miércoles, 5 de junio de 2013

Sola

Me enamoré sola, le espetó triste Emeth a Jotaele. “Sé que me enamoré sola y lo acepto. Nunca fui para ti más que alguien en quien apoyarte; alguien que siempre estaba ahí para curarte las heridas de la vida...”, terminó y él seguía guardando silencio. No decía nada, sólo bajaba la mirada. No podía soportar aquellas palabras porque sabía que eran tan ciertas como que el sol siempre se pone por el oeste o que los días en mayo eran más largos. Emeth salió de aquella habitación como si nunca hubiera estado enfadada, aliviada por fin. Se decía que era cierto que ella había aceptado las reglas del juego, pero que todo tenía un límite y el de ella había llegado. No hay nada eterno, nada es para siempre, aunque su dolor, el que sentía porque sabía que su amor solo tenía que morir, le parecía interminable.

3 comentarios:

Lola Birlanga Urbán dijo...

El texto precioso pero la foto, ¡impresionante! Besos.

www.sobrevolandoloscuarenta.blogspot.com

Andrés Ávila dijo...

No sé cuanto me gusta el blog. :) Es muy hermoso todo lo que usted escribe.

Ce Castro dijo...

Muchas gracias por vuestras palabras. Nunca me canso de agradecer vuestras muestras de afecto. Bienvenido Andrés y sigue estando conmigo Lola. Un abrazo.