domingo, 29 de diciembre de 2013

Unos por otros

Pasaba la cincuentena y había vivido feliz, creyéndose todopoderoso. A los veinte había dejado su hogar para ir a buscar nuevos mundos y los halló. Estudió como el que más y trabajó duro para lograr algunos inalcanzables. Por el camino se fue encontrando a gentes que le hicieron deshacerse de su pasado. Unos por otros y se creía invencible. Pero todas las historias tienen un final y cuando los que estimaba suyos optaron por dejar de contarle confidencias al oído y alejarse se quedó solo. Irremediablemente solo. Ahí supo que hay cosas que es mejor no abandonar porque al fin y al cabo son las únicas nuestras. Debió regresar al inicio con las orejas gachas. Temía las reacciones de los que había dejado, pero a pesar de sus pesares encontró alegría. Ahora pasaba la cincuentena y no tenía nada, se sabía frágil, pero se sabía feliz.
 

jueves, 5 de diciembre de 2013

La ciudad de los chicharros

El Lucas y la Marta salieron corriendo después de que todo se estropease. Huían de la vida, de su vida, de la que en mala suerte les había tocado. Desde chicos habían intentado vivir, pero la vida les había puesto demasiadas zancadillas. Se conocieron en una parada del tranvía, cuando ya ninguno de los dos esperaba nada. Ella vivía de prestado en el cuarto de una vieja viuda que la ponía a pedir por el mercado los días de diario y él, incansable, rebuscaba entre los contenedores de basura para sobrevivir cada noche. Ambos tenían ganas de seguir vivos y por eso huían de la mediocre ciudad de los chicharros hacia un mundo nuevo. No sabían nada acerca de lo que vendría después. Lo que les impulsaba a seguir corriendo era saber que el sol siempre sale por el este, que siempre hay un mañana. En su marcha escalaban montañas, respiraban aire puro y escuchaban el trotar de los caballos libres. Nunca se detenían. El Lucas y la Marta corrían juntos hacia la libertad.
 

sábado, 30 de noviembre de 2013

Había panza de burro

Un martes a las tres en punto se fue. Un martes a las tres en punto se me fue el amor, la vida. Fue justo después de almorzar. Sí, un martes de verano a las tres de la tarde. Cogió sus bártulos y sin pensarlo, casi sin ruido, me dijo que se iba. Un martes -¡hay que joderse!- a las tres en punto se me rompió el corazón en mil pedazos imposibles de recomponer. Aquel día estaba nublado, había panza de burro...

miércoles, 27 de noviembre de 2013

La maldita letra

Se oía una canción a lo lejos. La tarareaban un grupo de niños que estaban jugando a la comba mientras esperaban la guagua, que puntual a su cita llegó a los pocos minutos y partió rumbo al colegio. A los pequeños les quedaba un largo trecho. Intentó recordar aquella maldita letra, pero sólo pudo quedarse con la melodía, que le acompañaría el resto del día. Le martirizaba el cerebro, pero no pudo deshacerse de ella. Pasaron unas cuantas horas y en cada silencio ahí volvía a aparecer, de improviso, como los ladrones al descuido. Sólo quienes lo han sufrido saben lo que es y no fue hasta que se despertó, al día siguiente, cuando pudo identificar cada palabra. Fue una revelación, nada más abrir los ojos, con una sorprendente lucidez apareció y la recitó a viva voz: Antón, Antón; Antón Pirulero, cada cual, cada cual que atienda su juego, y el que no lo atienda, pagará una prenda...

viernes, 22 de noviembre de 2013

Mi día

Un grupo de niños juega entre las olas, a pesar de que noviembre avanza hacia su ocaso. Los deportistas andan por la arena ataviados con su ropa ajustada y sin mirar atrás. Las luces se van apagando poco a poco y todo se queda en calma. El mar por fin descansa y sus olas amainan, igual que lo hacen los ruidos de los camiones que aparcan por las esquinas buscando alegrías malsanas. Todo está quieto, salvo mi corazón. Estoy en paz y por eso una sensación extraña se va apoderando de mis raíces: la felicidad. Hoy es viernes y sé que será un gran día, mi día...
 

sábado, 16 de noviembre de 2013

Los segundones


El mejor no es quien hace aspavientos y finge luchar heroicamente contra lo imposible, sino el que se deja llevar sin aparente esfuerzo y parece que tropieza con la perfección antes de haber llegado a buscarla. Los realmente buenos son los menos vistosos. Por eso la gente suele preferir a los segundones efectistas tanto entre los jinetes como entre los cantantes...
' La hermandad de la buena suerte', Fernando Savater

miércoles, 13 de noviembre de 2013

El próximo verano

Y era una mañana de verano, pero no de un verano cualquiera, sino de ése que no quiere marcharse, ése que ronda septiembre y que inevitable se encamina hacia la eternidad. Te despertabas siempre entre sábanas blancas y te asomabas al balcón con aquellas olas susurrantes, que nos encariñaban aún más. Preparabas un par de tostadas y las aderezabas con frutas de mil sabores. Parecía que todo era posible y no queríamos que aquello finalizase jamás. El sol adormilaba a las salamandras y los niños jugaban a destruir castillos de arena. Pero una mañana de verano le dio por llover, el sol dejó de visitarnos y los niños en el cole dejaron de creer en castillos encantados... Echo de menos todo aquello, también los caramelos junto a la entrada del salón y el tocadiscos sonando sin parar. Habrá que dejar a las cosas pasar, me dicen los detectives que te buscan sin descanso, aunque perdido no sé si con esta tristeza pueda alcanzar el próximo verano...

