martes, 21 de junio de 2016

Pobreza extrema



La calle es muy dura. Quizá demasiado. Esta mañana, mientras andaba rápido por aquello de las prisas de la vida, me tropecé con varios bancos ocupados, llenos de bolsas de basura y cartones de vino. Ahí estaban, en silencio. En ellos, gente esperando a que las horas pasen. Sin nada que hacer, solo aguardar a que abrieran el comedor social. Las noches son del albergue. Van cargados de bolsas, escondiéndose del sol y rezando para que no llueva en este extraño invierno que nos embauca a todos. Sus caras, llenas de surcos y tristeza, reflejan que las cosas no son sencillas para los que nada tienen. Algunos dicen que la crisis se está yendo, otros aseguran que los pobres siguen estando ahí, ayer, hoy y siempre. Pero casi nadie hace nada.

Casi me rindo, de Marilia.

Pdt. Hoy sin foto, aunque la pobreza extrema sí tiene rostro.

2 comentarios:

polaroids dijo...

Me gustó, más que nada con ese cierre con casi me rindo. Un big band que te cubra por las calles frente a tanta desolación ante la repetición no aprendida.

Ce Castro dijo...

Poco a poco voy recuperando mi tono, supongo. Nunca deberíamos rendirnos, aunque perdamos... Un abrazo.