viernes, 22 de septiembre de 2017

Verdades que nunca dejan de lastimar

Hay heridas que nunca cicatrizan o lo hacen muy mal. Hay dolores que nunca sanan, igual que hay verdades que nunca dejan de lastimar. Así son las cosas y así han sido siempre. Aquel martes de marzo despertó dándole vueltas a todo esto. Todo quedaba atrás, pero seguía ahí atravesado en su garganta. No lo podía echar, ni tampoco tragárselo. Había días en los que creía que se quedaba sin aire, tan necesario a veces para vivir. Y así no podía seguir…

Que se mueran de envidia, de Dani Martín y Carla Morrison.

Pd. Cuántas canciones bonitas, cuántas palabras, cuántas voces...

martes, 19 de septiembre de 2017

El juglar

Había una vez un juglar. No era demasiado alto, pero sí fuerte y grácil. Era bastante ágil con la lengua y más con los puños, le habían salvado de más de un apuro. Vivía vagando de pueblo en pueblo contando historias. Tenía chispa, se cruzaba con un desconocido y al segundo ya estaba narrando historietas que dejaban a su audiencia noqueada. Hizo siempre lo que quiso, conoció lugares insólitos y probó manjares insospechados, pero ahora necesita tranquilidad...

River, de Leon Bridges.

Pd. Bonita canción para este septiembre, aunque apenas quede nada de él...

viernes, 15 de septiembre de 2017

Éste nunca será su hogar


La marquesa hizo una teatral pausa antes de borrar de su rostro cualquier vestigio de la anterior sonrisa; su boca se afiló en un corte recto. Pero si lo que se ha creído es que con esto gana una familia, déjeme decirle que se equivoca. Usted no pertenece a este lugar y ni todas las cláusulas de propiedad del mundo pueden cambiar eso. Éste nunca será su hogar, ni la mía su familia, salga de mi casa y no regrese nunca.

Todo esto te daré, de Dolores Redondo.

Los tejados, de Cómplices. 

martes, 12 de septiembre de 2017

Repaso

Se me había pasado hacer un repaso de algunas canciones que han andado por aquí. Va siendo hora rescatar alguna. Espero que te gusten... «Always alrignt», de Alabama Shakes; «La media vuelta», de Luis Miguel; «Something just like this», de The Chainsmokers & Coldplay; «NM», de Niños Mutantes; «Despacito», de Luis Fonsi; «Only you», de Yazoo; «Only you», versión de Selena Gómez; «Get away», de Latasha Lee; «Your cheatin’ heart», de Patsy Cline; «Cold little heart», de Michael Kiwanuka; «Cuando no me ves», de Love of lesbian; «Super rich kids», de Frank Ocean; y «Hands around my throat», de Death in Vegas.

viernes, 8 de septiembre de 2017

El marino

Simbad el marino era un chico agradable. Lo era, aunque en realidad no se llamaba así. Le decían Simbad porque en el fondo querían llamarlo de otra manera menos amable, pero no podían por esa tontería tan recurrente de la educación. Todos lo definían así, como un tipo agradable, aunque ninguno pudiera soportarlo más de diez minutos seguidos. Al que dijera lo contrario, probablemente le arrastraría antes o después la corriente. Nadie quería quedarse en la calle. Le gustaba decir que apostaba por la simbiosis, que era un joven de equipo, de grupo y trabajo colectivo. Y ahí estaba la clave, a veces tenemos un discurso y llevamos a la práctica el contrario. Eso era justo lo que le pasaba a él, Simbad el marino decía todas esas cosas, pero a la hora de la verdad no le molaba despertarse a las seis de la mañana, tampoco le salía del potorro hacer nada para colaborar con el otro, salvo cuando había que camelarse a alguien. Y así había sobrevivido varios años y no le iba nada mal. Gracias a su dejadez y vagancia, había logrado cargarse a unos cuantos compañeros. Ellos también pensaban que Simbad el mario era un chico agradable.