'Despacito y con buena letra', de El Viaje de Elliot

domingo, 10 de noviembre de 2013

El sol terminó por vencer a la densa neblina

La pesada bruma del invierno se disipó, por fin, el pasado martes. Fue de una forma repentina e inesperada. La pequeña Mery Sue se había levantado con la inquietud de querer recolectar las fresas de temporada antes de que se echaran irremediablemente a perder. Salvar la cosecha era su máxima y única preocupación. Por su parte, Tom, que había salido a dar de comer al ganado, sólo pensaba en su triste corazón. Últimamente le había dado algún disgusto y tanto pesar a cuestas siempre terminaba pasándole factura. Desayunó una quinta de vino y tiró para el monte. A media mañana sintió una pequeña intranquilidad en el estómago. Fue como si lo inevitable se aproximara imparable. Pocos segundos después, entre la niebla, se hizo fuerte un primer rayo de sol. Con los ojos bien abiertos, culpa de la extrañeza del fenómeno, se mantuvo quieto hasta que el sol contento terminó por vencer a la densa neblina. A Mery Sue se le cayó al suelo la cesta llena de fresones y corrió henchida de felicidad hacia el claro del bosque. Allí se encontraron y gozosos se dieron un gran abrazo. Ambos sabían que la llegada del sol iba de la mano del regreso de Matt. Tal vez tardaría unos días, a lo sumo dos semanas, pero más pronto que tarde aquel militar irlandés, pelirrojo y siempre sonriente, estaría en casa de nuevo, junto a su hija y al amor de su vida.
 

jueves, 7 de noviembre de 2013

El día que me muera

El día que yo me muera, como me venga uno con resurrecciones y demás, ¡le parto la cara!

El brezal de Brand, A. Schmidt

viernes, 1 de noviembre de 2013

Imparable

Y el sol está ahí, imparable. Observándolo todo y permitiendo que la vida continúe. Las malas hierbas descansan y el jardinero feliz desayuna chocolate con churros en un paraíso cercano. Los 24 horas adormilados apuestan por detenerse un segundo a mirar las estrellas; la doña del sexto ha dejado de fumar y los niños bailan break-dance cerca de la piscina del apartotel. Y el sol sigue ahí...

'Non, Je ne regrette rien', de Edith Piaf

viernes, 25 de octubre de 2013

Nubes de otoño

Parece que por fin llegan las primeras nubes del otoño. Con ellas, también alcanzan las orillas las timoratas tristezas que acompañan la falta de claridad. Quizá esto no sea algo nuevo, pero estos días grises y atolondrados descorazonan un poco. Los folios están en blanco y las barcas bien amarradas a tierra. La zozobra juguetea con los pájaros y las niñas temen salir de casa antes del anochecer. Nada está decidido o, mejor, todo está por decidir. Ojalá supiese cuáles serán las nuevas palabras que decoren mis nuevas páginas o cuáles serán las aventuras de esos pequeños botes de carácter intrépido. Todo sería más sencillo, más fácil. Pero toca lo que toca: nubes de otoño.

'Quiéreme', de Rosana Arbelo

martes, 22 de octubre de 2013

Inventos del demonio

Siempre pensó que no le tocaría a él, que se moriría trabajando entre aquellas cuatro paredes, pero aquella mañana de otoño la secretaria del dueño, la señorita Rose, le comunicó que la Corporación Gapafastion había decidido rescindir su contrato. No había hueco para él y con él se iban a la calle otros cuarenta hombres y mujeres más. No estaba solo en la calamidad, pero eso no era consuelo. Llevaba en aquella fábrica más de quince años, toda una vida. Desde hacía unos meses el número de desempleados iba creciendo sin parar en la ciudad y los despidos eran un goteo que no cesaba. En las reuniones del sindicato la ferocidad iba creciendo de forma imparable. La desesperación aquí iba de la mano de la rabia. Pronto llegaron las revueltas y los disturbios, antesala del hambre. Muchos la tomaban contra las máquinas, aquellos inventos del demonio que hacían todo el trabajo y eran sinónimo de paro y pobreza... Él no sabía qué hacer.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Justo para sobrevivir

Y al final apareció Jimmy en aquel bar de mala muerte buscando guerra. Hacía tiempo que no le daba aire y quizá por eso tenía ganas de bailar con la más fea. Se arrimó a la barra y comenzó a beber copas de cava. Una tras otra y sin parar. Y cuando parecía un perro, arrinconado y sin escapatoria, ella lo rescató con sus ojos de gata desde el otro lado de la barra. La invitó a una copa y se arrimó a ella para que le diera su aliento, el justo para sobrevivir. No sabía quién era, pero tampoco le importaba. Tampoco le 
molestó que se quedase con su cartera y con su dignidad. Bastante tenía Jimmy con llevar a cuestas sus mal de amores, que no le dejaba vivir en paz. A las cuatro de la madrugada los camareros le sacaron a rastras del local y le pidieron que no volviese. De regreso recordó todos los días felices, aquellos en los que paseaba bajo la lluvia de la mano de Betsabé.

'80 veces', de Rozalén

viernes, 11 de octubre de 2013

Todo está bien

Echo la vista atrás y no guardo ni una pizca rencor. Miro con detenimiento, recordando los detalles, con la tranquilidad que da el paso sosegado del tiempo. Sopeso los errores y también los aciertos. De nada sirve pensar en qué haría si todo volviese atrás. Ahora tocan otras cosas y satisface sentir que todo está bien, incluso lo malo. Todo está bien.

sábado, 5 de octubre de 2013

Todo era un invento...

Llueve, aunque no caiga ninguna gota. Las calles están secas, pero llueve sin parar, desde hace unas horas. La corriente se lo quiere llevar todo. El cristal se moja poco a poco, en función de las ráfagas de viento. La habitación se iluminaba con cada relámpago y se estremecía entre tanto trueno. La tormenta había llegado tranquila, casi sin apenas hacer ruido, como si fuera lo más normal del mundo, pero –eso sí- sin tarjeta de aviso. Todo estaba convulso, aunque la tormenta fuera un invento.

'Si tú no estás aquí', de Rosana

viernes, 4 de octubre de 2013

Los viernes

Algunos lunes Fe pensaba que debía cambiar demasiadas cosas en su vida. Se abandonaba en el sofá de su casa y no le apetecía hacer absolutamente nada. Cualquier excusa era buena para ver como se le escapaban, sin vivirlos, los días entre los dedos, pero los viernes era otra historia. Los viernes encendía el transistor para escuchar canciones de amor y le daba por mirar a su lado; allí estaba Co, siempre muy cerquita. Una sonrisa se apoderaba de su carita y a partir de ese momento todo estaba bien, mejor.

'I love to love', de Tina Charles

martes, 1 de octubre de 2013

Maneras de vivir

Y cuando creía que todo estaba perdido encontró un pequeño agujero en lo alto de aquella lúgubre celda. ¡Luz! Por aquel huequecillo del techo entraba un minúsculo rayo de sol que le cambiaba la manera de vivir y supo que por fin estaba salvado.
 

jueves, 26 de septiembre de 2013

Los pies fríos

Después del día cae la noche implacable. Escondido tras su ventana ojeó las luces de la sucursal bancaria que habita debajo de su casa y los otros portales, siempre vacíos. No vio a nadie, quizá se hayan ido lejos, a un sitio donde toque bailar o simplemente maquillar las tristezas de este mundo. Los gritos de don Lucas, enfermo y encamado desde hace años, le arrullaban en sus peores momentos. Y no sabía qué le tocaba hacer ahora. No tenía sueño y no quería sentirse triste. No quería, no lo quería con todas sus fuerzas, pero no podía evitarlo. Simplemente se encogía de hombros y se mantenía suspendido en el aire. Tenía tanto miedo a no poder con el amanecer, que inmovilizado sólo dejaba que las horas pasasen, una tras otra. Miraba sin aire al techo buscando luz, pero todo estaba a oscuras y sabía que todo pasaría, que el sol regresaría más pronto que tarde, aunque ahora tuviese los pies fríos. Demasiado fríos, congelados de pena. Volvió a mirar por la ventana para no echar de menos a los que se habían ido justo cuando el barco comenzó a hundirse. Los apestados no tienen salvación, se dijo y comenzó a llorar recordando los buenos momentos, las risas, el sol... A veces sabía que debía rebelarse, que no está bien eso de mendigar afectos, pero la soledad golpea fuerte y lo asfixia todo. Era yermo. Algún día comenzaría a caminar, se prometió.

'Caminar', de Dani Martín

martes, 24 de septiembre de 2013

Mirando al sol

Se había levantado dando gracias a dios por seguir vivo. Desde hacía días sentía algo extraño en el corazón, como una punzada, y aunque no lo dijera en voz alta temía que su tiempo en este mundo se estaba acabando. Los miedos atenazan y te impiden vivir, pensó mientras miraba la vida por una de las rendijas de la puerta del balcón. “Gracias”, repitió mirando al sol y sabiendo que nada malo pasaría hoy.

martes, 17 de septiembre de 2013

Zarpazos

A pesar de los zarpazos que da la vida, le apetecía seguir vivo, alegre y en medio de sus buganvillas. Aún estaba dolorido, lo sabía, pero ello no era obstáculo para cerrar los ojos y soñar cosas bonitas. Todo lo malo finalizará y comenzará un tiempo nuevo, mejor donde las heridas sanen y las sonrisas se conviertan en perennes.

'Treasure' de Bruno Mars

viernes, 13 de septiembre de 2013

Quizá ya esté todo escrito


Quizá ya esté todo escrito, pensó Maik al despertar. No había pasado buena noche. Había dormido unas horas, cinco, y se levantó con el mal sabor de boca que dejan las pesadillas y el saber que su futuro no pintaba demasiado bien. Se había quedado sin trabajo hace unos meses, ocho ya, y estaba empezando a perder la esperanza de encontrarlo. Cuando le dijeron que no seguiría en Seguros Allart S.A. no se lo esperaba, fue una especie de jarrón agua fría que le empapó hasta el tuétano. Adiós a sus 993 euros al mes, pagas extra incluidas y sus 54 horas de trabajo semanales. Se quedó paralizado unas semanas. No sabía a dónde ir, ni qué hacer. La crisis duraba demasiado. Seis largos años, con sus noches. Esas noches largas y en los que la angustia se quedaba aferrada a su garganta para no dejarle respirar. ¡Cuánto habría dado por un copazo de whisky! Pero no eran buenos tiempos para la lírica... Sin lugar a dudas, no lo eran y ahora se sentía atrapado por la pesadez de los malos pensamientos. El pesimismo se había apoderado de aquella ciudad maltrecha y de sus vecinos. Ya casi nadie reía. Tampoco daban los buenos días. No hacían nada. Por no hacer, ni siquiera protestaban en la calle. Nadie se quejaba. Nos habían quitado la esperanza, masculló apesadumbrado ante la certeza de que sabía que el dinero, sus ahorros, se le estaba acabando. ¿Y después? Prefería no pensarlo. Intentaba respirar calmo, pero era difícil. Estaba cansado de ver en las noticias a gente que lo había perdido todo: sus casas, su familia, todo. Estaba muy cansado. Pero lo que realmente le atemorizaba es que no veía el camino por dónde seguir y nadie le ayudaba. La palabra desempleado era una losa muy grande, casi infinita y al oírla casi todos huían despavoridos, no querían, ilusos, que nada se les pegase. Otros, más comprensivos, daban consejos vanos sobre lo que harían en tu situación, emigrarían a Alemania o montarían algo por su cuenta. Es tan fácil hacer cosas sin tener una soga al cuello..., sabía Maik. Lo había aprendido a fuego. Y en esas estaba intentando que el desánimo no le venciera la batalla, ni la guerra, pero no era una empresa sencilla. Quizá ya esté todo escrito. ¿Y si es así, qué me quedará por contar a mí?
 

viernes, 6 de septiembre de 2013

Septiembre

Septiembre. Parece que al final ha llegado. Sí, con sus días que empiezan a ser más cortos, con sus árboles amarillentos y con la gente agotada de que no haya tijeras, ni retales que cortar. Septiembre. Tenía que llegar y pero tenía que ser justo ahora. En este tiempo todo está revuelto, el pasado definitivamente se ha ido y el presente es un páramo. Yermo. Totalmente muerto, dónde no hay sueños. Septiembre empieza y un poquito de mí se muere...

'Supersonic', de Oasis

sábado, 31 de agosto de 2013

Vericuetos

Desde hacía unos días no podía dormir bien. Un sueño recurrente le intranquilizaba sobremanera: caras del pasado que se le mezclaban con un camino que no terminaba nunca lleno de vericuetos. No eran buenos tiempos, cansado de que todos viviesen de lo hermosos que fuimos y que, sindicados, nadie atisbase una salida digna. Al descuido, nos han robado la esperanza.

martes, 13 de agosto de 2013

Barruntando

Lo venía barruntando desde hace semanas, quizá meses. No me quieres. No me quieres. No sé por qué seguías aquí, ocupando el sofá rosa como si nada pasase, como si todo fuera igual que al principio. Me había acostumbrado a la falta de aire. No me quieres, te vomité y guardaste silencio...

miércoles, 7 de agosto de 2013

Detrás

A mis amigos no les gusta verme
detrás de ti y no conocerme.
Ya no soy el mismo, ya no soy importante,
ahora voy detrás y tú vas delante.

