41. No
me reconozco en aquel tiempo. No soy el mismo de entonces. Como si tuviera otra
piel, como si las manos a punto de agrietarse no sintiesen aquello que sentían.
Como si las rodillas se hubieran ido a por tabaco. ¿Sabría aquel que iba a ser
este? Que me convertiría en esto que soy ahora. En otro distinto, diferente. Me
sigue gustando Camela y sus casetes de gasolinera. También los espaguetis a la
carbonara. Transformismo puro, aunque no hayan pasado veinte mil años. No estaba
tan delgado, ni tan moreno. Las gafas eran otras, de metal. Más discretas. Siempre
calculándolo todo, organizando, colocando las cosas en su sitio. Tendiendo lavadoras
a primera hora y cocinando potajes por las tardes. Todo aquello se ha ido, se ha evaporado. Esa
no soy yo… ¿Volvería? No. Así, sin más. Regresar al pasar de los días, a los
miedos, a llorar en la ducha… A todo lo malo. ¿Y si fuera un mundo distinto? No
me hagas subir en esa barca, no esta vez. Creo que no sabría remar, que ya no
tendría fuerzas para repetir algunos días. Ahora, cuando escucho a otras pasar lo
que ya viví, me da tanto vértigo, algunas veces hasta me tengo que agarrar en
las paredes lisas para no caer al vacío. Las escucho atravesando mis desiertos,
descendiendo barrancos, esquivando desprendimientos… Las escucho y no empatizo.
No puedo ponerme en su lugar, ni entender sus errores. Ya no. Solo deseo que el
reloj marque las cuatro para irme, alejarme sin remordimientos. Sé que no les afecta
lo que haga, porque tampoco les importo. Ni lo más mínimo, se desahogan y listo,
como si fueran cubas de agua en tiempo de sequía. Sí que va a ser verdad que soy
otro.
Tengo un pensamiento, de Amaia
No hay comentarios:
Publicar un comentario