domingo, 26 de julio de 2026

Manada, estrellas, aullidos

Si yo fuera un caballo, no tendría manada. 
Oigo el rugir de la nada que me amenaza cada vez que se pone el sol. 
La luna se esconde hasta de las estrellas que vienen a convidarla. 
Estoy en este río sin agua, barranco abajo, con las piedras antes de que se conviertan en callao. 
Destino fatal. 
A veces les escucho hablando de Florencia, de Viena, de Amsterdam la sucia y me quedo a este otro lado de la verja, el de los que siempre están quietos. 
De vuelta en casa, cierro la puerta y solo me quedan los aullidos de los perros tristes. 

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