martes, 10 de abril de 2018

Peter Pan

Enciendes la radio de casualidad y ahí está esa canción, la que te recuerda todo aquello. No siempre, pero te devuelve aquel buen instante, cuando creías que todo iba a ser así y ya nunca cambiaría nada. Pero a medida que avanza la canción también te acecha todo lo que pasó después, el desgarro, la tristeza del pozo sin fondo, el dolor. Y duele, mucho. Y una bonita canción se transforma en tristeza, en un vacío que sigue estando ahí, imperturbable a pesar del paso del tiempo... Debe ser cierto eso de que, a la hora de la verdad, nada cambia.

Peter Pan, de Kelsea Ballerini.

Pd. Si Peter no se quiere ir. La soledad después querrá vivir en mí. La vida tiene sus fases, sus fases… Esto último es del Canto del loco, pero también vale.

domingo, 8 de abril de 2018

Esto era ganar

Y se suponía que esto era ganar. Miro atrás y me recuerdo a punto del precipicio tomando las decisiones más difíciles, las que más me dolieron. Era para que todo fuera bien. Y ha pasado el tiempo y no soy mejor. No hay nada que me haga bueno. Me miro al espejo y comienzo a verme cierto punto decrépito, como si fuera una de esas casas con todas las papeletas para comenzar a desplomarse. Y pienso en que debería comenzar a tomar alguna medida para cambiar esto, pero no tengo ganas, ya no. Se me acabaron las fuerzas de tanto ansiarlas. El día a día ha ido acabando conmigo, lo sé. Y aquí estoy escribiendo, que es lo único que me queda; aquí estoy esperando al final porque, ya casi siempre, solo pienso en que todo está hecho, que no me queda más. Y cuando eso pasa dudo de si habrá merecido la pena, si esto es ganar…

Staring at the sun, de Mika.

viernes, 6 de abril de 2018

El sol de todos los días...


Desde pequeño aprendió la lección. Siempre supo lo que tenía que hacer. Se imaginó lo que querían de él y simplemente cumplió con el guión dictado. Era fácil, independientemente de lo que bullera en su estómago. Algunas noches le costaba conciliar el sueño, entre lágrimas abrazaba su almohada huyendo de todo y de todos. Le costaba, pero el cansancio le vencía. Se veía en otros mundos donde todo el mundo sonreía, donde le aplaudían, donde le reconocían. Pero su sol, el de todos los días, era distinto, allí no había desayunos amables, ni aulas cálidas. Tampoco caricias. Solo agonía. Aprendió a callar, a resignarse, siempre buscando una voz amiga. Y sin embargo seguía soñando. Eso era lo peor, saber que todo podría ser diferente, mejor. Era eso lo único que lo mataba por dentro, le carcomía las entrañas, lo despedazaba sin contemplaciones... Y así era muy difícil vivir. Demasiado. Siempre metido en una jaula, atrapado sin salir, pero viendo lo que había más allá, lo que vivían los otros, los buenos, los felices. Qué fácil hubiera sido todo si en su libro hubieran escrito otras cosas, si le hubieran dictado otros párrafos de vida… Pero ya era demasiado tarde...




El amor, de Massiel.

Pd. Hay canciones que da igual lo que digan, que da igual que no las entiendan del todo porque te pillan desde dentro y no te dejan respirar...

martes, 3 de abril de 2018

Volcán

Y allí estaba ella guardando silencio, pero a punto de convulsionar por dentro. Las venas del cuello le palpitaban a toda velocidad y la nariz se le expandía a cada respiración. Era de las que aguantaba y aguantaba hasta que explotaba. Y cuando eso pasaba todo se iba al infierno… Había ido a clases para contener la ira, pero a su edad, ya nada le funcionaba. Iba de enfado en enfado y por las noches lo único que quería es que desaparecieran todos. Estaba harta de sus tonterías. Solo quería irse lejos y se veía rodeada de mil gatos. Sí, si no cambiaba pronto se convertiría en una nueva loca de gatos…

Me pesan las alas, de Maldita Nerea.

domingo, 1 de abril de 2018

Les roseaux sauvages (II)


El domingo pasado recordé una película, Les roseaux sauvages (1994). El otro día me quedé solo con algunos momentos, los referidos a la adolescencia, sobre la llegada de la juventud… No sé, pero hoy quería ahondar un poco más en todo aquello. La vi solo en mi casa. Debió ser un jueves, sí un jueves. Me recuerdo viendo y aprendiendo, reflexionando, poco a poco. Es de esas películas que hay que ver varias veces. ¿Qué hacía yo viendo aquello? Juega a mostrarnos ese miedo del paso de la adolescencia a la juventud, con momentos tristes. Ellos dicen de sí mismos ser patéticos. Pero los tres están llenos de madurez y lucidez… La vi solo, pero supe que algunas cosas han pasado siempre, que esa inquietud, a veces, miedo no son exclusivas de una persona concreta, que están ahí… y hay que intentar seguir en pie. Opté por verla, no sé si con acierto o no, por la soledad, por el interior…

Barbara Ann, de Beach Boys.