Tú
ibas a ser para mí. Pero no. Ahí te veo en Instagram lejos. Y todo se
desdibuja, se descompone. Habrá que reconfigurar, una vez más. Ojalá poder
reiniciar. Y escuece un poco, tuerces la mirada y respiras con la glotis,
aunque no sepas dónde está. Los días pasan. Demasiados amontonados al fondo del
pasillo. Apretujados, desechados. Suena una canción bonita, como alegre. Un buen
filtro y todo parece mucho mejor a este lado de la pantalla. Ya no lloro, se me
han gastado las lágrimas de tantas tablas y stanislavskis. Dicen que cuando
exprimes demasiado un recuerdo triste, deja de doler, deja de surtir efectos,
deja de existir en la memoria… Y te veo de pixel en pixel, sin poder tocarte. Triste.
Es lo que me toca, una vez más. Todo era una delusión con tilde en la o. El
sofá está lleno de cosas, vacío de personas. No hay nadie junto al reposabrazos.
Ni en el balcón viendo cómo chispea en esta tarde tan oscura de octubre. Ni rastro
en el baño, ni en la cocina… Todo está vacío.
En mi cabeza, de La Casa Azul y Dani Dicostas
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