Qué rara es la vida, que al mismo tiempo que unos se
despiden de lo que más que quieren, otros, inconscientes, se hacen fotos de sus
peinados tomándose unas cervezas en las terrazas del verano. El tiempo es igual
para todos, pero a unos les va más rápido. Unos comienzan todo y otros lo
disfrutan como si ya solo les quedase esperar. En tiempo de descuento o de
alargue… «Ahora, que solo me queda esperar a que llegue el ahora», dice Jarabe
de Palo y tiene más razón que un santo, si es que los santos realmente existen.
El ahora es igual de raro que el tiempo y la vida. A veces bueno, otras
irascible. Con él nunca se sabe, y es que en ocasiones no queremos admitir ni
siquiera que está, esperando siempre a que escampe la tormenta. Otras se nos
hace irremisiblemente breve, que solo nos percatamos de su existencia cuando ya
paso… ¡ay, el tiempo!
Puede que sea verano o puede que no. Lo cierto es que
hoy el cielo ha amanecido encapotado y, aunque hace frío, el viento se ha ido. Tal
vez, ahora que me lees, tengas calor, pero lo cierto es que estas letras han
nacido en pleno invierno. Justo, con las primeras nevadas de la temporada. Algunos
aeropuertos han cerrado por baja visibilidad y todos se preparan para la
tormenta. Dicen, que de esto se trata el invierno. Y yo echo de menos la
primavera. Sí, los primeros rayos de sol, cuando comienzan a calentar la hierba…
También la alegría con la que todo el mundo se despierta, aunque no hayas
demasiadas razones para ello. Quizá los meses de abril y mayo sean los mejores.
Quizá. Pero ahora es diciembre o julio, que nunca se sabe, y, sin embargo, no
es primavera…
A veces no sabes qué decir. Ante una situación te
quedas con la boca abierta y no encuentras cómo rebatir. Sabes que deberías
decir algo, pero no te vienen los argumentos. Y, aunque eso pase, aunque no
puedas convencer con discursos al resto, sabes que tienes razón. Es algo que
sientes y con eso basta. Podrán decir misa, pero sabes que no te engañan, que
estás en lo cierto…
Aunque uno lo intenta, no siempre acierta. A veces es
más fácil aconsejar al otro, recomendar y hasta juzgar al que está enfrente. Sí,
eso es sencillo. Cada uno desde su atalaya. Lo verdaderamente complicado es
estar en medio del meollo, sin saber qué hacer o sin poder pensar demasiado. Ahí
solo toca tirar para delante y que sea lo que dios quiera…