tapando agujeros, para remendar una vida que se me rompe a tiras. Soy la sábana a punto de hacerse jirones… 
 
Inciso, de Pablo Alborán y Ana Belén 

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