Susanna, de Art Company

Pd. Tras la noche del diablo, la virgen siempre calma las aguas...

martes, 5 de septiembre de 2017

Las chicas de agosto

Ella es rubia, todopoderosa. La otra, pelirroja, amargada porque de pequeña decían que era una bruja por el color de su pelo. Después estaba La suelta, que cada noche se iba con uno diferente porque tenía miedo a que alguno la quisiera de verdad. Siempre terminaban en casa de la profesora, feliz y dicharachera, inocente de tanta infidelidad a la que la sometía su amante esposo. Unos días, siempre entre semana, se les unía La orangután, una chavala divertida pero con menos estilo al andar que un tonel de vino. Ninguna soportaba a Marieta, pero ésta falsa y con pocas luces iba diciendo que todas eran como hermanas y contra la masa era muy complicado luchar. El grupo se completaba con Sandra La coja, mujer prepotente e insoportable donde las haya. La coja no por discapacidad física sino porque cada vez que se tomaba un gin tonic de más se iba a por las lesbianas del PP, católicas y de derechas… Así eran las chicas de agosto, aunque ninguna de ellas lo supiera, enfrascadas al ciento por cien en la vida que vivían.

Super rich kids, de Frank Ocean.

Pd. Quién sabe qué pasará hoy...

viernes, 1 de septiembre de 2017

El presidente...

Dice que todo lo cura, que hay un remedio que es capaz de rescatarte de todos los entuertos. Unos hablan de una planta milagrera, otros de unas aguas benditas. Los más avispados optan por la refriega. Aquel día en el que el presidente la fastidió, no optó por ninguno de estos remedios, hizo caso a sus asesores y tiró para adelante. No reflexionó ni una pizca. Con lo fácil que hubiera sido pedir perdón y asumir el error, pero ellos prefirieron atacar y como no tenían argumentos tiraron a dar en los tobillos del adversario. No se dieron cuenta de que en aquella batalla, nada tenían que ver los otros, porque esta vez era cosa de la gente que se moría…

Me llamas, de Piso 21

martes, 29 de agosto de 2017

Pendientes

Sé que había algo pendiente. Lo sé, pero no recuerdo qué. Debe ser el buen tiempo o lo ocupado de los días. El trajín diario es lo que tiene, no nos deja ver más allá. Nos anega y nos impide respirar. Quizá sea eso, respirar. A veces se me olvida. No, creo que no, lo hice hace un par de días. Tal vez, comprar cosas, que es algo que siempre relaja. O limpiar el salón, que está lleno de polvo. Sé que se me olvida algo, pero no hay manera… No me viene a la cabeza…

Cold little heart, de Michael Kiwanuka.

domingo, 27 de agosto de 2017

Ellos solo eran un lastre (IV)

Comenzaron a llamarla de una gran emisora local de radio, la que lo controlaba todo, para participar en sus programas. Les interesaba, según le dijeron, su opinión de las cosas. Pero era una trampa. Sí, la escuchaban y la dejaban hablar, pero su novio Capitán Li perdió su empleo. Circunstancias de la producción, le dijeron. Después en el bar donde cada tarde jugaba al dominó a su padre dejaron de saludarle. En misa todas se compadecían de su madre, con una hija así es normal que estés más delgada. Los disgustos es lo que tienen. Resignación, querida, que todo pasará pronto. La maquinaria del poder había tejido una tela de araña perfecta hasta que lograron asfixiarla. Su trabajo quedó para el recuerdo como un oasis en el desierto, como algo anecdótico... Sin fuerzas dio un paso a un lado, pero ella seguía llamándose María del Carmen y nunca olvidó todo lo que aprendió aquellos tristes años. Sola, sin empleo y pobre siguió viviendo en su misma casa, aquella donde las paredes se iban entristeciendo poco a poco. No había ascensor y el casero no quería arreglar las humedades. Pero en el fondo le daba igual porque ellos nunca pudieron arrebatarle la esperanza de que todo fuera mejor.

Revolución, de León Benavente.

