Tus dedos están dentro de mí, aunque no lo estén. Sonrío, me hacen eternamente feliz. Mientras hurgan, me dices al oído tu última tontería del día. Bailo, por fin, a tu son. No has encontrado aparcamiento, a pesar de que sigues teniendo buenos reflejos. Y cuando terminas de indagar das un volantazo. Es entonces cuando yo comienzo a rebuscarme en tus ojos…
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