¿Dónde
estás cuando más te necesito, Taltavull? El aire deja de ser vapor, el
termómetro se atempera, pero no sé muy bien qué hacer con los perritos
calientes sobre la mesa. Son de cebolla natural y todas las salsas. A lo lejos
las casas sobre los riscos, lejos del mar. Dos perros mastodónticos comienzan a
dar vueltas a mi alrededor. Tienen correa y bozal. Después se van, cruzan de
acera y finalmente les pierdo la pista. Debería echar la siesta, no paro de
bostezar. Como si fuera un pez que boquea fuera del agua. Un tiburón sin dentellada.
Ya no sé muy bien qué soy, solo que da igual todo lo que pase, que tú no estás.
Que puede haber un millón, pero al único que echo en falta… Aunque no seas,
aunque no existas, aunque todo… Todos hablan mientras van terminando sus
hamburguesas. Han pedido un par de claritas, un chupito, y poco más. Deben
tener resaca… Yo, sigo solo.
Tristeza de amor, de Hilario Camacho
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