miércoles, 19 de abril de 2023

5844 días juntos

Mira que en este tiempo he escrito cosas. Este blog celebra 16 años de vida. Una tarde de abril de 2007 me dio por comenzar a publicar y aquí continúo. Recuerdo aquellos días, tan emocionantes. La vida ha cambiado tanto, aunque algunas cosas siguen, permanecen. La vida tiene sus requiebros y dejar de escribir sería como dejar de ser un poco yo. En esas estoy, construyendo y deconstruyendo todo el rato. Siendo, dejando de ser y volviendo al principio. Si miro atrás ya no me duele lo que leo. Ojalá todo lo que venga sea mejor. 
 
Un abrazo grande y gracias por leer.


jueves, 13 de abril de 2023

La carrera

Corre, corre sin aliento, corre sin descanso. Sin nada que alcanzar. Desde hace meses se siente como en una competición sin premio ni meta. Como si no hubiera nada más adelante. No lo piensa siempre, solo en los tiempos muertos, justo antes de dormir o al despertar. En la hora de la comida y también en la del descanso. Mira a su alrededor y no hay nada. Un enorme hueco en mitad del piche. Su vida ahora es como si fuese una lavadora sin el botón de terminar, siempre centrifugando la ropa sin descanso. La ropa desgastada, el suavizante yéndose por el desagüe y la manguera del agua corroída por la cal. No hay última curva, ni tampoco carril rápido, en su carrera solo hay olvido. No oyó el pistoletazo de salida, tampoco la salida en falso. No ve a los jueces que sacan tarjetas de colores, ni liebre a la que perseguir. Se queda sin aliento, su cabeza no tiene descanso. Desde hace meses, no hay nada.

sábado, 25 de febrero de 2023

Que nada te toque

Cuando las luces se apagan, no queda nada. Así, día tras día. Llegas a la oficina a las ocho y desconectas como si fueras otra persona distinta hasta las cuatro. Ríes, hablas, comentas, escribes, escuchas… A las cuatro y cinco regresa el vacío, la inmensidad de la nada. Los regresos son terroríficos. Un desierto en el que solo hay suciedad y polvo. Y no quieres mirar atrás porque es como si te abrieran en canal, como si te partieran en dos y ese dolor no te deja vivir. Ya no quieres. Es tan inmenso que no hay vida, ni muerte. Se te agolpan los recuerdos, los buenos y también los malos y las lágrimas se desbordan. Sin ton ni son, imparables. Sin que pase nada extraordinario, solo los segundos en el reloj de la cocina. Tic tac, tic tac. Y lloras, y ya solo quieres una cosa: dormir. Acostarte en la cama libre de todo lo que pueda suceder, sin que nada te toque, sin que nada te dañe. Bajo el edredón estás a salvo de lo malo, de la tristeza. Y quieres que los días se sucedan, que el tiempo no se detenga, que avance, aunque ya el calendario no te importe. Protegido bajo las sábanas, ya todo da igual...

martes, 21 de febrero de 2023

Salto de generacional

Todos eran pequeños, jóvenes. Tan ajenos a mí… Con sus dramas, con sus códigos, sin mí. Volví a los juzgados, a ese maldito lugar en el que te escrutan, como si fueras una pieza de ganado a la que hay que dar el visto bueno. Como si hubiera regresado al pasado, pero sin canciones de La Casa Azul. Solo de Bud Bunny. No quiero, nunca quise. Me irritaba tanto el examen, las deliberaciones, el suspenso… Durante un instante miré al suelo, el tenis se me deslizaba, había fango. También orines, algo de tónica, vasos de plástico y muchas plumas de marabú. Quise morirme. Fue solo un instante, una sensación, un escalofrío. Luego miré de frente, a la pared gris, di media vuelta y bailé...
 
Tití me preguntó, de Bad Bunny


 

viernes, 6 de enero de 2023

Un rinoceronte que ronca

Soy el que huye. El que no pudo vivir donde le tocó. Aunque todo lo suyo estuviera allí, no pudo. Le gustaría ser el que lucha, el que se queda, el que, cual leona, muerde defendiendo lo que quiere: Morir o matar. Valiente. Ahora soy el que ya no está, el que se ha perdido. Y el que confía en que todo pase, pero eso no es suficiente porque de a poco se está disipando. Se desdibuja cada vez que anochece, cada minuto que pasa es un poco más difícil hallarlo. Solo, un rinoceronte que ronca. Cuando le gritaban no decía nada, seguía andando. Cuando le insultaban, también. Cuando se reían. Golpes del alma, que son los que más duelen porque nunca sanan. Y no tiene a quién pasarle la factura. Dejaron de hacerlo cuando lograron que dejara de salir. Lo veía todo desde un ventanuco mientras las heridas se le ensanchaban, se me ensanchaban. Las conversaciones con los que se le quedaron ahora se le achican. Le gustaría que no. Busca, rebusca, pero no hay nada común, nada de lo que hablar. Y la amargura no se me quita. Los valientes se quedaron, yo estoy muerto.
 
Mío, de Paulina Rubio.
 
