Los
mensajes de dentro de una botella no siempre llegan a un buen destino. Navegan,
surfean durante semanas las olas, las esquivan y las superan, pero no terminan
de alcanzar tierra firme. Sus mensajes se pierden para siempre y las penélopes de
la vida se quedan esperando una eternidad, sin saber que lo que ansían nunca
llegará. Lo hacen sentadas en cualquier parte, en una banca del parque o en la mecedora
de la esquina. Esperan, desesperan… Y lo hacen en silencio, aguardan que
escampe y que el sol se aplaque. Se imaginan cosas que nunca sucederán, y sonríen
dibujando al aire fantasías con los dedos. Las decoran de colores bonitos y
mientras elucubran el tiempo se les hace más llevadero… Pero mi mensaje, el de
la botella, nunca te llegó…
Si antes te hubiera conocido, de Karol G
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