Sudando la gota gorda. Ha vuelto el calor, casi
un infierno. Te pienso solo a ratos. Tal vez no hayas dicho toda la verdad. Tal
vez. Este septiembre se está haciendo demasiado largo. Leí en alguna parte que
quizá vengas en abril. Todavía no hay fechas, pero no voy a contar los días que
faltan. También pienso en la primera vez. En cómo hacer para que esa insatisfacción
que siempre nos dejan los estrenos no lo mande todo al traste, en cómo hacer
para que te quieras quedar. Qué cosas debería hacer para envolverte, para que
no desistas, para que permanezcas dentro. Pienso en el principio, en los sueños
que he tenido sobre eso. Pero en el mundo de las ideas, en la imaginación las cosas
siempre marchan… Las cosas se suceden siguiendo un orden natural, aunque nada
tenga lógica ni siquiera un atisbo de realidad. Que quieras arrancarme la piel, que des
vueltas a mi alrededor y que entres aunque el piso esté fregado. A veces las
primeras veces van bien… A veces pasa eso y ni así es suficiente. Cuántos besos,
cuántas promesas y abrazos se han quedado en el aire, se han volatilizado… Se quedan en nada y solo
dejan un rastro de derrota. De añorar lo que no fue. Por eso, Taltavull, tengo
que idear la fórmula para que esa noche quieras dormir conmigo. Que no es lo
mismo que dormir junto a mí. Se parecen, pero son cosas distintas. Cuántas veces habré estado junto a alguien sabiendo que estábamos en continentes diferentes… Es una cuestión de piel, de tacto, de vida…
Quiero que estés, que nos respiremos, que pensemos desde el otro. Que una vez
que pruebes ya no quieras cambiar de champú. Conmigo…
Todo se está yendo a la mierda, de Elefantes
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