Pd. Y hasta aquí este pequeño repaso a lo sucedido. Durante los últimos domingos hemos tratado de recordar. La lucha contra el olvido es hoy como siempre fundamental...

viernes, 25 de agosto de 2017

Canciones en agosto



A punto de morir este mes de agosto, de morir o de pasar a mejor vida. Buen momento para recordar algunas de las canciones de las últimas semanas o de las que están por venir. Comenzamos: All good things (come to an end), de Nelly Furtado; Forever and ever, amen, de Randy Travis; In the good old days, de Dolly Parton; Hurt, de Johnny Cash; IMT, de Love of Lesbian; Way down we go, de Kaleo; Haz conmigo lo que quieras, de Marlon; CSN, de Lágrimas de sangre; Runrún, de Nacho Vegas; No hay tanto pan, de Silvia Pérez Cruz; Revolución, de León Benavente; y Julie, de Levellers. Creo que esta vez hay un poco de todo, como debe ser…

martes, 22 de agosto de 2017

A todo lo que da

Dame más. Lo quiero todo. No me voy a conformar con menos. Lo necesito, es lo único que a estas alturas me alimenta. Nada de medias tintas. Preciso tu amor completo, sin medias verdades. A todo lo que da…

Get away, de Latasha Lee.

domingo, 20 de agosto de 2017

Ellos solo eran un lastre (III)

Si los suicidios de sus conocidos hubieran ocupado la mitad de espacio en los informativos que el de los acusados de tanta tropelía otro gallo hubiera cantado, pero de ellos pocos se acordaban con el paso del tiempo. Pronto comenzó a notar que todo aquello, luchar por los suyo, le costaría demasiado caro. La clase media y sus gobernantes no le perdonarían nunca que los hubiese dejado en evidencia. Ellos, los otros, jugaban con ventaja: había muchos que seguían teniéndoles medio, sin darse cuenta de que cuando ya no te queda nada, nada pueden quitarte. También controlaban los resortes y sabían perfectamente cuando dar zanahorias y cuando asestar los golpes. Podrían dar diez, pero solo daban dos y dejándote claro que era por su gracia. Hubo tantas mentiras, tantos engaños, tantos tormentos, que Cacarmen comenzó a doblegarse. No eran suficientes los abrazos de las madres que tenían, gracias a su esfuerzo, una cama donde dejar dormir a sus niños. Tampoco que todos la saludasen y le diesen apoyo cuando bajaba a comprar el pan...

No hay tanto pan, de Silvia Pérez Cruz.

Pd. El próximo domingo terminamos estas entregas que dibujan algunas cosas de las que han pasado en los últimos diez años en España...

viernes, 18 de agosto de 2017

Teles de Telesforo

Lo tenía todo, pero no se daba cuenta. Teles, no le gustaba que le llamaran Telesforo, había nacido en el seno de una familia acomodada, medio alta. De esas que nunca se ocupan de los problemas de la vida diaria, entre semana trabajaban y los fines de semana se iban a comer a un restaurante… 