Yo detrás, yo detrás, yo detrás, yo detrás,
yo detrás, yo detrás y tú siempre delante.
Yo detrás, yo detrás, yo detrás, yo detrás,
detrás y tú siempre delante.

Y a mi abuela no le gusta verme
detrás de ti y no conocerme.
Ya no soy el mismo, ya no tengo talante,
ahora voy detrás y tú vas delante.

Yo detrás, yo detrás, yo detrás, yo detrás,
yo detrás, yo detrás, y tú siempre delante.
Yo detrás, yo detrás, yo detrás, yo detrás,
detrás y tú siempre delante.

Y a mi perrito no le gusta verme
detrás de ti y no conocerme.
Ya no soy el mismo, ya no tiro pa’lante,
ahora voy detrás y tú vas delante.

Yo detrás, yo detrás, yo detrás, yo detrás,
yo detrás, yo detrás, y tú siempre delante.
Yo detrás, yo detrás, yo detrás, yo detrás,
detrás y tú siempre delante.

Y a mí no me gusta verme
detrás de ti y no conocerme.
Pero tú eres importante y tú tienes talante,
así que yo sigo detrás y tú tira pa’lante.

Yo detrás, yo detrás, yo detrás, yo detrás,
yo detrás, yo detrás, y tú siempre delante.
Yo detrás, yo detrás, yo detrás, yo detrás,
detrás y tú siempre delante.

Yo detrás. Los Ronaldos.

lunes, 5 de agosto de 2013

Desde el balcón

Los días se sucedían sin demasiado acierto. Ella y su canario se pasaban las tardes asomadas en el balcón, esperando la fresca que no terminaba de llegar. Hacía días que no se encontraba, que todo la exasperaba. Debían ser cosas del verano, se dijo sin darle mayor importancia. El caso es que temía que el arroz se le pasase y que su pequeño mundo se le desmoronase ante sus narices. Perdía el control con demasiada facilidad y hasta la vecina del quinto le había insinuado que estaba en edad de merecer, que para cuando un marido. Le aburrían, la del quinto y todas las demás, esas que se aburren y no tenían otra cosa que hacer más que meterse en su mundo. Estaba sola con su canario, que apenas cantaba. Su piar era débil y timorato. Quizá tampoco fuese feliz...

viernes, 2 de agosto de 2013

Apariencias

Pues nada define mejor la España de mi siglo, y la de todos, que la imagen del hidalgo pobre y miserable, muerto de hambre, que no trabaja porque es rebaje de su condición; y aunque ayuna a diario sale a la calle con espada, dándose aires, y se echa migas de pan en la barba para que sus vecinos piensen que ha comido.
El capitán Alatriste: El puente de los asesinos. Arturo Pérez-Reverte.

miércoles, 24 de julio de 2013

La parte crucial de la nada

Estaba detenido en mitad de la nada. Sentado en medio de un minúsculo desierto. Sobre su cabeza nubes que disparadas viajaban a mundos mejores. También a diestra y siniestra nada se paraba. La vida desbordada bullía ante sus ojos azules. Los pájaros cantaban agitados, las motos rugían todo el día y hasta las tortugas, ágiles, andaban como si su letargo hubiese sido una triste mentira orquestada al principio de los tiempos. Todo iba rápido, la vida, pero él, sin poder hacer nada, continuaba detenido como si fuera parte crucial de la nada.

miércoles, 17 de julio de 2013

Dejó de hacer fotos

Un día Fede dejó de hacer fotografías. Hubo un momento en el que decidió que ya no le apetecía más. Desde ese instante supo que algo no iba del todo bien. No sabía el qué, pero algo había. Tal vez se preocupaba demasiado, pero era una sensación que le recorría el cuerpo. Antes las hacía constantemente, a todas horas, pero ya no... Había dejado de tener interés por conservar recuerdos en su maltrecha memoria.

sábado, 6 de julio de 2013

El mal tiempo

Fernando tenía 19 años y había vivido demasiado. A los dieciséis se había de ido de casa para recoger fresas en el norte de Francia, pero aquella idea no había salido del todo bien. Terminó en un bred and breakfast de Londres. Allí aguantó un tiempo razonable, pero sabía que en esos tiempos sólo sobrevivía. Todo el día trabajando por una miseria, una triste miseria a miles kilómetros del sol. Todo debía haber sido diferente, un poco mejor. Estaba cansado, aturdido por el mal tiempo que no terminaba desaparecer. Ahora tocaba volver a decidir. No sabía muy bien qué hacer, qué querer. Se conformaba con poco, quizá un poco de sol y algo de dinero en el bolsillo. Un tiempo nuevo. Pero esas cosas se ganaban y no estaba seguro de qué había hecho mal para que su camino se torciera. Tal vez no había hecho nada, sólo huir hacia adelante. Había encontrado a mucha gente así, que al menor inconveniente atajaba por el centro y echaba a correr. Sin mirar atrás, dejándolo todo sin resolver. Pero él era diferente...

sábado, 29 de junio de 2013

Hoy


Hoy es el primer día de un tiempo nuevo. Ha salido el sol y, por fin, todo puede salir bien.

martes, 25 de junio de 2013

Colgado de un árbol

Un jueves de enero se quedó colgado de un árbol. Iba caminando por un sendero y tras parar unos segundos para descansar escuchó una voz que le alarmó. Se irguió y comenzó a buscar el origen. Todo ocurrió en un instante, sin saber muy bien todo desapareció bajo sus pies, todo aquello que había conocido hasta entonces. Se vio colgado de un árbol y sin nada guardado en la mochila. ¿Adónde ir ahora? ¿Qué hacer? Sentía como avanzaban los días, pero no podía disfrutar del sol porque las ramas de su árbol no le dejaban. Las noches eran cortas, no podía plegar ojo. Algún ruido perturbaba sus mañanas, pero la mayor parte del tiempo no había nada, ningún sitio al que ir o donde terminar.

jueves, 13 de junio de 2013

Puedo sentirlo

La vida da muchas vueltas. Quizá demasiadas. Gira y gira y a veces me apetece apearme, aunque sólo sea un rato, para coger aire y volver a subirme. Sería un instante, un ínfimo instante para llenarme de fuerzas y continuar... Continuar o volver a empezar. Ahí está la clave: no sé cómo volver a empezar, cómo reinventarme después de tanto traspiés. Hubo un momento en el que pensé que ya todo siempre sería fácil, sencillo, pero esta vida loca siempre lo trastoca todo y el castillo de naipes se me desmoronó delante de mis pies una fría mañana de invierno. Fue tan complicado llegar, que temo en ocasiones no tener fuerzas para intentarlo una vez más. Una vez más... Sí, la vida da muchas vueltas y no es que el cielo se me haya teñido una vez más de Azul Tokio, sino es que ya estoy cansado de llegar siempre a los sitios por el lado más complicado. Cada mañana me despierto con la sana intención de procurar que las cosas, mis cosas, vayan con tiento. Un poco mejor. Hay martes que lo consigo, pero los miércoles se me vuelven cuesta arriba. Sé que lo bueno me espera a la vuelta de la esquina, que llegará pronto. No me preguntes cómo lo sé, pero lo sé. Está ahí, puedo sentirlo. Tal vez por eso necesite estos descansos en mi camino para poder volver a empezar...

