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Y me vienen a la cabeza cosas que aún no te he dicho. Esas que me da un poco de vergüenza contar en voz alta. Como un día que di un giro extraño en mi camino para -¡oh casualidad!- tener que pasar por delante de tu trabajo. Es que no hay más cajeros en todo Santa Cruz, que justo ese que está en la Rotonda...
También está lo de llamarte Bofilito. Surgió porque no quería decir tu nombre en voz alta. Las cosas por aquel entonces no eran fáciles. Ahora siguen siendo complicadas, pero son distintas. Me siento a tu lado. No sé muy bien dónde está el norte. Sólo sé tu número de teléfono, que es el que respiro a cada instante.
Estos días han sido increíbles. No atino a aprenderme todos tus surcos. Todas tus palabras. El Médano, Tabaiba, La Laguna y sobre todo tus ojos. Me derrito con tus cicatrices a cada golpe de segundero.
Y me viene una imagen a la cabeza. Tú tumbado en tu sofá. Leyendo algo. Con los pies descalzos apoyados en una pared fría. En alto. Y yo a tu lado. Sentado contigo viendo la tele. Y todo es perfecto. Al rato terminas y ya se ha hecho de noche. Tomas algo frío de la nevera. Toses y al final, antes de dormir, nos decimos good night darling!
Después cuando estás dormido te susurro al oído que tú también me gustas. Y paso la noche ideando tonterías para que deje de estar triste y puedas derrotar tus miedos.