martes, 15 de agosto de 2017

Las navajitas

Aquel agosto era un no parar. Era lo que les tocaba por vivir en las medianías, desierto de actividad durante el periodo estival. Por aquel pueblo no pasaba «ni el Tato», como le gustaba decir a Marita. Y en éstas era normal que el grupo de las «navajitas», por su amor incondicional a Navajita plateá, intentara buscar alivio en cualquier parte. Allí donde había un poco de meneo, allí intentaban estar ellas. No siempre era fácil conseguir el permiso de sus padres, pero con la excusa de que iban todas juntas, siempre aflojaban. El próximo objetivo era lograr estar en la romería de San Nicolás de Bari, que sin duda era la mejor fiesta del verano. Puri fue la que más problemas tuvo de las cuatro, ya que a su padre Filemón no le hacía ni pizca de gracia que su pequeña anduviera a las tantas, triste y sola, rodeada de una manada de lobos. Cuando el argumento de que iban todas, no funcionó tiró del llanto y de la promesa de que irían todo el rato con la madre de Solveida, sin separarse un mínimo instante. Claro está, la madre de Solveida, inocente, estaba de vacaciones en Maragatos, a miles de kilómetros de allí. Al final, llegó el día y se pasaron toda la mañana preparándose en casa de Marita. La primera en llegar fue Mariví, que había ido en bicicleta con su mochila, que pesaba un quintal. Después llegó Solveida revolucionándolo todo, la había llevado Suso, su hermano, y no perdió la oportunidad de intentar encasquetárselo a Mariví. La última, una vez más, Puri, que no perdió la costumbre de hacerles saber que era un alma en pena. Las cuatro tenían ganas de fiesta y es que Marita cumplía quince. La oportunidad bien valía una botella de ron, que se bajarían entre las cuatro para congraciarse con aquel verano tan muermo en el que estaban atrapadas. A las cuatro de la tarde salieron ataviadas con los trajes típicos, incómodos y que las asaban, porque desde la calle Tino no paraba de tocar la pita. Tino era la última conquista de Marita, al que más pronto que tarde ella daría el pasaporte porque era de las que creía que la vida había que vivirla. Entre pitos y flautas llegaron un poco tarde, la romería ya había salido, y Mariví se puso de morros. Ella es así, la remedaban a sus espaldas. La botella comenzó a bajar y cuando ya no hubo más, se pasaron a mendigar entre las carretas por un poco de vino peleón. El botín les sirvió para medio llenar su botella de nuevo. Sentían que juntas, las «navajitas» podrían con todo. Cuando llegaron a la plaza del pueblo y el santo entró en la ermita ya ni se conocían. Estaban en lo más alto: bailando, riendo, sintiendo que todo era posible. Y en mitad de la euforia Mariví vio a Gloria, una cuarentona de por allí, que se la llevó a un apartado. Entre unos coches a medianoche, la besó y la acarició como siempre pensó que la besaría su príncipe azul. Y en mitad de la euforia tuvo miedo, se apartó y rechazó a aquella marimacho que tenía un par de hijos y siempre tenía pinta de borracha. Prefirió no pensar, regresó al bullicio de la nada, a los gritos y a las risas. Volvió con Puri, a la que ya le dolían los pies, y a Solveida, que tenía el periscopio puesto porque no quería quedarse sola, aunque se moría por comerse a Sulliván. Él prefería a las guapas y eso que a ella solo le faltó arrodillarse. Mariví buscó la botella que cargaba en la mochila y tomó el último sorbo sin respirar. Nada sabían de Marita, que siempre desaparecía en aquellas fiestas. Mariví buscó aire, miró a las estrellas y cuando a punto estuvo de llorar sonó su canción favorita. Durante aquellos tres minutos dejó de sentirse sola y bailó. La noche, aquella noche que ponía punto y final a su verano, menguaba. El miércoles comenzarían las clases y con ellas la maldita rutina del invierno. Cuando la música se apagó definitivamente fueron a por unos perritos calientes, hacían tiempo para que llegaran Marita y Tino, que eran los encargados de llevarlas a casa. Cuando todos se habían ido, la parejita regresó con más ganas de marcha. No sabían de la hora, solo sabían del amor, del verano y de la vida. Puri, Solveida y Mariví subieron al coche y les dejaron hacer.

Pitágoras

El objetivo de cada hombre no debe ser llegar a un punto, sino avanzar desde donde está. 
El asesinato de Pitágoras, de Marcos Chicot. 

Only you, de Yazoo.

Pd. Buena reflexión para el puente de agosto. Siempre viene bien, mirar hacia adelante.

domingo, 13 de agosto de 2017

Ellos solo eran un lastre (II)

A las semanas una plataforma de ciudadanos comprometidos giraba a su alrededor. No impidió el desahucio de su amigo Íñigo, pero logró que no se quedase en la calle. Desde aquel momento María del Carmen o Cacarmen como la llamaban sus nuevos amigos dejó de ser clase media para convertirse en pobre. Comprendió del estigma que suponía no tener dinero, algo que hasta entonces nunca había notado. Sin empleo, ni siquiera podías abrir una cuenta en un banco, requisito imprescindible para recibir cualquier ayuda o subsidio. Los desempleados dejaron de ser personas, solo eran lastre. Se envenenaba de rabia cada vez que oía hablar de pobreza infantil, como si esos niños no tuvieran padres y madres también pobres y sin nada de comer en la nevera. Como todos los de su generación leyó a Stéphane Hessel y creyó en que los de abajo podían asaltar los cielos. Eran más y sobretodo, mejores. Algunas noches no podía reprimir las lágrimas, la vida le dolía tanto... Quizá demasiado. Las horas pasaban demasiado lentas y cada pequeña victoria siempre se teñía de amargura…

Runrún, de Nacho Vegas.

