domingo, 30 de marzo de 2008

Plástico, tu entrepierna y un casco blanco


Lo más granado del planeta se reunió el otro día en el baile de la rosa de Mónaco. Un año más. Lo que pasa es que esta edición, al parecer, estuvo dedicada a la movida madrileña de los ochenta. Por allí se paseó Almodóvar, Bibiana Fernández and company. Y era como el mundo al revés. Lo cutre y el plástico ascienden a los cielos. Cuando antes eran denostados por todos. Y no sé. Debe ser que algo no va bien en este planeta de absurdos.
En el mío todo es distinto. Sé que el plástico no me gusta. Que las cosas materiales tampoco. No me interesan. Soy etéreo. O eso me gusta pensar que soy. Por esto algunas veces cuando estoy en medio de todos, cual Marylin, me siento lejos de lo real. Solo. Con un casco que no me permite estar cerca del mundanal ruido. Ese que no me importa nada.
Me aburren las cenas caras, los coches, los grandes musicales, los móviles, los mp6, los polos de Lacoste y los vuelos a Londres o a Roma. Prefiero entretenerme con las palabras pequeñas, con los largos silencios y con tus miradas.
Antes, mientras todos hablaban de coches de importación y de lo más cool de Chueca, me quedé clavado en tu entrepierna. Tenías los ojos cerrados y no decías nada. Tumbado al sol. Dudé de para qué querías que estuviese allí, pero miré al mar. Hacía viento. Después te di la espalda sabiendo que respirabas cerca de mi cuello. No quiero irme de tu lado, pensé. Me puse mi casco blanco y seguí clavado en tu entrepierna.

http://es.youtube.com/watch?v=FfZUxPF7AMI

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