sábado, 29 de julio de 2023

Vasos listos para que nos ahoguemos

 Los vasos están llenos, listos para que nos ahoguemos en ellos. Cualquier tropiezo basta. Una mínima chispa y nos hundimos hasta el fondo. Ya no damos pie. Perdidos completamente, esquivando las lágrimas, los recuerdos, la soledad... Y solo tienes ganas de llorar, unas ganas inmensas. Hacerlo hasta el puto final. Eso quieres. Ni siquiera la Casa Azul te rescata esta vez. Haces balance y solo encuentras apaños y estás harto. De esas cosas que no van bien, que un día dejan de andar. Y solo hallas soluciones provisionales, apuntaladas hasta que aguanten. Las alegrías ya no son suficientes. La carcoma lo ha devorado todo. Esto acabará antes que después, piensas. Eso piensas...

domingo, 14 de mayo de 2023

Flotando en el aire

Bailaba, era libre. Se dejaba llevar y era como si pudiese volar. Aleteaba flotando en el aire al ritmo de la música. Movía las manos, las levantaba, las retorcía como si acariciara al viento, esa brisa que no cuesta respirar, de la buena. Los pies llevaban el son y la cadera le decía que el mundo era suyo. Bailaba y era totalmente él, un niño de nueve años que era exactamente lo que quería, solo eso. Un niño. La alegría se le subía a la garganta y cantaba, tarareaba las estrofas más complicadas y susurraba las partes que sí se sabía de memoria. Aquellas canciones eran su padrenuestro. Aplaudía y llevaba el compás porque era libre y la música un refugio seguro. Y cuando más arriba estaba, cuando casi rozaba el techo con su felicidad, su mirada lo aplastó contra el piso. Hay cosas que un niño no debe hacer en la plaza, ni que fueras una niña. Ni bailes, ni palmas, ni hostias, ponte quieto de una vez que me estás dejando en vergüenza. Se van a reír de ti. ¿Es que no lo ves? Todo eso decía aquella mirada, que le devolvió al suelo, a la vida. Su sentencia de muerte.
 
'Ella baila sola', de Eslabón Armado y Peso Pluma.

 

miércoles, 19 de abril de 2023

5844 días juntos

Mira que en este tiempo he escrito cosas. Este blog celebra 16 años de vida. Una tarde de abril de 2007 me dio por comenzar a publicar y aquí continúo. Recuerdo aquellos días, tan emocionantes. La vida ha cambiado tanto, aunque algunas cosas siguen, permanecen. La vida tiene sus requiebros y dejar de escribir sería como dejar de ser un poco yo. En esas estoy, construyendo y deconstruyendo todo el rato. Siendo, dejando de ser y volviendo al principio. Si miro atrás ya no me duele lo que leo. Ojalá todo lo que venga sea mejor. 
 
Un abrazo grande y gracias por leer.


jueves, 13 de abril de 2023

La carrera

Corre, corre sin aliento, corre sin descanso. Sin nada que alcanzar. Desde hace meses se siente como en una competición sin premio ni meta. Como si no hubiera nada más adelante. No lo piensa siempre, solo en los tiempos muertos, justo antes de dormir o al despertar. En la hora de la comida y también en la del descanso. Mira a su alrededor y no hay nada. Un enorme hueco en mitad del piche. Su vida ahora es como si fuese una lavadora sin el botón de terminar, siempre centrifugando la ropa sin descanso. La ropa desgastada, el suavizante yéndose por el desagüe y la manguera del agua corroída por la cal. No hay última curva, ni tampoco carril rápido, en su carrera solo hay olvido. No oyó el pistoletazo de salida, tampoco la salida en falso. No ve a los jueces que sacan tarjetas de colores, ni liebre a la que perseguir. Se queda sin aliento, su cabeza no tiene descanso. Desde hace meses, no hay nada.

