lunes, 12 de septiembre de 2011

Está aquí

El pequeño Matt levantó las orejas al mismo tiempo que abrió los ojos todo lo que pudo. Después encendió la luz de un salto y el corazón le comenzó a galopar tanto que casi se le sale por la boca. Salió disparado de la habitación del fondo hacia la puerta, bajó las escaleras dando brincos y se tropezó con la calle, llena de aire para respirar. La bombilla de la farola estaba apagada pero le dio igual, la oscuridad no le impedía saber que había llegado. ‘Está aquí, está aquí, está aquí’, repetía una y otra vez entre risas y fiestas. Doña Eustaquia se asomó asustada al balcón preguntando a gritos por lo que sucedía a estas horas de la madrugada. Las ventanas se iluminaron poco a poco hasta que todo el barrio estuvo despierto. Las estrellas comenzaron a bailar como si fuese la noche de San Lorenzo y a los girasoles del parque les dio por brillar a ratos. Una ambulancia acompañó la algarabía con su sirena y la carretilla del barrendero tocó la pandereta. Al final todos estaban felices. ‘Por fin el amor ha regresado y quiere quedarse’, anunció Matt.


Pdt. Regresa el grupo No te va gustar con 'Simplemente yo'.

domingo, 11 de septiembre de 2011

El primer paso

Le despertó el olor a fritanga del segundo. Miró de reojo el despertador que implacable marcaba cinco para las doce. La persiana no dejaba entrar la claridad absoluta del sol. Aún le dolía un poco la cabeza y no sabía bien qué día de la semana era. Se arrastró hasta el baño y allí evitó mirarse al espejo. Siempre lo hacía. Hacía demasiado tiempo de la última vez. Se lavó la cara rápido y se arregló el pelo encomendándose a los años de buen tino. Sintió algo en el estómago. Un tímido ardor que le subió por la garganta y comenzó a hacerle sentir bien. Después abrió los ojos y se miró. Todo estaba en su sitio y se detuvo en los ojos. Estuvo un buen rato hasta que perdió la noción del tiempo. Quiso redescubrirse, conquistarse batalla a batalla. Supo que había estado demasiado tiempo en un tren que ya no partía a ninguna parte y que sólo debía cambiar de andén. No sería fácil, pero hoy había dado el primer paso.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Esquivando la verdad

Comenzó a responder despacio, con calma, y tuvo la sensación de que no era él quien hablaba. Amable comenzó a explicar por qué la Luna parecía triste a este lado del Atlántico y también por qué su cama ahora estaba vacía. Su alocución duró unos segundos, los justos para dejar satisfecho al inquisidor, que le permitió ir en paz. Después del silencio regresó a casa sin mirar los detalles del camino. Cuando quiso darse cuenta ya estaba en la ducha, apenado de regresar a la guerra. El agua fría le calmaba las heridas y deseó marcharse una vez más. Huir. A Amable no le gustaba mentir, pero a veces querer esquivar algunas preguntas le obligaba a esconderse en recovecos imposibles de transitar con la verdad. No podía desvelar su secreto. No lo podía hacer, aún no. Quizá nunca podría. Se inventó un pasado, un novio que partió un buen día a la China, una familia feliz que desayunaba junta los domingos por la mañana mientras leía ‘El País’ y un acento extraño. Construyó un edificio con enredos. Algunas noches se despertaba y le costaba respirar. Una nebulosa de testimonios falsos no le dejaba. Y al final siempre se topaba con su secreto. Se dijo que la de hoy sería la última vez, que no volvería a mentir. Amable salió de la ducha y mientras se secaba con la única toalla seca del planeta se tropezó con un desconocido que le miraba atento. Extrañado se frotó los ojos y los abrió cuanto pudo. Amable se detuvo un instante, pero no se reconoció ante el espejo…

http://www.youtube.com/watch?v=vxqq9clDl88

Pdt. Suena Luis Miguel y su 'Culpable o no'.

martes, 6 de septiembre de 2011

sábado, 3 de septiembre de 2011

Imaginando que mantenían una conversación

La primera vez que le vio, Saxo estaba sentado en un banco. En una plaza. En uno de esos que algún día fueron blancos, pero las manchas del tiempo lo habían dejado irreconocible. El sol estaba a punto de salir y el aire olía a la flor de los hibiscos. Nunca olvidará ese olor. La cafetería de enfrente estaba llena. En ella se juntaban los recién levantados que iban de domingo a pasear el perro con los trasnochados que no querían aún acabar el día. Las nubes amenazaban lluvia, pero había un poco de bochorno. No dijo gran cosa y a veces, con el paso de los segundos, agachaba la cabeza y la escondía entre las rodillas. Después le dejó en casa, sano y salvo. A los pocos días se volvieron a encontrar, pero ya Saxo no le recordaba o eso le hizo creer. Intentó saludarlo, pero no le respondió. Silencio y Bajo quedó detenido en el aire. Han dejado de oírse las trompetas, pensó algo triste. A partir de ese día volvió a encontrárselo muchas veces, pero nunca se atrevieron a cruzar una sola palabra. Bajo le miraba a escondidas y los miércoles por la noche lograba soñar con sus ojos, que se le habían quedado clavados en la memoria. Ahora estaban los dos en aquel local que más que local parecía una caja de zapatos, muertos de calor. Apoyados en la pared miraban al techo, buscando fresco que respirar. Sin querer, Bajo se quedó a su lado imaginando que mantenían una conversación. Al rato alguien abrió la puerta y les tocó irse. Cada uno por su lado, pero sus ojos sabían que tarde o temprano volverían a encontrarse…


Pdt. Llega La sonrisa de Julia con 'El hombre que olvidó su nombre'. Gracias...