La chica
llevaba trenzas. De esas que casi se convierten en capilla sixtina por lo
complicado. Horas entrelazando líneas distintas, dando vueltas, deshaciendo y
volviendo a hacer. Caminos que serpentean y, a veces, no llevan a ningún sitio. Me
la imagino llorando de los tirones. El peine arrasando todo lo que encuentra a
su paso. La chica llevaba trenzas que me recordaron a ti, a que no estás para
verlas. Nunca estás. E intento fijar los andamios para comenzar a construir,
pero es tan difícil hacerlo solo. Trato de que pasen los días, uno tras otro, pero
siempre estoy en el mismo sitio. Uno en el que no se oye trap argentino. Uno en
el que todo es desierto, aunque haya árboles. El aire caldeado no quiere entrar
en el salón, que es ya horno de pan. Quisiera ser Charlotte Heywood, aunque su
historia esté inconclusa. Con un millón de páginas en blanco por escribir, con
historias que atravesar sabiendo que los destinos, que los puertos serán amables.
Quiero que los infiernos me queden lejos. La chica de trenzas no decía nada. Y no
sé si este peregrinar me llevará a algún sitio, y me abate, igual que a un corzo,
la idea de que quizá todo sea culpa mía. Los errores se me acumulan. Ser buena persona…
Ser buena persona, inmaculada, las veinticuatro horas del día... Me he equivocado
tanto, que casi todas las noches apenas duermo. Un daño colateral. El estómago
comienza a doblegarse. Las rodillas llevan semanas pidiendo auxilio. He bajado
un par de kilos. La piel lleva desde enero revolucionada, se queja, se me revuelve,
quiere irse de mi cuerpo… Y mientras todo esto pasa, todo esto me sucede nadie
toca a mi puerta, nadie me manda mensajes de texto a las cinco de la mañana. Las
chicas comerán hoy en el Porís, y lo harán sin mí. Josejuan tiene piscina y Julieta
se ha embarcado. Loly y Sam están con los niños en el parque de bolas. Nancy, en
Punta del Este… Todas me quieren, pero al final siempre duermo solo. Los
desayunos desangelados. No tengo a nadie que me arregle el toldo, que se ha
descosido. Un poco como mi vida, rota por las costuras… Dibujo con los dedos un
s.o.s sobre la mesa del comedor, siempre cubierta de polvo, pero ahora nadie
sabe qué es eso…
Poses, de Guitarricadelafuente
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