Últimamente parece que la diosa fortuna, a pesar de todo, me acompaña. Las cosas, algunas, me salen a la primera y no termino de creérmelo.
Llegué a Las Palmas al mediodía y no pude dejar de pensar en que no me merecía estar allí. Las calles, la gente, las palabras. No pude dejar de pensar en el pobre padre de Billy Elliot, Jackie. Sí, en cuando le tocaba cruzar en una guagua entre los suyos y se quería esconder, pero su hijo desde fuera le llamaba esquirol e intentaba apedrearle. No olvido aquellos ojos.
Creo que Las Palmas sigue siendo demasiado grande para mí. Sigue sin gustarme, y eso es algo que no puedo evitar. A pesar de que volví a dormir con una chica. ¿Qué me está pasando dios mío? Le das pan a quién no tiene dientes...
Lo mejor es que tuve poco tiempo para pensar en la playa de Las Canteras. Vi el mar, pero desde otra parte de la ciudad. Desde el barrio de los pescadores. El océano sonaba suave y el sol tímido calentaba mi piel. Las rocas se divertían. Unos chicos jugaban a la pelota. En el avión de regreso sí pensé en ti.
domingo, 16 de diciembre de 2007
viernes, 14 de diciembre de 2007
Por sus fueros
Ayer volví a soñar y eso creo que está bien. Sólo hay que intentarlo. Todo es posible. Espero que no haya sido una idea pasajera. Dentro de un rato estaré en Las Palmas, otra vez. Y me da miedo después de la última vez. Que sea lo que dios quiera. Me he levantando tarareando una canción divertida.
http://es.youtube.com/watch?v=4P3BQYy4PU4
Pdt. Al final no hubo cena. Cosas del temporal, que no fue.
http://es.youtube.com/watch?v=4P3BQYy4PU4
Pdt. Al final no hubo cena. Cosas del temporal, que no fue.
miércoles, 12 de diciembre de 2007
El día de las canciones tristes
Amanecí pronto, como a las siete, pero me resistí a encender la radio y comenzar a escuchar las noticias. Hoy no. Después el despertador sonó a las ocho. A partir de ahí, ya no hubo tiempo para pensar, aunque hice eso que había ideado durante la noche. Borrar su número de la agenda de mi teléfono móvil. Su nombre ya no está. Y me duele.
No desayuné, no tenía hambre. Bueno, comí una simple galleta, de esas “mcvities”, y encendí el ordenador. Después, claro, de poner Los40 y escuchar “Nada que perder” de Conchita –con la de canciones que hay, tuvieron que pinchar esa que me duele tanto cada vez que la oigo-.
Vi mi correo, los periódicos y salí disparado hacia Presidencia. Ese bunker que a alguien que conozco no trae buenos recuerdos. Llegué, hice lo que fui a hacer y me dirigí a un centro comercial. Nada me gustaba y compré lo primero que encontré. Lo de tener que hacer regalos por compromiso es una lata.
Después regresé a casa. En el camino había comprado agua y pan. Regresé al ordenador y allí me quedé. Más tarde comí un poco de arroz y me fui al Parlamento. Allí un Sol me dijo que hoy estaba muy guapo y le respondí que estaba bien que alguien se diese cuenta porque no estoy acostumbrado a que me lo digan. A veces parece que soy invisible.
Los diputados se adelantaron media hora con lo que no me enteré del principio. Una llamada me puso de mala leche, pero se me pasó rápido. Todo acabó pronto. Al final, me quedé un rato. Tuve que hablar con Domingo Berriel. Cuando me di cuenta tenía la grabadora apagada. ¡Soy un desastre! Es la segunda vez que me pasa con él.
A partir de ahí poco más. Trabajo y más trabajo. A las nueve y diez cerré el chiringuito por hoy. El día concluyó con una canción triste, igual que comenzó. Espero que te guste.
No desayuné, no tenía hambre. Bueno, comí una simple galleta, de esas “mcvities”, y encendí el ordenador. Después, claro, de poner Los40 y escuchar “Nada que perder” de Conchita –con la de canciones que hay, tuvieron que pinchar esa que me duele tanto cada vez que la oigo-.
Vi mi correo, los periódicos y salí disparado hacia Presidencia. Ese bunker que a alguien que conozco no trae buenos recuerdos. Llegué, hice lo que fui a hacer y me dirigí a un centro comercial. Nada me gustaba y compré lo primero que encontré. Lo de tener que hacer regalos por compromiso es una lata.
Después regresé a casa. En el camino había comprado agua y pan. Regresé al ordenador y allí me quedé. Más tarde comí un poco de arroz y me fui al Parlamento. Allí un Sol me dijo que hoy estaba muy guapo y le respondí que estaba bien que alguien se diese cuenta porque no estoy acostumbrado a que me lo digan. A veces parece que soy invisible.
Los diputados se adelantaron media hora con lo que no me enteré del principio. Una llamada me puso de mala leche, pero se me pasó rápido. Todo acabó pronto. Al final, me quedé un rato. Tuve que hablar con Domingo Berriel. Cuando me di cuenta tenía la grabadora apagada. ¡Soy un desastre! Es la segunda vez que me pasa con él.
A partir de ahí poco más. Trabajo y más trabajo. A las nueve y diez cerré el chiringuito por hoy. El día concluyó con una canción triste, igual que comenzó. Espero que te guste.
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Pdt. Ya sé que la canción es triste, pero es que hoy no ha sido un día alegre. La pena ha estado rondándome, y eso que intento alejarla.
Pdt2. Todo apunta a que llegaré tarde a la cena de mañana jueves, pero llegaré. Tengo ganas de verlos a todos.
martes, 11 de diciembre de 2007
El camión de la basura
No digas que lo nuestro no es verdad
que duele
que sabes que pa mi no hay más verdades que quererte
sabes que no hay mas
pa mi no hay nada mas que nuestro despertar,
déjame verte
que duele
que sabes que pa mi no hay más verdades que quererte
sabes que no hay mas
pa mi no hay nada mas que nuestro despertar,
déjame verte
lunes, 10 de diciembre de 2007
Unidades próximas a quedar libres

Hay cosas que no merecen la pena. Lo sé, pero cómo distinguirlas de las que sí. Cuando tomo una decisión pasa algo y me tengo que echar para atrás. No sé si debo continuar. Debería detenerme y esperar, pero ya estoy cansado. Demasiado, por eso ahora intento ir hacia adelante sin mirar demasiado lo que dejo tras de mí.
Es complicado asumir que te han borrado de un “plumazo”. De un día para otro, que no llegas ni siquiera a ser un bonito recuerdo. Que todo son palabras vacías, para justificarse ante si mismo. Y a pesar de todo, aún estás ahí. Sigues aferrado a algo que no existió, porque sabes que las mentiras no existen.
Después luchas y deseas encontrar un taxi. Otro. Unidades libres o próximas a quedar libres y no lo hallas. En los días de fiesta es difícil.
Es complicado asumir que te han borrado de un “plumazo”. De un día para otro, que no llegas ni siquiera a ser un bonito recuerdo. Que todo son palabras vacías, para justificarse ante si mismo. Y a pesar de todo, aún estás ahí. Sigues aferrado a algo que no existió, porque sabes que las mentiras no existen.
Después luchas y deseas encontrar un taxi. Otro. Unidades libres o próximas a quedar libres y no lo hallas. En los días de fiesta es difícil.
Pdt. ¿Qué haría Penélope la de Ulises en estos casos?
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