Pd. Aquí va la segunda entrega de esta historia. El próximo domingo más...

viernes, 11 de agosto de 2017

Como si importara...

Como si a alguien le importara, aquí sigo escribiendo día tras día, contando cosas que no le interesan a nadie. Acumulando letras y recuerdos, solo eso. Ya no sé ni el tiempo que hace. A veces me gustaría que esto cambiara, que de repente todo fuese para arriba, que siempre es un buen lugar al que van las cosas. También que a la gente le preocuparan estas cosas, que me parasen por las calles para preguntarme, para interrogarme o pedirme cosas. Pero, no es así…

I.M.T., de Love of Lesbian.

martes, 8 de agosto de 2017

De día...

No sé qué día es hoy. Seguro que ha amanecido bueno, con sol y calor. Es la época. La gente debe haberse saludado cordialmente, como si todo fuera sobre ruedas. El cartero ha pasado a su hora y en el estanco están comentando la última de esa famosa tan famosa que nunca ha hecho nada memorable… Han vuelto a bajar el precio de las fresas, aunque me decantaré por los tunos. Cuestión de gustos, supongo. Sí, seguro que hoy es un día genial…

NM, de Niños Mutantes.

domingo, 6 de agosto de 2017

Ellos solo eran un lastre (I)

María del Carmen había sido una chica normal. Lo había sido justo hasta el día en que dejó de serlo. Aquel fatídico día decidió que todo debía cambiar, aunque aquella decisión llegó desde el devenir de los acontecimientos. De pequeña nunca había destacado en exceso, aunque siempre se le vio un especial interés por las causas perdidas, perdidas para algunos, para los mismos que habían dejado de creer en los rebeldes sin causa. Aquel día, el del cambio, se encontró por sorpresa con Íñigo. Aquel muchachito siempre le había gustado, aunque ahora estaba regordete y se le notaba demasiado la caída del pelo y la presbicia. Ella locuaz, como siempre, le invitó a un cafelito en el bar de la esquina y desesperado él aceptó. Durante la charla le contó que el banco les daba unas semanas para abandonar la casa, su hogar... Era una más de tantas víctimas de la crisis, de la puta crisis. Con el tiempo, ella comprendió que Íñigo no era víctima de la crisis, algo etéreo, sino que lo era de unos desalmados de carne y hueso. No pudo resistirse y comenzó a moverse…

CSN, de Lágrimas de sangre

Pd. Todos los domingos de agosto iremos completando esta historia, que es la historia de aquellos que han tratado, tratan y tratarán de que todo vaya un poco mejor.

viernes, 4 de agosto de 2017

Controlándolo todo...

Allí estaba él con su tatuaje en el antebrazo, eran unas letras tan oscuras como extrañas… Estaba observándolo todo, dominándolo todo con sus ojos claros y su sonrisa apabullante. Le vio llegar desde lejos y no le quitó los ojos de encima, lo controlaba. Sonreía mientras seguía sus pasos. ¿Qué pensaría, qué sabría? El otro solo podía defenderse esquivando las miradas y con los brazos –tensos- bien cruzados en su pecho…

In the good old days, de Dolly Parton.

martes, 1 de agosto de 2017

Evolución



Me desperté bañado en sudor,

y recordé esa satisfacción,

de verlo todo con multicolor,

que no es tan grave, tiene solución.

Y no es peor ni mejor, es normal

y el mal forma parte de la evolución,

y no hay dios que nos proteja y salve del dolor…

Evolución, de Lori Meyers