lunes, 12 de marzo de 2018

No sabía odiar

He vuelto a poner a Rozalén. Sus letras, sus canciones. Suenan por toda la casa intentando combatir la pena, procurando darle la vuelta a la maldad como si fuese un simple calcetín. No se puede entender aquello que es irracional; no hay que darle más vueltas... Cuando alguien hace algo malo, terrible, simplemente lo hace y las razones pasan a un segundo plano. Ya no hay vuelta atrás, ya no volverá. La muerte es quizá lo peor, lo peor para los que se quedan, para quienes tenemos que seguir vivos. Y entre tanta oscuridad, una luz. Qué bonito es que haya gente que solo desprenden claridad, que hasta del dolor más absoluto sepan cómo sacar la cabeza para poder respirar. Y no se trata de perdonar al asesino, solo de seguir adelante, porque el que ya no está no sabía de odiar. Y esa imagen es el envés de aquel revés que está lleno de niños que con sus «asesina» y «pena de muerte» en los móviles iluminan la noche más oscura. No puede ser que el dolor más amargo nos gane, no puede vencer el odio, el desgarro… Y ahí suenan esas estrofas valientes de Rozalén, inundándolo todo. Y la luz, la vida, el mar se imponen. También están los mil peces que nadan llenos de esperanzas y sonrisas…

Las hadas existen, de Rozalén.

Pd. Ánimo y luz.

No hay comentarios: