¡Buah,
qué pasada tío! Vuelvo a añorar cosas que no existen, que no están a mi alcance.
Y mira que lo intento, una y otra vez, incasable. Me pongo una serie donde los
protagonistas no son perfectos, cometen errores, casi que hasta son malas
personas y al mismo tiempo son tan amables e inasibles… Pienso en Barcelona, en
por qué nunca he estado en las ramblas. En por qué nunca llego a los sitios por
el camino más recto, más sencillo. En por qué hay tantas cosas que se me
escapan, que no son para mí. Pienso en Taltavull y en mi móvil sin batería. Mi cama
continúa desecha. He ido al súper sin lista y he vuelto a casa sin la mitad de
las cosas que me hacían falta. El reloj avanza implacable. Parece que vuelve el
bochorno y que sí, que me duele que el mundo esté dando pasos ahí fuera, alejándose
de mí. Que las cosas pasen a mi alrededor, pero que no me sucedan a mí. Verlo todo
desde el otro lado del escaparate. Una y otra vez, incansables. Y mira que lo
intento sabiendo que lo único que tengo en mis entrañas es empeño, constancia, pero
ni pizca de arte. De fantasía. Un simple obrero. Uno al que le cuesta demasiado
amasar cemento y arena. Las paredes siempre torcidas. Suplicando un poco de
atención, de afecto, de vida. Y quiero bailar, pero ya no sé. Toco todas las
puertas, pero ninguna se me abre. Solo una chica que quiere que la quieran. Todos
los timbres rotos, todas las llamadas perdidas. Mis gritos no se oyen, no
llegan a ninguna parte. Me gustaría pensar en que todo esto pasará, pero ese deseo no
se me dará. Veo a los chicos en el súper, van con ellas y también con sus hijas. Las
niñas arriba del carrito. Algunos van con cholas y camisetas azules,
distraídos, como si la vida fuera para siempre. Tan seguros, tan reales… Y mi
cesta está vacía porque se me ha olvidado la lista en el imán de la nevera. No tengo
a nadie a quién llamar para que me la recite al otro lado del teléfono. Hay cosas
que no están a mi alcance, que no son para mí. Territorios vedados. Pero no me
rebelo, pierdo siempre ante la tristeza que lo va revistiendo todo con ese fino que nos
ha sobrado de la obra. Lo tapa todo, lo adecenta todo. Pero tapar no es curar,
ni solucionar. Tampoco es respirar. Hay días en los que tus fotos no me son
suficientes y el corazón se me resiente. La piel se me endurece poco a poco,
consciente de que cada vez me va quedando menos tiempo, que esto se acaba. Y que solo
hay nubes en el horizonte…
Bámbola, versión de Ana Mena y La Casa Azul
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