domingo, 28 de febrero de 2021

Hasta que no se te note

Tú haz lo que quieras, pero… Yo que tú… Piénsatelo bien. Hay palabras que se te quedan grabadas, que se olvidan y al menor descuido resurgen, rebrotan como la mala hierba. Regresan y con ellas todas las sensaciones que nos recuerdan que somos peores, que no somos buenos, que somos distintos… Y siempre nos toca ser a nosotros los comprensivos, nos tocas adaptarnos al resto porque lo diferente no es bueno, no es normal. Tú haz lo que quieras, pero si sigues así se reirán de ti, te ridiculizarán, nunca podrás llegar. Yo que tú, practicaría, ensayaría hasta que no se te note lo que eres. Piénsatelo bien porque te lo digo por tu bien. Y tragas, una y otra vez, y vuelves a tragar porque sabes que tus heridas ya no sanarán…

Cambia, de C Tangana, Carin León y Adriel Favela.

viernes, 1 de enero de 2021

¡Feliz 21!


Qué difícil es a veces arrancar, comenzar a escribir. Hay días en los que la página en blanco da miedo, se me convierte en precipicio. No es solo escribir, es algo más profundo. Dejar negro sobre blanco la verdad, lo que ha pasado y sobre todo lo que temes que suceda. No son solo letras juntas unas de otras, es la realidad, es exorcizar todo lo malo para que no vuelva y a la vez es rezar para que nos visiten solo cosas buenas. Sabiendo que poco depende de nosotros y que somos como hojas secas a merced del viento de invierno. Tiempo habrá de recordar el dolor, las lágrimas y el vacío, pero no hoy. Hoy toca mirar de frente a lo que viene. Aquí estamos. ¡Feliz 21!

El fin del mundo, de La La Love You

sábado, 28 de noviembre de 2020

Sin opinar

Había estado tanto tiempo sin decir nada, sin opinar, sin expresar lo que realmente sentía que creyó que ya nunca podría hacerlo, nunca más. Más que creerlo, tuvo la certeza de que así sería. Se lo dijo mirándose de frente al espejo del cuarto de baño, justo después de arrodillarse para rezar. Eso era lo único que calmaba esa sensación maldita de que todo se terminará. Y quería rebelarse, de verdad, quería hacerlo. Quería dejar de pensar en que lo negro se haría verdad, que pensar en que llegaría el milagro y que todo se terminaría por enderezar. ¿Por qué estás conmigo pudiendo estar con otra persona? ¿Por qué? Esas preguntas le taladraban el estómago, no quería responderlas y no lo haría. Silencio y caras feliz. Solo anhelaba que la música volviese a sonar, que sus pies bailasen y que las sonrisas dejasen de ser fingidas. Regresó al salón y empezó a organizar la cena...

Ahora, de Said Muti

Pd. Esta canción me ha acompañado tanto... Gracias, Said...

sábado, 25 de julio de 2020

Los que incordiaban se esfumaron

Los pequeños detalles de la vida me habían jugado una mala pasada. Ese día anduve enfurruñado toda la tarde, ya casi no recuerdo el por qué. Estaba ofuscado con la vida, también con el calor y con la gente. Pasaban a mi lado con sus vidas, exhibiéndolas alegres e impúdicos, pero les quería lejos. No me apetecía verlos. Y en esas estaba, escondido en una esquina de la ciudad. En esas estaba cuando la vida me golpeó en el estómago. Otra vez. Lo hizo otra vez con toda su fuerza. Y dejé de respirar. No pude, me quedé sostenido en el aire, con los ojos rebosantes, pero perdidos en la nada. En el aire, también dejé de tocar el suelo mientras a mi alrededor todo avanzaba a toda velocidad. Estático y dolorido, en medio del trajín y del bullicio. Los pequeños detalles de la vida que me incordiaban se esfumaron. Solo quedó la nada, el vacío tras el golpe. El vacío tras el golpe y todo dejó de importarme.

Aprendemos a nadar, de Viva Suecia.

sábado, 6 de junio de 2020

Los que no habían tenido tormenta en casa

No recuerdo nada de lo que pasó antes a la tormenta. Solo imágenes sueltas, pocos sonidos, casi ningún olor. Lo sé porque si me preguntas por cualquier cosa de 1987 fallaré. No sabré las respuestas. Esos 365 días se esfumaron, se volatilizaron. Abrí los ojos una mañana, todavía no había clareado, y oí a gente hablando en alto en el patio. Como si dieran gritos. No pasa nada, duerme, me dijo alguien en susurros, pero desde ese día nada fue igual. La tormenta se volvió nebulosa, como si el norte desapareciese de repente y ya no supiéramos más qué teníamos que hacer, a dónde ir. Nos convertimos en muebles que nadie sabía donde colocar. Todo lo de antes se esfumó en un abrir y cerrar de ojos. De lo de antes, lo único que tengo son recuerdos de otros, prestados. Por ellos sé que todo varió. Nunca los recuerdos fueron míos, porque no me dio tiempo a conservarlos, era demasiado pequeño. Tampoco tuve derecho a ellos, la tormenta era lo único que importó. Y traté de ser como los demás porque era lo que tocaba, igual que los que no habían tenido tormenta en casa, como los que se iban de vacaciones a la Meseta o les pagaban un campamento de verano un mes en Cardiff, pero sus miradas nunca me dejaron ser. Fui ese mal necesario que estaba a veces, esa estantería que nunca llegamos a tirar, pese a que hace años que ya no está en el salón principal de la casa. Nunca fui uno de ellos, parecían tan felices, ellos y también sus familias estructuradas. Y yo solo tenía ese silencio que queda después de la tormenta. Aunque no lo nombrara siempre estaba presente, absoluto, cubriendo todos los rincones, rellenando los huecos, asfixiándolo todo. Y lo que vino no fue culpa de la tormenta, pero no supimos como vivir después de ella. Tanto que no recuerdo nada de lo que pasó antes de los truenos y relámpagos. Nada antes de la lluvia. Todo fue su muerte, las lágrimas, el dolor, el luto.

Te vas y yo te dejo, de Joseles.