La luz vuelve a parpadear. Titila como si no
tuviera la suficiente fuerza, como si no le llegara la electricidad a su ser. Solo a
ratos… Pasa todos los domingos a partir del almuerzo, cuando la cuenta atrás se
disparata, cuando ya no hay remedio para que el lunes, la semana, esté más
cerca que nunca. La vieja normalidad, los tic tac del reloj, los tubos de
escape de los coches en el atasco, los buenos días que tanto detestas… Todas
esas cosas están ahí, atragantándoseme en el abdomen. Infladas de tal manera que
pienso que estoy a punto de explotar. Y esa es una imagen que no me disgusta
del todo… Justo anoche volví a pensar en ti. Estabas en el teatro, con tus
cosas. Te imaginé con una camiseta verde, con tus pelos… Tuve que ir al móvil
para recordar tu bigote, youtube siempre salvándome la vida… Esa sonrisa tuya,
acunándome un sábado por la noche. El mañana, el lunes estaba tan lejos, que
pude dormir como si el insomnio no existiera, ese invento fracasado. Fue solo un
instante. Tu sonrisa, tu bigote taltavull y perdí irremediablemente tino… Entre
mis dedos todo tú, tu recuerdo, tu piel… Y ahora me marea el balón golpeando
las paredes del patio, Tobby ladrando sin parar y Marinelys taconeando sin descanso. La bombilla parece que ha vuelto en sí, ya no parpadea, pero yo sigo inquieto,
triste, moribundo… Mañana no hay nada.
Yo quiero un affaire, de Jimena Amarillo
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