sábado, 28 de enero de 2012

El curso natural de la vida

Esta mañana hemos comenzado la mudanza. Nuestra nueva casa es un pequeño apartamento en el centro, inmensamente diáfano. Mientras Luc sube sus últimas cajas, yo coloco en la estantería del salón mis libros. Lo hago despacio, con cuidado y procuro recordar cada sensación al dejarlos instalados limpios de polvo y mirando al sol. Son demasiados recuerdos, tantas palabras imposibles de tener siempre presentes y las que quedan por llegar… Oigo como llegas con tus cosas y también tu bici, que no sé muy bien dónde pondremos, y estoy en paz porque esto se levanta, anda y respira. Te vas al cuarto y me dices no sé qué de tu ropa, pero no te escucho bien, sigo absorto en las páginas de los números primos de Giordano, paseo con Austen y bailo un instante la victoria de Skármeta. Después me quedo con Murakami y te da por abrazarme. “Tengo hambre”, me dices y me dejo llevar, porque las cosas que tienen que pasar al final suceden… Me da por leerte unas frases de Tokio blues: Si no quieres acabar en un manicomio, abre tu corazón y abandónate al curso natural de la vida. “¿Vamos a un italiano?”, me urges y satisfecho claudico. “Lleva tú las llaves”, te digo y antes de cerrar la puerta para ir a almorzar miro aquel salón a medio decorar, nuestro salón, y sé que hay comienzos que sólo nos llevan universos mejores.

4 comentarios:

MxI dijo...

Sos un gran amigo a la distancia, Coiffeur nos gana, amigo. Distancia amiga. http://www.youtube.com/watch?v=0bpi9V8R2qk Humedad

Ce Castro dijo...

Tomo nota, muchas gracias. Un abrazo.

Cristina Soler dijo...

Me gusta. Muy bueno. La hilandera
http://hilandonarrativas.blogspot.com

Ce Castro dijo...

Muchas gracias a ti por pasearte por aquí, te visitaré... ;)