'Cero' de Dani Martín

miércoles, 5 de junio de 2013

Sola

Me enamoré sola, le espetó triste Emeth a Jotaele. “Sé que me enamoré sola y lo acepto. Nunca fui para ti más que alguien en quien apoyarte; alguien que siempre estaba ahí para curarte las heridas de la vida...”, terminó y él seguía guardando silencio. No decía nada, sólo bajaba la mirada. No podía soportar aquellas palabras porque sabía que eran tan ciertas como que el sol siempre se pone por el oeste o que los días en mayo eran más largos. Emeth salió de aquella habitación como si nunca hubiera estado enfadada, aliviada por fin. Se decía que era cierto que ella había aceptado las reglas del juego, pero que todo tenía un límite y el de ella había llegado. No hay nada eterno, nada es para siempre, aunque su dolor, el que sentía porque sabía que su amor solo tenía que morir, le parecía interminable.

domingo, 26 de mayo de 2013

El grumete de pelo alborotado

Recorrió cientos de kilómetros en una travesía que se llevó casi todo lo que quería. Sus zapatos estaban ya demasiado gastados y no sabía hasta dónde llegarían. Había partido hacía más de una década buscando encontrarse y, al mismo tiempo, huyendo de sí mismo. Había cosas en su mundo que le disgustaban sobremanera y por eso cada noche se encomendaba a los espíritus para que todo lo malo se marchase. Recaló en varios puertos Botafoc, Manchester, pero ninguno terminaba de satisfacerle. Debía encontrar la vida. Su ímpetu le llevaba a saltar de todos los precipicios que hallaba, unas veces con mayor acierto que otro. En su deambular por el mundo había olvidado su nombre. En un andén de metro también se dejó la piel. Se estaba dejando muchas cosas por el camino. Todo menos la ilusión en sus ojos. Sabía que algún día conseguiría alcanzar la luz de la tranquilidad y apartaría para siempre las malas aventuras. Quizá fue al oír una canción en el muelle de Los Cristianos o al desvestirse una noche de febrero, no estaba seguro de cómo aquel grumete de pelo alborotado había llegado a su vida. No hacía demasiado tiempo, tal vez un par de meses o un año. Todo estaba en una nebulosa. Antes de dormir, cada noche, se quedaba horas y horas observándolo, y no se había dado cuenta de que aquel era su destino. Había andado cientos de kilómetros, estaba muy lejos de su hogar, en una travesía que se había llevado casi todo lo que quería y no podía quedarse sin él también. Ni podía, ni quería. Lo supo de pronto, la alegría le llegó como un golpe de mar. En mitad de una noche tranquila oyó ruidos en la cubierta de aquel maltrecho velero en el que viajaba. Se levantó sin hacer ruido y desde detrás de una puerta observó durante un largo rato como aquel grumete le estaba limpiando sus gastados zapatos con suma delicadeza. Ahí lo supo. En estos últimos tiempos el viento había dejado de soplar en contra gracias a él, a aquel joven desvencijado que le hacía más llevadero el sendero. En ese instante eterno lo supo y su alma quedó tranquila y dejó de buscar.

'Contigo hasta el final', de El Sueño de Morfeo

viernes, 17 de mayo de 2013

El maestro

Desde muy pequeño me convertí en un maestro en el arte de escuchar, puesto que yo no podía contarle a nadie nada de lo que sentía.

La vida iba en serio. Jorge Javier Vázquez.

miércoles, 15 de mayo de 2013

#spanishrevolution

¿Cómo pasa el tiempo? Hace dos años y parece que hace mil años. Recuerdo aquella primera tarde de acampada. Había cinco o diez personas y hablaban un poco desorientados de acampar en aquella plaza que a la postre se convertiría en la plaza del 15M en Tenerife. No había portavoces, ni tampoco querían serlo. Aquel fue el comienzo y no fue fácil contar aquel inicio en una isla tan alejada de la Puerta del Sol. Con los días el número de indignados fue creciendo y las asambleas se fueron poco a poco llenando de testimonios e ideas que vestían el futuro de esperanza. Por allí no pasaban muchos periodistas para contar después lo que se vivía en la Plaza. También hubo momentos tensos, difíciles. Las noches previas a las elecciones bajo la amenaza del desalojo o los pequeños problemas cotidianos del día a día. Nadie dijo que fuese fácil alcanzar acuerdos al estilo asambleario en el que no se impone sino que se convence. Pero en esas dificultades estriba, descansa, la fuerza del movimiento: una nueva forma de hacer las cosas. ¡Cómo explicar que lo allí vivido era algo diferente, nuevo, y que no tenía nada que ver con el pasado! Si no nos dejan soñar, no les dejaremos dormir. Ese era el objetivo: poder al menos soñar. Pero para alcanzarlo primero había que vivir una revolución personal, íntima. Echando la vista atrás me recuerdo con los pies desnudos, pantalón corto y la camiseta de guerra, raída por el sol. Sabía que me tocaba estar a este lado, en el bando de los que habían perdido. No había miedo. Han pasado dos años y todo aquello no ha muerto, sigue vivo...

martes, 7 de mayo de 2013

El tren de los vivos

Hache despertó en mitad de la noche y se quedó fijado en el reloj. Todo iba demasiado deprisa. Su corazón se desbocaba y parecía que la vida se le iba de las manos. Mientras todo andaba, él se sentía quieto, como si no pudiese subirse al maldito tren de los vivos. Miraba el techo y procuraba respirar pero el tic tac implacable no le dejaba descansar. Así podía pasarse días y días, agobiado por el vértigo y sólo tenía un refugio que le daba paz: las flores del verano.

