Has descubierto
que escribo sobre ti. Alguien te lo ha pasado sin decirme nada. Sé que lo sabes
todo y sigo esperando que reacciones. Que hagas algo, cualquier cosa. Que no me
dejes así, a medias. No sé si les ha dado al okei, o simplemente has borrado. Desde
hace algunos días solo pienso en los diez años que nos separan. Barcelona me
queda tan lejos… Tú en la Europa del siglo XXI y yo en el Maracay del 74. Tan
distintos como distantes. Me da por leerme de nuevo Retrato en sepia de Allende,
para desconectar, para dejar de pensarte. De dibujarte en el aire con los
dedos. De imaginarme tus labios aprisionándome contra todo lo bueno de las
cosas que se imaginan. Quizá me pidas que lo borre todo, o simplemente que me
cancelen. Me imagino perdiéndolo todo, teniendo que explicar que nada es real,
que solo me quedan ganas de llorar… Deletreo entre sueños tu apellido, que para
los que vivimos en esta parte mala del mundo es tan complicado con tanta u y
con tantas eles. Algunos cuentos terminan bien. Eso pienso cuando el sueño me
vence, que tal vez todo te parezca una locura divertida y que me busques. Como hizo
Inman con Ada. Que sepas buscarme y, sobre todo, que te apetezca encontrarme. A
veces las cosas más fáciles son las que más cuestan, las que más duelen. Una vida
llena de líneas revueltas, que se enredan unas con otras, pero ninguna recta. Esas
no existen. Puede que no pase nada, que no hagas ningún esfuerzo, que te quedes
quieto, por las tardes tomando unas cervezas o por las mañanas sudando en el
gimnasio. Siempre toallas oscuras, negras o verde militar. Bien dobladas en la
bolsa. Tú con tu orden, con tus cosas y yo tan desierto, tan erial, tan muerta
por dentro. Como si fuera un cardón. Buscando frescura sin hallarla…
Amonooosss, de La Terrorista del Sabor
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