sábado, 22 de marzo de 2008

¿Quién de llorar se secó?

Tenía pensado contarte dos historias de tranvía. De esas que me pasan cuando me subo y me pongo a observar ese mundo que está fuera de mí. Ese del que a veces huyo, pero que irremediablemente me atrapa.
Te iba a contar que hoy conocí a Lucía y Marta, que se peleaban por Pablo. Él no debía de tener más de seis años, igual que ellas, y compartía asiento con Marta, pero era Lucía la que quería estar junto a él. Y Pablo quería estar sólo junto a Marta, pero no por Marta sino para no estar con Lucía. “Ya no soy tu amigo”, le dijo y Lucía empezó a llorar y se fue junto a su madre. Y pensé que esa era, tal vez, la primera vez que Lucía lloraba por un chico y deseé que fuera la última, aunque sé que eso será inevitable.
También te quería decir que cuando me bajé de en mi parada al mismo tiempo se apearon dos señores de unos cincuenta, que no pudieron reprimirse y se dieron un beso en los labios. Y soñé con que quizá eso me pase a mí. Con que dentro de veinte años alguien con quien haya compartido cosas importantes me bese porque me quiere a mí y a nadie más.
Te iba a decir todas esas cosas, pero... al final en mi estómago sólo hay dolor. Y no sé si debo... No sé porque sigo perdido. Como vaca sin cencerro o margarita sin pétalos. Hay dolor y pena, pero eso ya te lo he dicho muchas veces. Tal vez demasiadas.
Y vuelvo a llorar. Y lo hago porque no sé a dónde va este camino por el que transito. Y tengo miedo. Y me enfado. Pero sobre todo lloro. Una vez más.

Pdt. ¿La felicidad es algo efímero? No lo sé. La mía es frágil. La letra de la canción es triste, aunque eso no sea una novedad en este universo. Algunas frases
en ella que son auténticas dagas que se clavan en mi corazón.

http://es.youtube.com/watch?v=P_84k3w9TdU