domingo, 9 de febrero de 2014

Un segundo para ella



María Soledad se dedicaba desde pequeña a hacer feliz a los infelices, a los que no tenían calma ni sosiego. Siempre tuvo la certeza de que estaba en el mundo gracias a su alma contemplativa, que lograba apaciguar el desánimo de las almas con las que se encontraba y vivían sin esperanza. Ponía todo su empeño en contentar a los que la rodeaban y también a los que sin ánimo para continuar vivos le pedían una mano para bien morir. Para todos tenía palabras de aliento, lástima que el día que se le pasó por la cabeza volarse la cabeza de un tiro ninguno de sus salvados tuviese un segundo para ella...

5 comentarios:

polaroids dijo...

Un relato humeante

kroll dijo...

bastante bueno lo tuyo...

Patricia dijo...

La imagen (acuerla?) me encanta, y se huele desde aquí la pólvora de la soledad, que la reciprocidad está... "sobrevalorada" :(
Un abrazo

Mariquilla M L dijo...

Bastante duro el relato. Pero refleja la cruda realidad. No obstante, creo que lo esencial es no esperar nada a cambio. La felicidad empieza y ababa en ti. Es una decisión.

Me ha gustado!

Ce Castro dijo...

Muchas gracias a todos por vuestros 'destellos', indispensables para poder continuar. Muchas gracias por el humo y también por esa particular forma de decir "bastante bueno lo tuyo". También muchas gracias por hacer vuestra la soledad que sobrevuela y por decidir que la felicidad empieza en nosotros. Con ustedes continúo... ;)