sábado, 25 de febrero de 2023

Que nada te toque

Cuando las luces se apagan, no queda nada. Así, día tras día. Llegas a la oficina a las ocho y desconectas como si fueras otra persona distinta hasta las cuatro. Ríes, hablas, comentas, escribes, escuchas… A las cuatro y cinco regresa el vacío, la inmensidad de la nada. Los regresos son terroríficos. Un desierto en el que solo hay suciedad y polvo. Y no quieres mirar atrás porque es como si te abrieran en canal, como si te partieran en dos y ese dolor no te deja vivir. Ya no quieres. Es tan inmenso que no hay vida, ni muerte. Se te agolpan los recuerdos, los buenos y también los malos y las lágrimas se desbordan. Sin ton ni son, imparables. Sin que pase nada extraordinario, solo los segundos en el reloj de la cocina. Tic tac, tic tac. Y lloras, y ya solo quieres una cosa: dormir. Acostarte en la cama libre de todo lo que pueda suceder, sin que nada te toque, sin que nada te dañe. Bajo el edredón estás a salvo de lo malo, de la tristeza. Y quieres que los días se sucedan, que el tiempo no se detenga, que avance, aunque ya el calendario no te importe. Protegido bajo las sábanas, ya todo da igual...

martes, 21 de febrero de 2023

Salto de generacional

Todos eran pequeños, jóvenes. Tan ajenos a mí… Con sus dramas, con sus códigos, sin mí. Volví a los juzgados, a ese maldito lugar en el que te escrutan, como si fueras una pieza de ganado a la que hay que dar el visto bueno. Como si hubiera regresado al pasado, pero sin canciones de La Casa Azul. Solo de Bud Bunny. No quiero, nunca quise. Me irritaba tanto el examen, las deliberaciones, el suspenso… Durante un instante miré al suelo, el tenis se me deslizaba, había fango. También orines, algo de tónica, vasos de plástico y muchas plumas de marabú. Quise morirme. Fue solo un instante, una sensación, un escalofrío. Luego miré de frente, a la pared gris, di media vuelta y bailé...
 
Tití me preguntó, de Bad Bunny


 

viernes, 6 de enero de 2023

Un rinoceronte que ronca

Soy el que huye. El que no pudo vivir donde le tocó. Aunque todo lo suyo estuviera allí, no pudo. Le gustaría ser el que lucha, el que se queda, el que, cual leona, muerde defendiendo lo que quiere: Morir o matar. Valiente. Ahora soy el que ya no está, el que se ha perdido. Y el que confía en que todo pase, pero eso no es suficiente porque de a poco se está disipando. Se desdibuja cada vez que anochece, cada minuto que pasa es un poco más difícil hallarlo. Solo, un rinoceronte que ronca. Cuando le gritaban no decía nada, seguía andando. Cuando le insultaban, también. Cuando se reían. Golpes del alma, que son los que más duelen porque nunca sanan. Y no tiene a quién pasarle la factura. Dejaron de hacerlo cuando lograron que dejara de salir. Lo veía todo desde un ventanuco mientras las heridas se le ensanchaban, se me ensanchaban. Las conversaciones con los que se le quedaron ahora se le achican. Le gustaría que no. Busca, rebusca, pero no hay nada común, nada de lo que hablar. Y la amargura no se me quita. Los valientes se quedaron, yo estoy muerto.
 
Mío, de Paulina Rubio.
 
Pd. Una propuesta: Los fuertes (2019), una película de Omar Zúñiga con Santiago González y Antonio Altamirano.

domingo, 1 de enero de 2023

Ya no venden escobas

Las persianas están bajadas. No entra la luz. Es uno de enero, pero hace sol. Como si fuera verano. No se ven nubes a lo lejos, tampoco cerca. Dentro comienza a imponerse la penumbra. En pocos minutos no se verá con claridad y habrá que encender la lámpara del salón. La que no alumbra casi nada porque uno de los bombillos está fundido y nadie lo ha cambiado. Se quedó ahí, acaparando polvo. Solo. Y a nadie le importa. Los días se suceden. Uno tras otro. Hace tiempo que nadie traspasa el portal, los goznes de la puerta chirrían por la inactividad. Los lunares me saben a soledad. Las arrugas de la cara, las de la frente y las que me franquean los ojos también. No es un sabor agradable, duele. He entreabierto la ventana, por si entra algo de aire. También tierra. Si esto fuera una gran ciudad habría hollín. Pero no lo es. Y tanto que no lo es. A veces se me olvida barrer. Creo que ya no venden escobas y por eso ahora todo es peor, más triste. No las fabrican y eso, irremediablemente, es algo que me fija la pena a la piel. Mi vida. Todo lo que veo. Es como si me rodeara una nube de dolor, que me acompaña allí a donde voy. Tiznada de aflicción y desconsuelo.
 
Vamos a olvidar, de Soleá Morente y La Casa Azul
 
 
Pd. Feliz 23.