sábado, 4 de mayo de 2013

Peinarse por las mañanas

Hache sentía que habían tensado tanto la cuerda que se había roto por la parte más frágil, él. No podía respirar bien y creía que era buen momento para huir lejos de todos, a un lugar donde nadie le importunase. Buscaba una tierra donde no le hiciesen daño, pero no sabía cómo ni tampoco si existiría. Tenía tantas dudas en la cabeza y tan roto el corazón que apenas podía comer o peinarse por las mañanas. Se había quedado sin ganas. Ya no le apetecía vivir en aquel cuento. Recordaba cómo empezó todo, un día de primavera, pero todo pasa. ¿Qué pasaría ahora? Quién sabe, se decía y entre tanta nube sólo quería que los minutos discurriesen con calma porque la tranquilidad regresaría más pronto que tarde y sus heridas sanarían.

jueves, 2 de mayo de 2013

Miserias y lujos

Es lo que tiene el verdadero amor que, una vez te ha elegido, te deja tocado y hundido para siempre. Y no es que no sepas ver los defectos o carencias del ser amado. Es simple y llanamente que aquel estado de enajenación tiene la virtud de elevarte por encima de las bajezas humanas y hacerte trascender. Aprendes a comprender y a aceptar a ese pedazo de carne y espíritu, con sus miserias y sus lujos. Casi como el amor que sientes por un hijo: en el fondo de tu alma conoces a la perfección de lo que carece, pero siempre encuentras la disculpa perfecta para redimirlo.


Memorias de un sinvergüenza de siete suelas. Ángela Becerra.

domingo, 28 de abril de 2013

El sol del sur


Los días que se van nunca vuelven y las oportunidades que se desperdician tampoco regresan. Cada día sale el sol, una veces por el oeste otras por el norte nunca, pero casi nunca por el sur. A los del sur no nos quieren, se repetía Hache cada vez que se despertaba en mitad de la noche. Desde hacía unos días para acá no podía conciliar bien el sueño y sus noches se hacían eternas. Daba vueltas y vueltas intentando colocar las piezas del rompecabezas. En su tarea estaba solo y a oscuras. Las velas habían dejado de calentar y no sabía cuando podría volver la luz. Todo estaba meridianamente claro: los buenos tiempos habían cesado y ahora tocaba travesía por el desierto. Lo bueno de vivir ochenta años es que unas veces estás en lo más alto y otras en lo más bajo, pero siempre puedes volver a ascender. Hache había crecido pensando en que algunos réditos no estaban a su alcance, que nunca amaría como lo hace la gente de bien o que jamás le tocaría alcanzar la cima. Eso había creído. Ahora tenía que empezar a desandar lo andado...

miércoles, 24 de abril de 2013

Leche fresca

Lulú abrió la nevera sin leche y creyó desfallecer. Le apetecía tanto tomar un vaso de leche fresca, que creía que ya nunca nada en la vida le volvería a salir bien. Recordó que quizá quedase algún cartón olvidado en la despensa, pero tampoco lo halló. Tenía las cortinas bajadas porque desde muy temprano el sol atizaba con fuerza en este verano de abril vacío, tan extraño. Sólo le quedaba agua y dos galletas reblandecidas por el paso del tiempo. Pero el hambre no era lo que más le dolía en el corazón. Antes, cuando las cosas iban bien, siempre había alguien que tocaba en la puerta o que la invitaba a pastas, su teléfono no dejaba de sonar y su agenda tampoco descansaba. Ahora todo era diferente, ahora estaba sola. Nadie se acordaba de ella y eso irremediablemente la ponía triste. La mayor parte del tiempo Lulú lo llevaba bien, lo sobrellevaba, pero había momentos muy complicados porque una cosa es pensarlo sola, sentada en una silla de la cocina, y otra muy distinta confirmarlo. Maripili en sus momentos de agobio llamaba a Juancho y no a ella, y Cindy había preferido pasar su día de descanso durmiendo. Luismen ya no la llamaba y Mayte había desaparecido. Lulú lo sabía, su mundo pasado ya no estaba, pero no podía evitar su pena...

viernes, 19 de abril de 2013

Comunicado oficial

Este viernes Azul Tokio cumple seis años. Tal día como hoy en 2007 comenzó esta aventura singular que ha logrado sumar 929 entradas. Muchas palabras que han cosechado más de 33.100 visitas de muchos rincones del mundo, 1.090 comentarios y aglutinar a 183 seguidores. Toca decir gracias, muchas gracias por tanto afecto. Y también, como es habitual, afrontamos esta jornada con el deseo de continuar contando cosas. Que así sea.

miércoles, 17 de abril de 2013

La cajita de Venecia

Un extraño lunes de abril recibió un paquete. Poco después de despertar, Lulú oyó el timbre y al abrir la puerta allí estaba una pequeña cajita decorada con imágenes de Venecia. Extrañada ante el obsequio miró hacia ambos lados y no vio ni oyó nada. ¿Quién la habría dejado? Unos segundos después cerró y se dispuso a abrir el pequeño paquete. Le costó un poco, pero lo hizo. No se rendía fácilmente. Mientras no atinaba con los dedos se oía una canción en la tele de Sarita Montiel. Maniquí... Coincidiendo con las nueve de la mañana la cajita cedió y Lulú se encontró con una pequeña misiva: No te rindas; y supo que aquello venía de muy lejos, de un viejo amor. Se le aguaron los ojos. Tantos días después aún no podía evitarlo. Respiró hondo y la colocó en su tocador, presidiendo su habitación. Ahora a Lulú sólo le tocaba seguir luchando por conseguir sus sueños.

viernes, 12 de abril de 2013

A las cinco

Se despertó a las cinco. No había luces en la calle y apenas se oían coches. Todos dormían, pero él no podía. Le atormentaba la crisis. Sus ahorros menguaban y no sabía cuál podría ser la salida. Procuraba pensar que los malos tiempos no serían eternos, pero temía no aguantar lo suficiente para salvarse. Veía la televisión y todas las noticias eran malas: familias sin casa, colas inmensas en las oficinas de empleo, gente rebuscando en los contenedores de basura... El reloj no avanzaba, le dio miedo encender la radio y se fue hasta la cocina. Quizá debería desayunar, pensó. Recorrió el camino, pero antes de llegar se arrepintió. Prefería sin duda que las cosas fuesen diferentes. Sólo le apetecía una cosa: pintar cosas bonitas.

martes, 9 de abril de 2013

El mar

"Vio el mar muy cerca. No lo estaba, pero lo sintió, lo observó como si estuviera al lado, como si fuera alguien diciéndole algo al oído. Y entonces salió al balcón y se paró delante de él, del mar, de ese límite permanente entre él su vida y lo que estaba más allá".

