martes, 16 de febrero de 2010

Tres torres

Ando bajo la lluvia, pero no me mojo. Camino intentando encontrar un taxi y saludo al del kiosco que acaba de abrir y está esperando al del pan para comenzar a hacer bocadillos de mortadela. También hace viento. Las hojas secas se me cuelan por la rendija de la chaqueta y alzo la mano para detener a una guagua que pasa, pero no se para. Llego a una calle y no veo a nadie, ni taxis, ni ningún carrito de helados y, por fin a solas, me derrumbo. Rebobino; todo se me mezcla en la cabeza y pido en alto perdón. ‘No soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme’. Me quedo sin resuello y consigo llorar. Creo que son las ocho de la mañana y me he quedado solo. Me siento como en un tablero de ajedrez. Uno muy grande y en el que sólo me quedan tres torre. Una me mira. Y sus ojos me dan miedo, porque sé que es el lugar del que vengo y del que no logro zafarme. Da igual a donde vaya, siempre está ahí. Me escondo tras la segunda torre, pero tampoco soy feliz. Huye lejos, como siempre hago yo cada vez que duermo. Y con la última, las cosas no van mejor. Con ella es todo tan complicado… Siento que nunca seré suficiente y por eso marcho lejos. Me voy cuando la cosa se pone fea, o incluso antes. Antes de que me devaste por completo, que sé que lo hará. Y sí, la última batalla me dejó yermo. No sé hasta cuando podré aguantar y por eso sigo rezando mientras de la esquina salta un taxi, como si fuera un ratón de biblioteca, y lo detengo enérgico. ¿Cómo está?, me dice el taxista a lo que le respondo taciturno: Bien, bueno, mojado; y trago saliva, la poca que me queda. Paso de mirar por las ventanas. Sólo quiero llegar a casa y cuando lo consigo sigo en este estado de desazón que me obliga una y otra vez a seguir rezando padrenuestros para que esta partida finalice cuanto antes…

http://www.youtube.com/watch?v=18wsocHwLjI&feature=related

Pdt. Hoy otra triste -o por lo menos a mí me lo parece-, 'El momento más feliz' de La Casa Azul.

No hay comentarios: