viernes, 22 de mayo de 2026

A tres horas y veinte minutos de mí

Este momento es lo único que existe. Tu suéter negro y tu tatuaje en el antebrazo derecho. Cuatro líneas rectas que forman un rectángulo. Confiesas tus pecados, también alguna mentira. No lo cuentas todo. Desde el año pasado, dices, que no estás con nadie. Y te creo porque tu imagen en el televisor es lo único que tengo, que me queda. Hablas de tu padre, del fútbol y del trabajo. Y me quedo envuelto en tu sonrisa, en tus dedos y quiero que todo se me detenga porque nada más existe. Nada más importa… Los focos dan vueltas, la música se eleva hasta donde no la alcanzamos… Vuelvo a tus brazos que me atrapan, que no me dejan respirar y bailamos juntos hasta desfallecer. Nada nos importa ahora porque esto es lo único que tenemos, nos tenemos, nos abrazamos… Y me zambullo en tu suéter de red, y huelo tu camiseta hasta aprendérmela de memoria. No alcanzo a tus vaqueros. Se nos enganchan los cintos y sé que estamos en la antesala del paraíso. Tu pelo, te lo acaricio, se me enreda entre mis dedos y soy tan feliz que parece que floto. Que me elevo sobre todas las cosas, como si fuera una canción de Amanda Miguel. El ahora es lo único que importa porque mañana no existe. Lo tenemos grabado a fuego, se queda al descubierto cuando nos quedamos sin ropa. Todos nos miran, pero ya es demasiado tarde. Solos tú y yo… Yo y tú, entrelazados de canela. Y te lamo el rectángulo del antebrazo, que me sabe a sal, y no me canso porque esto es lo que quiero cada día cuando me levanto. Aunque estés a tres horas y veinte minutos en avión de mí. Lo único que existe...
 
Así no te amará jamás, de Amanda Miguel

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