Y de repente fue ayer. Boris Izaguirre

domingo, 7 de abril de 2013

Ausencias y silencio

Y de repente el silencio lo cubrió todo. No se dio cuenta, quizá había sido por sorpresa, de un día para otro o no... Lo cierto es que ahora sólo había ausencias y silencio, por todas partes. Inundándolo todo y sin dejar un resquicio al bullicio, los consejos y la buena compañía. No había nada. Ni siquiera su maldito teléfono sonaba. Para mitigar la ausencia de ruido ponía la radio, abría las ventanas para que entrasen los sonidos de la calle y tiraba de la cadena cada dos horas. Pero sabía que aunque se maquillase con colores exóticos el silencio estaba allí y que se había quedado solo.

viernes, 29 de marzo de 2013

En marcha

Una noche se dio cuenta de que hacía ya demasiado tiempo de que las cosas no le terminaban de salir bien. El color de las paredes se iba gastando, los grifos comenzaban a gotear y había mañanas en las que no había nada en la nevera. No podía dormir. Se encontraba en un callejón y sabía que no tenía salida. O eso le parecía en las noches más oscuras. Pero en lo más profundo tenía la certeza de que saldría de ésta. Sólo tenía que ponerse en marcha...

martes, 26 de marzo de 2013

El negocio eterno

Hubo un tiempo en el que de los árboles brotaban montones de billetes verdes. Por entonces todos parecían felices comprando cosas inservibles y gastando sin temor a la nada. El negocio iba a ser eterno. Los había que lo dejaban todo, su vida, para consagrarse al dinero. A penas sabían leer o escribir, pero sus cuentas corrientes estaban llenas de ceros... No había preocupaciones, ni límites al deseo de tener materia. Todo se resolvía tirando de chequera. ¿Cuánto necesitas? Toma el doble. Hubo un tiempo en el que todos parecían felices, pero esos días se han terminado y ahora no tenemos nada.

lunes, 11 de marzo de 2013

Ineludible

Amanece. La claridad va haciéndose entre las nubes de la noche y no sé qué pasará este extraño lunes. A ratos pienso en las alegrías y en lo que está por venir, pero en otros instantes sólo me queda la pesadumbre, las cosas tristes, lo que fue... Y en esas me debato, entre los que sólo viven recordando lo bonito que fue el pasado y no me queda otra más que resistirme. Me apetece el presente, los buenos momentos. Sé que están aquí y que no hay que irlos a buscar a Tombuctú. Ni a ninguna otra parte. Clarea. Dicen que éste es tiempo revuelto y que hay que esperar a que cada historia se asiente. A que las piezas terminen de encajar en un puzle diferente. Algunas nubes se resisten a que el sol aparezca. Insisten en querer quedarse. Nadie ha preparado el desayuno. No hay ni tostadas, ni jugo de naranja, ni leche caliente. Sólo una nevera vacía. Da gracias a que tienes nevera, me susurran al oído y me rebelo. Me cansan esos discursos, lo de siempre. Déjame quieto, en paz, replico y se vuelve a hacer el silencio. Se escucha a los primeros barrenderos del día que incansables limpian las calles con sus hojas de palmera. Sin descanso. Procuran dejarlo todo sin mácula, pero quizá sea que he perdido algunas de mis esperanzas, que me he resignado. Tal vez sea eso. Algún tono rojizo enturbia el cielo gris plomo. Parece que el amanecer es un compromiso ineludible. Está aquí, puntual a su cita con los vivos, pero qué pasa con los muertos...

jueves, 7 de marzo de 2013

Amigos

Los amigos son buenos hasta que se vuelven malos. Entonces hay que actuar rápido. Pero existe un problema. Descubrir el momento exacto. Cuándo dejan de ser amigos.

La Reina del Sur, Arturo Pérez Reverte

martes, 5 de marzo de 2013

En camilla

El temporal amaina y es tiempo de hacer balance de los destrozos. Mi corazón devastado intenta salvarse, pero está demasiado débil. Las próximas horas serán cruciales, dicen los médicos que si rebaso la noche quizá pueda sobrevivir. No las tengo todas conmigo. Me refugio en los buenos recuerdos, en tus ojos siempre alegres y en tus dedos regordetes acariciándome el hombro izquierdo. Los elementos se han confabulado contra mí. Te fuiste y comenzó a soplar el viento frío y la lluvia arrastró lo poco bonito que quedaba. En algunos rincones nevó congelando las alegrías. Me agarraba para que la pesadumbre no me llevase y casi lo consigo. Ahora estoy en una camilla gélida y escucho a los pacientes de al lado riendo porque se saben salvados, pero no les puedo acompañar en la buenaventura. Yo no. Sigo en mitad de mi calvario: tu ausencia.

domingo, 3 de marzo de 2013

Tormenta


Se avecina tormenta y no puedo evitarlo, tengo miedo. Quizá demasiado para los tiempos que corren. Las nubes grises lo comienzan a cubrir todo. Llegan desde el oeste, implacables, y dicen que quieren llegar a África. Corren, corren buscando no sé qué y lo oscurecen todo. Compruebo que en la despensa hay velas, pilas para la linterna y que todos los aparatos eléctricos están preparados y con la batería cargada. Tengo miedo. Hacía meses que no sentía esta agonía en la boca del estómago. Han pasado mil tormentas, pero siempre se repiten los mismos temores. ¿Quién sabe qué sucederá mañana? Ojalá todo fuera un invento y las ventanas no se estremecieran a cada ráfaga. En mitad de un vendaval nunca se me dio bien pensar. Se acerca, la tormenta está aquí y sólo me queda apretar los dientes y esperar a que pronto escampe...

jueves, 14 de febrero de 2013

Cartas robadas

El cuento acababa con una frase que decía algo así como que “hasta San Pedro bendito escuchaba los latidos del corazón del viejo cuando, a lo lejos, veía al cartero acercarse subido en un burro cuyas alforjas llevaban una carta de amor para él”.