Pd. Una propuesta: Los fuertes (2019), una película de Omar Zúñiga con Santiago González y Antonio Altamirano.

domingo, 1 de enero de 2023

Ya no venden escobas

Las persianas están bajadas. No entra la luz. Es uno de enero, pero hace sol. Como si fuera verano. No se ven nubes a lo lejos, tampoco cerca. Dentro comienza a imponerse la penumbra. En pocos minutos no se verá con claridad y habrá que encender la lámpara del salón. La que no alumbra casi nada porque uno de los bombillos está fundido y nadie lo ha cambiado. Se quedó ahí, acaparando polvo. Solo. Y a nadie le importa. Los días se suceden. Uno tras otro. Hace tiempo que nadie traspasa el portal, los goznes de la puerta chirrían por la inactividad. Los lunares me saben a soledad. Las arrugas de la cara, las de la frente y las que me franquean los ojos también. No es un sabor agradable, duele. He entreabierto la ventana, por si entra algo de aire. También tierra. Si esto fuera una gran ciudad habría hollín. Pero no lo es. Y tanto que no lo es. A veces se me olvida barrer. Creo que ya no venden escobas y por eso ahora todo es peor, más triste. No las fabrican y eso, irremediablemente, es algo que me fija la pena a la piel. Mi vida. Todo lo que veo. Es como si me rodeara una nube de dolor, que me acompaña allí a donde voy. Tiznada de aflicción y desconsuelo.
 
Vamos a olvidar, de Soleá Morente y La Casa Azul
 
 
Pd. Feliz 23.

martes, 20 de diciembre de 2022

Ojalá

Ojalá hubiera recetas mágicas. Ojalá. Son como fogonazos, disparos inesperados. Insospechados. No sabes ni cuándo van a aparecer ni de dónde vienen. Solo que te alcanzan. Tal vez por la mañana mientras desayunas tostadas o por la tarde justo al bajar de la guagua. Ojalá supiera cuando esta pena pasará. La mayor parte del tiempo estás bien. Lo estás. Caminas, respiras, te mueves. Tienes dos manos y dedos en los pies. La mayor parte del tiempo es así, pero no todo. Como si fueras a todas partes con la mascarilla puesta, sin poder respirar bien. Con la cinta apretándote justo detrás de las orejas. Ojalá llegara alguien y me sanara. El pecho te aprieta y tratas de zafarte. Te cuesta. No hay nada tras el cristal…
Felices fiestas 

jueves, 8 de diciembre de 2022

Incapaz

A veces me pregunto por qué continúo luchando. ¿Por qué? Desde hace tiempo me ronda la cabeza esa idea. Maldito pensamiento. Me pregunto por la razón por la cual quiero seguir estando, aunque en ese sitio se empeñen en no quererme. Quizá sea orgullo. Mal entendido, pero orgullo. Me da rabia que se salgan con la suya. He dado tanto, he sacrificado tanto por estar, que por el camino casi se me ha olvidado vivir. Si contase todos los feos, todas las zancadillas, todas las putas desilusiones. Si lo contase todo, ardería Troya. Ese sitio es como un oasis del desierto. De lejos parece el lugar más maravilloso del mundo, pero a medida que te acercas se te va imponiendo. Ante tus ojos se yergue un gran edificio de más arena, de más desierto. Sin palmeras, ni agua. Da un poco de sombra, la suficiente para seguir vivo sabiendo que ese es tu infierno. Y es ese miedo a dejar de ser, a morir el que mantiene quieto, estático. Sin vislumbrar otro horizonte. ¿Y si no te quieren por qué continúas? ¿Por qué? Si a cada paso que dan, te hunden un poco más. No te quieren. Cada email es un nuevo disparo y cada comunicación una bofetada bien dada. Desde el cariño, desde su cariño, pero bofetada. Y me sé derrotado, lleno de falsas ilusiones. Incapaz. Y todo se me atraganta en el pecho y a veces me cuesta respirar. El futuro es como un impresionante abismo al que caeré. Me aterra, las piernas no dejan de temblarme. A veces caigo, lo hago tanto que me despierto justo antes de tocar suelo. Justo al lado, hay una pareja de mendigos. Duermen todas las noches allí, escondidos del ruido, de la ciudad. Han puesto un tablón para que el frío no se les cuele por la espalda. Lo han colocado como si fuera una hamaca. Y allí están todas sus cosas. Un par de mochilas y nadie les mira a la cara. Allí viven y yo no quiero. No quiero. Ojalá pudiera seguir, ojalá pudiera ver más allá. No debo estar donde sé que no me quieren. Lo sé. Hay dolores que son demasiado grandes para verbalizarlos…

Ya no te hago falta, de Sen Senra

martes, 6 de diciembre de 2022

Camino, busco, espoleo

No hay. 
Sueños. 
Dolor. 
Esa maldita sensación de no saber cuál es el camino correcto. 
De que los errores sumen y sean insalvables. 
Insuperables. 
No te oigo, habla más alto. 
Tómate una infusión. 
¿Qué es lo que realmente quieres? 
¿Lo que tú y solo tú quieres? 
Vacío. 
Todo se ha diluido por el desagüe. 
No, se ha evaporado. 
Los huevos están guisados. 
Camino, busco, espoleo. 
Sigo como dormido, perdido. 
Tantos nombres que no sirven para nada. 
Tristeza. 
El plan infinito de Isabel Allende. 
Andamos, frío, calor. 
Todo a la vez. 
La vela titila, me adormece, me tranquiliza. 
Mañana. 
Otro día. 
¿Habrá aire?