martes, 26 de mayo de 2026

Turistas neerlandeses y chicas que buscan

Es como si fuera un desierto. Un desierto lleno de gente en el que nadie quiere bailar. Ya nadie desea, nadie anhela. Busco, busco, busco… Busco y busco y las ansias me vencen. Derrotado, no hallo absolutamente nada. Ando mirando un millón de caras, una tras otra, pero ninguna se detiene a mi lado. Doy un par de pasos, son las tres, el sol me abrasa la nuca, todos buscando sombra… Ni oasis, ni paraísos, no hay absolutamente nada. Los hombres guapos se han ido. Los que salen en los calendarios, los de muslos robustos, los que sonríen en la televisión. Todos se han marchado. Las calles son un páramo maldito en que nadie canta. Ni músicos callejeros quedan, y me toca girar como una peonza. Dar vueltas y vueltas hasta caer desfallecido. Como si nada me importara, como si ya no estuviera vivo… Cruzo la mirada con tatuados, con turistas neerlandeses, con chicas que buscan… pero nada me interesa. Como una revista de septiembre del 23. Paso páginas sediento de paz, de serenidad, pero solo hay tormenta. Tormenta y desierto. Y no puedo callarlo más… Quiero trepar por las paredes, quedarme dolorido sin uñas, subirme al Plensa del TEA y lanzarme al puto vacío. Quizá lo haga algún día, aunque no haya nadie para recoger los pedazos, ni para barrer los restos o secar la sangre… Aunque ya no quede nada, aunque yo también me convierta en desierto, en uno que solo es arena y sal, dunas y caramelos de la vaca. Y vuelvo a las calles, a las miradas perdidas, a los hombres hetero que no me dicen nada… Y también al estómago que se me hace vacío… 
 

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