miércoles, 19 de abril de 2023
5844 días juntos
jueves, 13 de abril de 2023
La carrera
Corre, corre sin aliento, corre sin descanso. Sin nada que alcanzar. Desde hace meses se siente como en una competición sin premio ni meta. Como si no hubiera nada más adelante. No lo piensa siempre, solo en los tiempos muertos, justo antes de dormir o al despertar. En la hora de la comida y también en la del descanso. Mira a su alrededor y no hay nada. Un enorme hueco en mitad del piche. Su vida ahora es como si fuese una lavadora sin el botón de terminar, siempre centrifugando la ropa sin descanso. La ropa desgastada, el suavizante yéndose por el desagüe y la manguera del agua corroída por la cal. No hay última curva, ni tampoco carril rápido, en su carrera solo hay olvido. No oyó el pistoletazo de salida, tampoco la salida en falso. No ve a los jueces que sacan tarjetas de colores, ni liebre a la que perseguir. Se queda sin aliento, su cabeza no tiene descanso. Desde hace meses, no hay nada.
lunes, 13 de marzo de 2023
sábado, 25 de febrero de 2023
Que nada te toque
Cuando las luces se apagan, no queda nada. Así, día tras día. Llegas a la oficina a las ocho y desconectas como si fueras otra persona distinta hasta las cuatro. Ríes, hablas, comentas, escribes, escuchas… A las cuatro y cinco regresa el vacío, la inmensidad de la nada. Los regresos son terroríficos. Un desierto en el que solo hay suciedad y polvo. Y no quieres mirar atrás porque es como si te abrieran en canal, como si te partieran en dos y ese dolor no te deja vivir. Ya no quieres. Es tan inmenso que no hay vida, ni muerte. Se te agolpan los recuerdos, los buenos y también los malos y las lágrimas se desbordan. Sin ton ni son, imparables. Sin que pase nada extraordinario, solo los segundos en el reloj de la cocina. Tic tac, tic tac. Y lloras, y ya solo quieres una cosa: dormir. Acostarte en la cama libre de todo lo que pueda suceder, sin que nada te toque, sin que nada te dañe. Bajo el edredón estás a salvo de lo malo, de la tristeza. Y quieres que los días se sucedan, que el tiempo no se detenga, que avance, aunque ya el calendario no te importe. Protegido bajo las sábanas, ya todo da igual...
martes, 21 de febrero de 2023
Salto de generacional
viernes, 6 de enero de 2023
Un rinoceronte que ronca
domingo, 1 de enero de 2023
Ya no venden escobas
martes, 20 de diciembre de 2022
Ojalá
jueves, 8 de diciembre de 2022
Incapaz
A veces me pregunto por qué continúo luchando. ¿Por qué? Desde hace tiempo me ronda la cabeza esa idea. Maldito pensamiento. Me pregunto por la razón por la cual quiero seguir estando, aunque en ese sitio se empeñen en no quererme. Quizá sea orgullo. Mal entendido, pero orgullo. Me da rabia que se salgan con la suya. He dado tanto, he sacrificado tanto por estar, que por el camino casi se me ha olvidado vivir. Si contase todos los feos, todas las zancadillas, todas las putas desilusiones. Si lo contase todo, ardería Troya. Ese sitio es como un oasis del desierto. De lejos parece el lugar más maravilloso del mundo, pero a medida que te acercas se te va imponiendo. Ante tus ojos se yergue un gran edificio de más arena, de más desierto. Sin palmeras, ni agua. Da un poco de sombra, la suficiente para seguir vivo sabiendo que ese es tu infierno. Y es ese miedo a dejar de ser, a morir el que mantiene quieto, estático. Sin vislumbrar otro horizonte. ¿Y si no te quieren por qué continúas? ¿Por qué? Si a cada paso que dan, te hunden un poco más. No te quieren. Cada email es un nuevo disparo y cada comunicación una bofetada bien dada. Desde el cariño, desde su cariño, pero bofetada. Y me sé derrotado, lleno de falsas ilusiones. Incapaz. Y todo se me atraganta en el pecho y a veces me cuesta respirar. El futuro es como un impresionante abismo al que caeré. Me aterra, las piernas no dejan de temblarme. A veces caigo, lo hago tanto que me despierto justo antes de tocar suelo. Justo al lado, hay una pareja de mendigos. Duermen todas las noches allí, escondidos del ruido, de la ciudad. Han puesto un tablón para que el frío no se les cuele por la espalda. Lo han colocado como si fuera una hamaca. Y allí están todas sus cosas. Un par de mochilas y nadie les mira a la cara. Allí viven y yo no quiero. No quiero. Ojalá pudiera seguir, ojalá pudiera ver más allá. No debo estar donde sé que no me quieren. Lo sé. Hay dolores que son demasiado grandes para verbalizarlos…
Ya no te hago falta, de Sen Senra