sábado, 25 de julio de 2026

con botas de agua para no mojarme

La fuerza de las matemáticas. Recuerdos que se desvanecen, esperando a que los tiempos cuadren, que sea el momento justo. El más adecuado. Recuerdos que nunca existieron… La tortura, una vez más, del acierto, del merecer, de lo adecuado. Y luego está la realidad, la de la colisión de los mundos. Cuando lo otro es tan distinto, que duele. Que no llena los vacíos. Que mientras lo plano, lo recto, lo gris no es suficiente no sé si podría soportar los pozos de barro, donde los pasados pesan demasiado. Y este viaje es de ida y vuelta. ¿Después de haber pisado charcos querrás estar conmigo, que siempre he ido con botas de agua para no mojarme? Que mi currículo es inmaculado, con dolores, claro, pero sin días en los infiernos. M'estic fent gran! dices en una entrevista y pienso en esa apertura en canal que haces. Y pienso también que quizá hayamos recorrido los mismos pasajes, aunque hayamos tomado decisiones distintas. Siempre con esa amenaza del querer que nos quieran, que nos reconozcan. Ser las llaves que siempre cojes del primer cajón de la mesilla de noche. Las sombras ya no son suficientes. Del secundario queremos ir a un plano secuencia. Que nada se detenga y que haya cámaras que se fijen en nosotras. Aunque no sea siempre… Parece que hemos estado en los mismos refugios, aunque no hayamos coincidido. 2.200 kilómetros, dice la IA, que nos separan. Y viajo cada noche a tu regazo, a tus fotos y videos. Vuelo a ese mundo inventado, que no existe, que no sé si sana o simplemente adormece sin impedir que avance la carcoma. Tal vez mañana sea tarde, tal vez, Taltavull. Tarde para ver qué hay a mi alrededor, en el edificio de la esquina o en ambulatorio. Puede que en la tienda ya no vendan más fresas con yogurt...
 
Quién como tú, de Ana Gabriel 
  

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