viernes, 13 de septiembre de 2013

Quizá ya esté todo escrito


Quizá ya esté todo escrito, pensó Maik al despertar. No había pasado buena noche. Había dormido unas horas, cinco, y se levantó con el mal sabor de boca que dejan las pesadillas y el saber que su futuro no pintaba demasiado bien. Se había quedado sin trabajo hace unos meses, ocho ya, y estaba empezando a perder la esperanza de encontrarlo. Cuando le dijeron que no seguiría en Seguros Allart S.A. no se lo esperaba, fue una especie de jarrón agua fría que le empapó hasta el tuétano. Adiós a sus 993 euros al mes, pagas extra incluidas y sus 54 horas de trabajo semanales. Se quedó paralizado unas semanas. No sabía a dónde ir, ni qué hacer. La crisis duraba demasiado. Seis largos años, con sus noches. Esas noches largas y en los que la angustia se quedaba aferrada a su garganta para no dejarle respirar. ¡Cuánto habría dado por un copazo de whisky! Pero no eran buenos tiempos para la lírica... Sin lugar a dudas, no lo eran y ahora se sentía atrapado por la pesadez de los malos pensamientos. El pesimismo se había apoderado de aquella ciudad maltrecha y de sus vecinos. Ya casi nadie reía. Tampoco daban los buenos días. No hacían nada. Por no hacer, ni siquiera protestaban en la calle. Nadie se quejaba. Nos habían quitado la esperanza, masculló apesadumbrado ante la certeza de que sabía que el dinero, sus ahorros, se le estaba acabando. ¿Y después? Prefería no pensarlo. Intentaba respirar calmo, pero era difícil. Estaba cansado de ver en las noticias a gente que lo había perdido todo: sus casas, su familia, todo. Estaba muy cansado. Pero lo que realmente le atemorizaba es que no veía el camino por dónde seguir y nadie le ayudaba. La palabra desempleado era una losa muy grande, casi infinita y al oírla casi todos huían despavoridos, no querían, ilusos, que nada se les pegase. Otros, más comprensivos, daban consejos vanos sobre lo que harían en tu situación, emigrarían a Alemania o montarían algo por su cuenta. Es tan fácil hacer cosas sin tener una soga al cuello..., sabía Maik. Lo había aprendido a fuego. Y en esas estaba intentando que el desánimo no le venciera la batalla, ni la guerra, pero no era una empresa sencilla. Quizá ya esté todo escrito. ¿Y si es así, qué me quedará por contar a mí?
 

2 comentarios:

Mía Martín. dijo...

me gustó :)

Ce Castro dijo...

Muchas gracias, he ojeado tu blog y me parece muy interesante. Un abrazo