Alguien
que me cuide. Después de tanto tiempo en el desierto, quizá eso sea lo único a
lo que realmente ansío. Alguien que me acoja cada vez que el reloj del móvil
marque las seis de la tarde, que me abrigue en su pecho y que no me deje
respirar porque con su aire me es suficiente. Alguien que me cuide, tras tanto penar.
Recuerdo despertar a media noche con los pulmones aprisionándome la vida,
estando pendiente de las pastillas, de la comida, de la ropa limpia… Fui cayendo
feliz en ese pozo del que no pude salir. Poniendo pañales, haciendo guisos y
pasando la mopa… Después llegó la tormenta y naufragué en una casa vacía. Por el
rellano había restos del naufragio. Las vecinas se escondían tras las mirillas
y cuchicheaban a mis espaldas. Ay, mis espaldas tan solas, tan desvencijadas… Alguien
que me cuide ahora, que llene mis paredes de cuadros, que limpie el polvo de
los estantes y que entre para quedarse hasta que nos exploten las siete trompetas
del apocalipsis. Que se quede dentro hasta que nos cansemos de volar a ras de
suelo, olisqueándonos o hasta que se callen los niños que juegan cada sábado en
el italiano de la calle trasera. Que me traiga espaguetis con panceta y nata
porque soy vagabundo y dama no llega. Solo alguien que me cuide…
Porque te vas, de Laura Pausini
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