viernes, 6 de abril de 2012

Con los ojos cerrados


Se levantó aquella mañana de febrero confiado en que todo continuaría igual. Un poco harto de la vida, pero con hambre. Se fue directo a la nevera y pensó que no podría vivir sin agua, ni tampoco sin el olor de la leche caliente con gofio. Después una ducha rápida, un visto y no visto escapando del maldito espejo. La mañana fue tranquila, sin sobresaltos. Unas veces sonó el teléfono y otras la impresora. Para comer tocó pasta, sin estridencias. Ocupó la tarde en preparar la noche, pero sabiendo que no sería distinta a las demás y que lo que tenía era lo que iba a tener por los siglos de los siglos. Una llamada de última hora hizo que todo fuese igual que siempre. Anduvo por las calles, bebió ron y apenas escuchó la música que retumbaba en todas las esquinas de una ciudad sitiada por el carnaval. Y cuando ya daba todo por finiquitado apareció él, Jan, con sus ojos y sus maneras bruscas. Se miraron y enfadado pensó en que no iba a mover un ápice para acercarse, no quería más derrotas. Pero Jan no caviló igual, lo buscó para quedarse junto a él. Le bailó, le sonrió y una vez bajada la guardia le robó un beso. Los esquemas se le rompieron, también las malas ideas y la mayoría de las tristezas. Se dejó llevar sabiendo que el elegido por fin era Jan y con esta certeza el destino jugó con los ojos cerrados a que todo saliera bien…

3 comentarios:

RENATO VIDAL S. dijo...

tu relato realmente atrapa, parecen líneas de un gran guión que invitan al lector a imaginar cada detalle. Realmente bueno.Saludos

RENATO VIDAL S. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Ce Castro dijo...

Muchas gracias Renato por tus palabras. La imaginación es fundamental para seguir... Un abrazo