lunes, 9 de septiembre de 2019

Decidir

Dejar que pase, sin más. Esa también es una forma de decidir. Era, sin duda, la que mejor se le daba. No podía hacer nada. Solo eso, ver como pasaban los días, los meses, los años… Había olvidado tantas cosas, que poco a poco había ido perdiendo las ganas de todo. Por eso, ya no combatía, era esa hoja seca que avanza arrastrada por el viento…

Maldición, de Lola Índigo y Lalo Ebratt.

Pd. El contador dice que ya son 1.493 entradas...

domingo, 1 de septiembre de 2019

Ni siquiera en las salas de espera

Qué difícil es ser la otra, la que no tiene ningún derecho. Estar siempre esperando una llamada, un ratito fugaz. Un instante. No poder estar en los malos momentos, no poder llorarte o simplemente acompañarte en tu travesía por el desierto. Ni siquiera en las salas de espera me dejaron estar. Viéndolo todo desde la distancia y sin poder saber. Esto no es algo que se busca, aparece y ya. Quizá siempre cupo la posibilidad de rebelarme, pero no supe, no quise. Se es y ya está, sin más. La otra, qué mal suena en verdad. Fueron tan escasos los buenos ratos, que ya casi que no existen. El silencio es ahora el que lo cubre todo. No poder decir, no poder llorar, no poder gritar… Solo callar, callar y agachar la cabeza porque, aunque nadie lo sepa, soy la otra.

martes, 27 de agosto de 2019

Y si fuera una playa...

Si fuese una playa, no sería una de esas playas paradisíacas, una de las que da igual lo que avances que el agua no cubre más arriba de las rodillas y las olas apenas mueven el viento. Me gustaría, pero no, no sería una de esas playas color turquesa y tan amable como el tendero del kiosco de Doña Rosita. Sin dudarlo, creo que si fuera una playa, sería una de esas llenas de rocas y en las que el escalón, siempre cerquita de la orilla, te impide dar pie. Más que de corrientes traicioneras, que no, de tacto áspero. Incómoda, difícil, como la vida que nos ha tocado. De las que hay que llevar sandalias cangrejeras para que las plantas de los pies no se te resientan. Y es que hay dolores que nunca sanan…

Escúchame, de Camela.

viernes, 23 de agosto de 2019

Gotas constantes de odio

Aquello no era rencor, pero no podía olvidar todo lo que le habían hecho. Había pasado página, pero había días en los que podía recitar todos y cada uno de los insultos, de las afrentas y de los feos. No es que hubiera sido un mártir, o por lo menos no lo creía, pero no se lo habían hecho pasar nada bien. No había habido golpes, ni palizas, solo una gota sutil y constante de odio que no le dejaba estar tranquilo ni un triste día. Cuando menos se lo esperaba, ahí estada la ironía, la pequeña zancadilla, la risita burlona. Le dejaban claro que era distinto, peor y que poco le hacían para lo que se merecía. Estaba solo. Y ese murmullo siempre de fondo. Ese maldito murmullo…

Sucker, de Jonas Brothers.

Pd. Una de cal y otra de arena...

lunes, 19 de agosto de 2019

Que le zurzan

La pasada madrugada hubo movida. Sí, y de las gordas. Eran como las cuatro cuando un estruendo despertó a medio barrio. Bueno, solo a las doñas de mi edificio, el resto siguió durmiendo como si nada. Al parecer, según pude contrastar con mis fuentes (las doñas) al día siguiente, Zacarías vino un poco mareado y comenzó a armarla como siempre. Mira que es patoso. Se tropezó con la planta del rellano y le vació toda la tierrita al pobre ficus, tan bonito que estaba. Y cuando en la escalera todo volvió a la silencio fue cuando realmente se montó. Mitad de la casa de al lado se vino abajo. Desde hacía mucho tiempo, todo el vecindario exigía al alcalde que hiciera algo con aquella casa porque cualquier día iba a ocurrir una desgracia. Se caía a cachos. Y así mismo fue. No quedó un bloque en pie. Bueno en realidad, se calló un pequeño techo y los ocupas tuvieron que desalojar. A primera hora ya estaba la policía local, a la que nadie llamó, vallando y acordonando la zona… Y ahora las doñas, mis doñas, están que no viven, con la preocupación en el cuerpo. Porque aquí nadie hace nada y para lo que pudo haber pasado, no pasó nada… Y ahora nuestra manzana está horrible, que parece que no vive gente, con esas mallas negras. ¿Dónde va a aparcar ahora Tinín, que siempre tenía el sitio cogido? Ni que fuéramos del tercer mundo. En fin, que todos son unos ladrones, que solo quieren coger y al pueblo que le zurzan.

Pa dentro, de Ana Mena y Sean Kingston.

Pd. Cualquier parecido con la realidad es pura casualidad...