"La vida imaginaria", Mara Torres

lunes, 11 de febrero de 2013

Distinto

En la frontera. Hache sabía que estaba en un territorio extraño, en uno donde las señales no eran del todo claras y también sabía que cualquier paso en falso daría al traste con todas sus esperanzas. ¿Qué hacer ahora? se preguntaba una y otra vez. Veía el mundo pasar a su lado, nada se detenía, y eso le atemorizaba un poco. Pero no todo el día. La calle es muy fría, le decían y él lo estaba aprendiendo a fuego. También le contaban que éstos son tiempos revueltos. Toca esperar, más pronto que tarde llegará un tiempo distinto...

viernes, 1 de febrero de 2013

Igualdad

[…] Cómo tenemos un Gobierno, cómo podemos tener un Gobierno en esta nación, que señala que las mujeres cuando únicamente alcanzamos nuestra plenitud, cuando solo somos definitivamente mujeres es con la maternidad, cómo no ha cuidado, cómo no ha cuidado esos extremos. Bien. Este tipo de falacias espero que se reconduzcan a criterios de racionalidad por parte del señor ministro de Justicia. Las mujeres no necesitamos que nos digan cómo debemos actuar, cómo debemos vestirnos, con quién debemos casarnos o con quién debemos compartir la vida sentimental. Las mujeres no queremos ser libres, somos libres. Las mujeres no queremos ser autónomas, somos autónomas. Queremos que nos dejen ejercer nuestra libertad y nuestra autonomía. Basta de que nos digan cómo vestirnos, a dónde ir, a qué hora volver a casa y cuándo debemos tener hijos o si no queremos tener hijos. Somos plenamente mujeres, aunque no tengamos hijos. Todas las mujeres somos autónomas y libres, aunque algunos se empeñan en restringir el ejercicio de esa libertad […] Cuando un ministro dice que una mujer alcanza su plenitud cuando desarrolla la maternidad, está faltando a la dignidad de las mujeres que no pueden tener hijos o que optan por no tener hijos. Nuestra dignidad de mujeres es inescindible a nuestro propio ser, a nuestra condición de ser humano, desde que venimos al mundo como mujeres. Somos libres desde que nacemos y hasta que morimos. No admitimos que los hombres nos digan cómo tenemos que actuar ni cuándo debemos tener hijos o no tenerlos. Vamos hacia adelante...

Pdt. Extracto de una intervención de la exconsejera de Empleo, Industria y Comercio del Gobierno de Canarias, Margarita Ramos, en el Pleno del Parlamento de Canarias el 28 de marzo de 2012

Parcan

lunes, 28 de enero de 2013

Cuaderno de notas


Quizá era martes o miércoles. Hacía tiempo que Hache no sabía en qué día vivía. De vez en cuando miraba por la ventana para confirmar si había sol o sólo oscuridad. Andaba aferrado a un pequeño cuaderno de notas lleno de recuerdos. Se preguntaba por qué todos habían desaparecido. Cuando su suerte cambió, uno por uno, sus amigos comenzaron a disiparse. Dejaron de llamarle, de preguntarle cómo estaba o simplemente de desearle los buenos días. Sabía que en tiempos de guerra son imprescindibles los cascos y que en la selva impera el sálvese quien pueda, pero estos saberes ciertos le producían una inmensa tristeza. “Estás solo”, le repetían una y otra vez. Hache quería darle la vuelta a las cosas, quería dejar de pensar en blanco y negro para pintar su entorno de colores...

viernes, 18 de enero de 2013

Con la soga al cuello

Los últimos acontecimientos habían dejado a Hache en la estacada. Con la soga al cuello. La mayor parte del tiempo poco tenía que hacer, a veces le daba por salir a las calles sin rumbo fijo buscando algo que no terminaba de llegar. Veía como las fachadas iban avejentándose y las papeleras rebosaban de insatisfacción. Era como si todo hubiese retrocedido veinte años, la gente era menos alegre y el aire, rancio, asfixiase todo lo que tocaba. Había días difíciles y éste había sido uno. Hache no terminaba de acostumbrarse a que el viento soplase en contra. Ahora de regreso de casi todo, veía como los contenedores de basura se vaciaban pronto, los pobres nunca dejaban que se llenasen… Y, sin embargo, había instantes en los que Hache sabía que saldría de ésta.

martes, 15 de enero de 2013

Darle la vuelta a la adversidad

Amanecía a una nueva vida. Hache se había levantado temprano, mucho antes de que sonase el radiodespertador. La costumbre seguía imponiéndose a la realidad. Se acercó por inercia a la nevera olvidándose por completo de que llevaba un par de días completamente vacía. Eran malos tiempos para la lírica y también para la economía. No tenía nada que hacer y el paso de los días lo empeoraba todo. A pesar de ello, Hache intentaba darle la vuelta a la adversidad y por eso se agarraba al día a día, al amor y a esa certeza de que irremediablemente en esta vida no hay nada invariable.

miércoles, 2 de enero de 2013

Bajo las sábanas de franela

Aquella mañana se levantó intranquilo. Extra G se había dormido rápido leyendo una de esas novelas de aventuras que venden en los aeropuertos al inicio del verano. Iba de un conquistador de principios del siglo XVI que recorría el nuevo mundo. Fue hasta la cocina a por un poco de agua y todo estaba en calma, sin que nada se moviese, apenas había coches en la calle. Todo dormía y un hormigueo le comenzó a recorrer el cuerpo desde los dedos de los pies. Algo le atemorizaba, pero no quería pensar demasiado en qué. Extra G se aproximaba a la cuarentena y, tal vez, llevaba excesivo tiempo cavilando en que su mundo se estaba terminando. Hacía cinco años, se veía diferente, guapo, con fuerzas y con una larga trayectoria por andar, pero ahora todo había cambiado. La monotonía del día a día, la maldita crisis y alguna que otra decepción lo habían colocado en un estrecho túnel sin salidas. Había días en los que confiaba en sus posibilidades de hallar un mundo nuevo, pero hoy no era el caso. Quiso volver a la cama y esconderse bajo las sábanas de franela. Estuvo tentado e incluso dio un par de pasos en esa dirección, hasta que se le ocurrió mirar por la ventana un instante diminuto y descubrió que el sol de invierno, timorato y esquivo, había vuelto a salir...